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jueves, 20 de enero de 2011

La difunta filosofía académica




LA DIFUNTA FILOSOFÍA ACADÉMICA

 




El presente trabajo aborda una preocupación muy singular puesto que aborda el tema de la filosofía y más particular aún el de la carrera de filosofía en las Universidades Publicas; así como también las distinciones entre el filósofo, el docente de filosofía y la filosofía institucional y la privada o la que se da fuera de las Universidades. Habría que hacer la  diferenciación entre lo que es ciertamente filosofía como creación de ella, como investigación filosófica y lo que es pedagogía de la filosofía, historia de la filosofía o bien retransmisión del saber filosófico, o bien doxografía. La filosofía dentro de las instituciones de educación superior está más que muerta, más no su retransmisión, dentro de las instituciones sí se hace en algunos casos investigación filosófica pero no llega a lo relevante o sea a un cambio de paradigma filosófico puesto que su misma burocracia frena cualquier ápice de novedad, además de que dentro de ese ambiente contextual académico, el del gremio de enseñantes profesionales, lo que se busca es una mayor remuneración, hacer puntos, subir de grado dentro de las jerarquías de grupo, además de que no hay una comunidad real académica pues las rencillas, el ninguneo y envidias hacen fruto hacia la dispersión.

Ahora bien, que se puede decir del nivel académico de un egresado de la carrera de filosofía. No veo otra cosa que tristeza. No manejan las obras más elementales, no saben de griego o alemán y difícilmente pueden sostener una plática durante unos minutos sobre algún tema ya no digamos defender una postura filosófica. Y esto no es sólo debido a la carrera sino que entran a ella  casi, casi a aprender a leer y a escribir realmente, y en algunos casos ya es demasiado tarde, pero para no desviarnos del tema regresaré al tratado que nos ocupa que es en lo que toca a la filosofía. Una de las grandes invenciones de la academia ha sido el establecimiento de la “libertad de cátedra”, al tiempo que vivimos se ha desvirtuado tanto que cualquiera con tan sólo leer unos manuales se piensa que ya puede dar cátedras de cualquier cosa y hay atrevidos y más que atrevidos son cínicos que son “todologos”  de todas las cátedras y todos los saberes y son sin más sólo chambistas que buscan completar las horas y con el pretexto de la “libertad de cátedra” someten en su discurso las distintas ocurrencias didácticas, las más osadas improvisaciones, la invención y el ingenio para entretener al auditorio hundido en la ignorancia pero eso sí con hambre de saber. Ha habido en las distintas universidades más renombradas, hombres de saber dentro de su área, verdaderos catedráticos que han pasado gran parte de su vida estudiando e investigando en ese ápice del saber humano; cuando les toca hablar sobre el tema, utilizan esa libertad de cátedra para exponer, como eméritos, como artistas de la palabra, como doctos de ese su discurso y verdaderamente su exposición llega a ser tan enriquecedor que muchas conferencias son imborrables, nutrientes para el espíritu. Como ejemplos podemos traer a colación las clases  que daba Heidegger o Adorno o Levinás, todos ellos exponentes de sus ideas y con una  singularidad  para ver la filosofía, para presentarla.

Los cambios de programas realizados años atrás debido a una exigencia de la ANUIES sirvieron de muy poco pues se hicieron los cambios haciendo borrón y cuenta nueva, no se analizó la viabilidad de los anteriores programas, no se rescataron sus logros; sólo hubo imposiciones dictatoriales. La continua reestructuración de los planes de estudio en la Universidad es sólo un nutriente y atmósfera para la mercantilización de la Universidad. La Universidad  y sobre todo el área de Humanidades ha pasado a ser algo así como un sitio para acostumbrarse a la perdida de tiempo y el ocio en comunidad o como centros de reposo para hippies con clase. Muchos han de ver a la filosofía como un conocimiento parasitario, una carga para las distintas carreras que sí producen ganancias. La filosofía carece de apoyos de inversión, porque se considera como un conocimiento superfluo, pero considero que en el futuro, cuando la taza de desempleo crezca de modo alarmante, seguramente los tecnócratas pondrán las miradas en estos saberes de ciudadanos educados; Pero más al momento, haría falta  un informe sobre la carrera de filosofía en las Universidades Publicas, tanto logros, como problemáticas  suscitadas durante todo el periodo desde su formación, así como viabilidades, datos porcentuales sobre egresados, sondeo para conocer que hacen y seguimiento de las políticas institucionales, de la academia y estudiantiles; también podría contener este informe un atisbo sobre las tendencias en las distintas Universidades.

La postura que sostengo pretende exponer sólo una conciencia libre sin tratar de llegar a algún consenso, algún diálogo o interés, no me dirijo a la autoridad sino al mismo discurso, no pretendo cambiar nada, sino sólo nombrar las cosas, hacerlas presentes, poner en evidencia, aún después de este modesto ensayo se puede continuar con la actividad filosófica habitual hasta el infinito.

Se tiene la idea de que no hay manera de hacerse cargo de los problemas filosóficos desde otro lugar distinto como si ese único lugar tuviese dentro de sí las múltiples perspectivas; es por ello que desde este supuesto podamos intuir que las pretensiones de validez valen tanto fuera como dentro de las instituciones. Pongo de manifiesto que no es lo mismo filósofo que profesor de filosofía pues el primero no tiene como condición estar dentro del entramado estatal burocrático universitario o pedagógico, pero sí se puede llegar a ser profesor de filosofía sin llegar nunca a ser filósofo ni tener siquiera un solo juicio realmente crítico. Uno de los lugares donde la filosofía daría fruto y ha dado en otros tiempos es lejos de las instituciones académicas, es decir en instituciones privadas, en centros de investigación que estén lejos de cualquier sujeción de autoridad que impida la critica, la invención, e iniciativa para vislumbrar horizontes distintos de pensamiento, donde se podría aumentar esa producción de tendencias con la multidiciplinariedad de los proyectos o bien en la soledad como con Descartes o Nietzsche. Lo que queremos dar a entender es que la filosofía no debe quedar únicamente circunscrita a la academia universitaria sino que brota cuando los ciudadanos ilustrados tienen el suficiente ocio y talento para desarrollarla. Pretender que el profesor de filosofía sea el albacea de la filosofía es querer darle una importancia excesiva a un funcionario que en la mayoría de los casos deja intelectualmente mucho que desear y de lo único de lo que se ocupa es de su salario y de su carrera meritocrática escondiendo su incapacidad filosófica bajo montañas de embrollos metafísicos.


El tren anclado



EL TREN ANCLADO





La industria textil desde antiguo fungió en el Estado de Tlaxcala como una de las mejores opciones en cuestión económica, las haciendas desde antes de la revolución formaban un sistema que implicaba una organización social muy bien estructurada, eran entidades autosuficientes, feudos que todo lo contenían, y en su apogeo llegaron a ser la envidia del burgués europeo; En muchas de las veces la hacienda se abocaba a una producción, se especializaba en una manufactura, o  dominaba en la obtención de alguna materia prima. Fue así como lograron formar el excedente. Había aquellas que se dedicaban a la comercialización del pulque, al mercadeo del maíz, a la venta de ganado y pastura, así como a la elaboración textil; esta última fue la que fructificó de sobre manera en el Estado de Tlaxcala.

Las haciendas que sobresalieron en la industria textil son las de San Manuel, la Trinidad entre otras, ellas aprovechaban el terreno donde se ubicaban: cerca de una corriente de agua ¾para generar electricidad¾ y cerca de las vías del ferrocarril para la transportación tanto de materias primas como de la producción elaborada; después vino la construcción de fabricas de terminado cuyo adelanto era que ya no necesitaban estar forzosamente cerca de las fuentes de agua para hacer su producción puesto que se les subministraba electricidad en el lugar más conveniente y estas prefirieron  estar cerca de la mano de obra y del transporte más rápido, el auto transporte substituyó al ferrocarril para llevar y traer los productos. A donde se comerciaba generalmente era a la capital de la República Mexicana y en menor porcentaje a otros estados del interior. Entre estas Industrias se encuentran la fábrica la Luz,  la fábrica Covadonga, la fábrica Zahuapan entre una docena más de ellas; en esta ocasión quiero hablar de esta última, por ser una de las fábricas que marcó el ritmo de la ciudad capital.

Antes, mucho antes del crecimiento de ciudad capital, cuando sólo había pocas calles pavimentadas, cuando todavía circulaban carretas y burros y los días amanecían en los años sesentas, aquellos tiempos  de añoranza  cuando los empedrados y calles de tierra eran la generalidad y la realidad no tenía empacho en pintarse autóctona, la tosquedad ingenua se   percibía al paso por las calles, en el aroma de las cantinas, de las pulquerías, en las boticas y droguerías, en los comercios distintos de telas, de ferretería y mesones, de hoteles y cines; Había  aún en ese ambiente el sentido de enconchamiento, de cerrazón, de supersticiones, de entidad mezquina que se cuida de lo ajeno, que vive para reconfortar su adentro, su interioridad. La parquedad del ciudadano ladino era más esmerada, los hombres de sombrero y guarache y las mujeres de rebozo se veían por doquier; su provincianismo  era auténtico y sin acomodo. Los castos  atributos de ciudad colonial fueron mermando y eso empezó  a partir de sus ciudadanos, después quedó sólo en recuerdo su arquitectura. La fábrica Zahuapan era el límite de la población y la entrada a la  localidad era por “El Puente Rojo”, ese era el antiguo camino real, eran las casas sólo motas entre los campos de labranza, una aquí y otra hasta allá, tanto por el lado de la colonia “la loma” como por la colonia López Mateos; Eran los tiempos en que la ciudad comenzaba a extenderse y ampliaba su radio de acción que estaba limitado al hoyanco en que fue fundada; el río Zahuapan era una pesadilla en tiempos de lluvia y las enfermedades se señoreaban entre la población más raquítica, la salubridad era muy pobre y los perros rabiosos se presentaban cada verano al igual que las sequías y las tempestades.

La fábrica Zahuapan desde la década de los cuarenta ya marcaba el tiempo en la ciudad con su pitido de ferrocarril anclado, era la industria que marcaba ritmo, el clarín del obrero, llega a nosotros la nostalgia del compás centrífugo de la fábrica Zahuapan; la arquitectura de ésta asomaba el sentido utilitario aunque la curvatura del frente, los jardines y el alto techo nos descubrían algunos gustos por la amplitud y algunos deleites burgueses, aunque la fábrica en sí seguía teniendo las mismas dimensiones. El paso del campesinado al obrerismo se fue dando como un continuo engranaje de la historia, los tiempos de la siembra y la cosecha se fueron intercalando con los tiempos de la producción, con los ciclos del rol de turnos y la espera de la quincena, así mismo, la industria se fue adecuando a las tradiciones, los sindicatos y la religión. Fue el tiempo, el paso de los años la que fue dejando la huella interna de esta fábrica en los ciudadanos, cada residente fue barajando acontecimientos, empeños, relatos, recuerdos, algún vestigio de esta nave; para algunos fue su segunda casa durante muchos años, para otros era el símbolo del industrialismo, el tótem del desarrollo. Para algunos más como yo fue el inamovible elemento de esta ciudad, el engranaje que le daba vida pues fue el elemento que nunca faltó en la infancia, jugamos en su derredor casi como el cuento del ogro y los niños, paseamos por “la cueva del diablo”, nos maravillamos de su maquinaria y su chisguete de vapor, fuimos viendo como crecíamos al unísono sus árboles y sus palmas de abanico. Pero ahora ya se ha ido, la embarcación se hace ahora inalcanzable, el extrañamiento del pitido se dará entre la gente madura y los más viejos. Se avizora un tren distinto en turno, espero que éste que llega no sea un resplandor fugaz, pues el que se fue, dejó una onda huella en la época de Tlaxcala del siglo pasado.




El tope



EL TOPE





Desde que los conozco, he tenido un gusto por los topes, que hermosos se ven allí en las calles, en las carreteras de los pueblos, en las avenidas; son algo de lo que los mexicanos deberíamos de sentirnos orgullosos. La idea de realizar un tratado breve sobre los topes me ha surgido de tiempo atrás, en las ocasiones en que me trasladaba a algún sitio o las veces en que los veía con su porte hermoso, regio, casi divino. En no pocas ocasiones he escuchado salvajadas ofensivas para con los topes, pero yo como un insuperable abogado, los defiendo.

La raíz etimológica de la palabra “tope” seguramente es muy antigua y podría familiarizarse con el concepto de “tópicos” Los “tópicos” para Aristóteles eran los objetos propios de los  razonamientos dialécticos y retóricos, cosa que no tiene que ver mucho con nuestro objeto de estudio pero que más o menos nos vamos acercando por aquello de la retórica, siguiendo la historia del concepto llegamos a los retóricos latinos con Cicerón a la cabeza cuya idea de tópicos era la de “argumentos que no aumentan el saber pero que son instrumentos de persuasión” y aquí hacemos un alto total para subrayar el parentesco de ambas palabras debido a la oración “instrumentos de persuasión” para que vea el lector que no andamos tan perdidos buscando en libros viejos y metafísicos. La noción continuó su caminata etrusca hasta llegar a la lógica medieval con Boecio y luego fue Vico quien le daría el carácter a la palabra tópico de “arte propio del ingenio que es la facultad de la invención”; y así media docena de filósofos de alto rango hasta llegar con el filósofo autor de la crítica de la Razón Pura. Con Kant la palabra Tópico se corona triunfante pues Kant habla de una “tópica trascendental” en este sentido la tópica Kantiana coincide de manera sorpresiva con nuestro objeto estudiado por lo que a continuación expongo.


El tope que actualmente conocemos y que el diccionario nos describe como: Pieza  que sirve para detener o limitar el movimiento de otra, punto donde estriba la dificultad de una cosa. Fue descubierto desde tiempos inmemoriales y creo que es posible pensar que haya sido concebido mucho antes que la invención de la rueda y por supuesto de los caminos; pero  imaginándonos veamos como este pedazo de arte pudo ser creado tan excelsamente por los humanos. Dios creo a los topes y los humanos le pusieron erráticamente por nombre: montañas, allí tenemos la cordillera del Himalaya en Asia, la sierra Nevada en Norte América y la cordillera de los Andes; los Alpes Suizos y los Pirineos por nombrar algunos cuya función es limitar el movimiento de los vientos puesto que a barlovento las tierras son más beneficiadas por las lluvias mientras que a sotavento existen extensiones de tierra árida y desiertos, además que estos topes no se limitan a detener la humedad sino que también sirven de tope para evitar la mezcla de culturas, el intercambio de genes entre las distintas razas entre otros socorros. Ahora bien, los hombres, como siempre ha sucedido, han imitado las cosas de los dioses y allí tenemos como ejemplo la Muralla China, el Muro de Berlín, la línea Maginot y para no irse tan lejos la muralla que construyeron los Tlaxcaltecas para protegerse de sus enemigos. Como veremos, las cosas a como pasan  los siglos se van empequeñeciendo, pero no su importancia.

Con el paso del tiempo el tope se fue amoldando a nuestra época y al día de hoy participa en nuestra cotidianidad como “instrumento de persuasión” y como “arte propio del ingenio que es la facultad de la invención” sin olvidar la trascendentalidad kantiana que podría tener. El tope como pieza que sirve para limitar el movimiento de algo, es altamente estética si sabemos apreciar la filosofía oriental, ya que todo aquello que no cambia, que permanece, y medita su camino llega a la conformación del uno, de la unidad, también se ha de saber que el espíritu que frena, que limita su movimiento a lo más básico se encuentra con el Ser. Por otro lado, si consideramos al tope como obstáculo, no olvidemos que muchos atletas han encontrado la gloria y han recibido medalla de oro en las olimpiadas sólo por saltar obstáculos. Podemos continuar diciendo que el tope es una pieza estética puesto que podríamos hacer un símil de él con las curvas de Afrodita y no torpemente con el jorobado de Notre-Dame. Se puede decir que el tope es símbolo de templanza, virtud que estamos empeñados a olvidar y que los griegos tuvieron a muy buen celo; el tope es sinónimo de rectitud, de fortaleza, de incorruptible y del cual todo mundo le hace reverencia al pasar sobre de él y sin percatarse. El tope es una entidad metafísica como ya lo expusimos líneas arriba y llego a afirmar que es punta de lanza de nuestra Postmodernidad, además será en el futuro un elemento antropológico que los futuros arqueólogos darán connotaciones mágicas y míticas. Cavilando, es posible que estemos en el preámbulo de un mito: el mito del tope, como lo ha sido el mito de Narciso, el del Minotauro, el de Edipo; he de afirmar de algún modo que el tope es el nuevo tótem moderno, elemento potenciador de nuestros horizontes. Por otro lado quiero echar por tierra todo prejuicio que se ha dado en torno a él, el tabú en el que se le  ha contextualizado, pues como todos sabemos a las cosas de mucha razón, primero son negadas y después son afirmadas como verdades inobjetables.



La Arroba


LA ARROBA





Esta es una oda a la arroba, himno romántico y plañidero a la arroba. Sin la arroba no somos nadie, dependemos de la arroba para ser, para no sentirnos tan solos; El ratón se ha aclimatado  al sobo  continuado, al clic sobre la arroba, al gobierno del signo acaracolado; pronto mis caricias al carácter dejarán de ser escrupulosas. A mi computadora la remojé un poco en el agua para que corriera  más rápido los programas, sobre todo aquellos que llevan por misión mandar un mail (con el uso de la arroba) La arroba nos ha evangelizado, gracias a ella hemos dejado de ser incivilizados, pobres de aquellos que no conozcan la arroba porque serán unos orangutanes, aborígenes miembros de eras anacrónicas, o sea aquellos que usan los timbres aéreos en vez de la arroba. Ahora formo parte de esa comunidad cuya religiosidad se dirige a la arroba porque ella nos ha salvado, nuestro verbo ha renacido, hemos fortalecido los lazos y nuestra incertidumbre ha desaparecido, porque la arroba según su constitución nos conducirá no hacia un laberinto sino hacia la eternidad tal cual el significado de las caracolas.  Esa figura tiene una constitución ósea propia de la era del Internet, del entramado dentro del entramado y así hasta el infinito, ella es el emblema más apropiado de Dios porque tiene la “a” primigenia del abecedario aquella que nos convierte en seres verbales. Contraseña señera para que nos entienda la máquina, sello direccional dador de vida, de existencia, de personalidad porque todo nombre lleva una arroba, toda dirección lleva una arroba, ella es todo complemento, es una entidad incluyente. Emblema custodiado por una “c” de casa, en el cual todo aquel que quiera puede guarecerse en su interioridad. La arroba se convierte en nuestro pasaporte que abre caminos y tumba fronteras, es también el transporte que conduce nuestras palabras, ideas y leperadas sin distingo de oraciones. Inexorable garabato que todos rubricamos como inequívoca infusión de chamán de Catemaco. Nuestra fruslería queda objetada y nuestra importancia templa su sonoridad en los medios de comunicación; ahora somos libres, viva la democracia porque todos nos entendemos de maravilla, somos felices en esta nueva moral de la arroba que nos constituye; ella como liberadora del pensamiento nos hace compartir nuestros sueños con los sueños de los poderosos, de los pudientes, porque gracias a ella nuestra voz no será ahogada, nuestra palabra sonará igual de fuerte y enjundiosa como el que más. Estaremos  juntando el conocimiento en recipientes  cada vez más pequeños como la corcholata de un refresco y mi obra literaria podrá ser almacenada en recipientes casi intangibles, pero la arroba ¡Oh! La arroba  será la llave de la misericordia, la unidad enciclopédica que lo contiene todo y alimenta hasta la misma genética que poseemos. Ella es nuestra cobija, el mito que andábamos buscando, la entidad deificable  e inmaculada  que todos alabamos.


La Combi



LA COMBI





Ando en las combis con una elegancia recalcitrante, humosa; Como el calor que hace dentro de ella, mi refinamiento efectúa un aturdido exabrupto en los viejos tenis con los que camino por la ciudad. Los cómpas de viaje no tienen cara, sino que son como narices que me miran y me perciben, observan las cosas que circulan a su rededor pero como si eso sólo los adormilara, como si pasáramos por un ordeñadero de conciencias; su cosmovisión no llega más allá que: las personas de enfrente, el tubo para sostenerse, el olor nauseabundo, combiezco; el sonido  sonoro y aullante de la música cumbiambera, los rechinidos de la puerta y la mecánica gastada, los amortiguadores desovando meneos como si a todos en la combi nos diera hipo; también se integra a esa cosmovisión, el frenado tan precioso que realiza el chofer con gran fervorín  y sin ambages. La combi, con un ligero asomo de rusticidad en los interiores, su onerosidad se asoma al minimalísmo, de una comprensión austera, que va de panzazo, o sea de una vanidad ridícula o en  ayuno.

         Y la combi va de calle en infinitos tropiezos levantando a la tropa, a esos, a los sudorosos compañeros, a los hermanos de viaje, los que tienen el mismo destino lacrimógeno de viajar en colectivo, a la feligresía que soporta mis hedores lastimosos, a todos ellos que se abren paso a codazos  o a miradas fulminantes. Y los pasajeros aztecas  se joroban en la salida, se joroban en la entrada y se joroban en el pago, pues tanta impertinencia se ha vuelto ley de embudo, donde el que no pide en gracia hasta lo ven mezquino. Aquí circulando voy  en este carromato por las avenidas como circular por biografías: Miguel Hidalgo, Juárez,  Venustiano Carranza, Porfirio Díaz y los semáforos no son otra cosa que permitir o no permitir pasar la hoja de un héroe nacional al siguiente donde el ídolo no tiene nada que ver con la banqueta trasnochada, ni con anchuras cívicas.

         Siendo hermosas desde su perfil cuadrado, carente de aerodinámica, y con su parabrisas trompudo, como con ojos cohibidos u ojalados, pero por algún lado ha de poder ver el as del macadán; pero dejen apreciar esa poderosa máquina de “vocho” el sonido tan característico de un motor de combi colectiva, casi de patente, es el afrodisíaco que invita a dar el paseo, a la farra hacia cualquier destino. En ella  puede caber dos pares de novios y un soltero de tenis viejos, caben dos macuarros y una secretaria de salario mínimo, además señora gorda con canasta cargando a un viejo beodo pero bien contento; adelante, como pieza, como parte integral del mueble va el autóctono hombre moreno que tiene cara de calle y maneja un volante y en el asiento contiguo la encantadora mujer de cuerpo querendón que va por la vida haciendo sufrir a hombres como yo. Todo eso ocurre en sitios tan públicos pero tan cerrados, en ningún otro lugar podría encontrar el escritor o novelista personajes de lo más singulares, situaciones de lo más inverosímiles, o narraciones de lo más ingeniosas; basta con subir a un transporte de estos y enriquecer la experiencia. Yo no me jubilo de tales naves más bien voy jubiloso hasta mi muerte, la cual podría ser en accidente de una de estas. 

El Tlahuicole



EL  TLAHUICOLE





En más de una ocasión pasamos por allí, tal vez a diario, vemos como cae en sus pies el agua de la fuente, es una especie de rotonda, o bien la entrada sureña a la ciudad de Tlaxcala. Sin más simplemente la vemos, es la escultura de Tlahuicole, es imponente cuando se le ve por primera vez, y es algo que identifica a Tlaxcala, le da un sello, se yergue como un emblema de historia, le da un carácter de raíces añejas, es como tener un mito seguro, el héroe  con el que nos sentimos identificados, o el guerrero glorificado en nuestra Tlaxcala actual.

La imagen belicosa de los tlaxcaltecas de antiguo permanece quieta, fijada en la mente, transportada desde la historia; es el mito del pueblo indomable, aguerrido, leal. Su bravura ha sido empleada para formar la idiosincrasia que se le reconoce. Su atrevimiento y arrojo ante invasores distintos nunca dio lugar a las dudas ni a las sospechas. Hay distintas apologías de Tlahuicole, entre quienes las realizan están: Diego Muñoz Camargo, Fray Diego Duran, Fray Juan de Torquemada, Javier Clavijero, Mariano Veitya, Don Hernando Alvarado Tezozómoc. De todas ellas se obtiene un semblante claro: su nombre significaba “el de la divisa de barro” era como la efigie escultural que conocemos: musculoso, fuerte, de espalda ancha, de estatura regular y de origen distinguido; había estudiado en el texpolcalli que existió en Tizatlán, siempre sobresaliente desde allí a las batallas y victorias hasta lograr ser el jefe de los ejércitos tlaxcaltecas ó Tlacatécatl; luchó en 1503 en la famosa batalla de Atlixco contra  huexotzincas, cholultecas y mexicas y así continuo hasta 1515 cuando fue aprendido por los mexicas y llevado ante el emperador Moctecuhzoma II; de sus odiseas en campañas de guerra, sobresalía no sólo por ser un bien estratagema sino por su bravura, y  su fortaleza superior a la de sus mejores enemigos, según se afirma, utilizaba para luchar una macana  con puntas incrustadas de obsidiana filosa y el tamaño de esta macana era del doble del tamaño regular, cosa que hacía espantar “al más gallina”  y hacer pensarla bien al contendiente. Según parece, cuando fue aprendido durante la emboscada realizada en los pantanos de Xiloxotitla  se llevó a varios por delante incluyendo a dos capitanes mexicas: Motlatocatomatzin e Itzplotzin y dos capitanes Huexotzincas: Ternictzontenco y Cipac. El Emperador Moctecuhzoma II le ofrece la libertad  pero la rechaza, como todos sabemos la República de Tlaxcala tenía reglas muy estrictas, sobre todo para sus capitanes y jefes de alto rango; una de esas era vencer o morir, aquellos guerreros que regresaban derrotados se les consideraba deshonrosos y traidores (cosa que podría considerar en parte a Xicothéncatl ya que él regresó derrotado junto con Cortés, recordemos aquí al árbol de la noche triste donde compungido revivió su derrota este último) cosa que no escogió Tlahuicole y prefirió morir para ser recordado por los suyos en la república.

Tlahuicole lucha al lado de los aztecas en tierras purépechas y hace crecer leyendas en torno a él; a su regreso le hacen distinciones y le ofrecen emparentar con la familia del emperador pero éste rechaza todo ofrecimiento, e insistentemente  pide que se le conceda morir en el sacrificio gladiatorio.  Moctecuhzoma le concede la gracia de morir en esa contienda, se le hacen fiestas para despedir al gran Tlahuicole. En Tenochtitlan llega el día y Tlahuicole es atado de un pie a la columna central del “temalácatl” (piedra de los sacrificios) y con su macana desprovista de las famosas obsidianas y substituidas por bollos de algodón y aún así pudo despacharse  algunos caballeros águilas  y tigres mexicas, varios historiadores refieren que fueron ocho los que logro matar y herir a más de veinte para que finalmente terminara herido. Su corazón fue ofrecido al dios Huitzilopochtli, dios de la guerra entre los mexicas.

La anterior exposición histórica  viene a colación para ilustrar fehacientemente   la efigie del aguerrido Tlahuicole. La escultura de Tlahuicole que actualmente conocemos fue realizada por el escultor Barcelonés Manuel Vilar y Roca (1812-1860) Manuel Vilar llega a México recomendado por sus maestros escultores como Solá y Tenerani para ocupar el puesto de maestro de  escultura en la Academia de San Carlos. El nuevo maestro renovó los estudios y les dio un impulso intenso. Manuel Vilar  venía de una tradición clasicista de lo más estricta y refinada, en su trabajo se deja ver el clasicismo romántico y por lo tanto sentimental tanto en temas como en actitudes así como en fuerza y dramatismo—recordemos esa expresión correctísima en las facciones de la cara del Tlahuicole o en  su obra “una niña libertando una tórtola de las garras de un perro” que había ejecutado en Roma — y sumando el aspecto histórico-indígena  en sus obras; de sus trabajos, los más reconocidos  son el Tlahuicole realizado en 1852, Colón, Moctezuma; así como otros de aspecto religioso como una Purísima, San Joaquín y Santa Ana, así como un Divina Infinita, un San Carlos y un Salvador. En el Tlahuicole  nos deja una obra escultórica realizada con la técnica y sapiencia de la mejor tradición escultórica clásica, y  de gran calidad artística y estética. De los discípulos de Manuel Vilar he de citar a Martín Soriano, cuya obra de San Lucas es excelente; a   Felipe Sojo  cuya efigie de Maximiliano es de comentarse como una obra maestra por el trato que le da al pelo y a la barba —cosa que en algo ha de asemejarse con el cabello de la escultura de Tlahuicole de su maestro—;  y  finalmente a Miguel Noreña, su Cuahutémoc haría enorgullecerse a Manuel Vilar seguramente.

La escultura de Tlahuicole tiene también su historia, del original se hacen dos copias en bronce, una para el Instituto Nacional de Bellas Artes y la otra para la Universidad Nacional Autónoma de México. Se cuenta también que una reina europea vio la escultura y encontró a este nuestro compatriota tan  hermoso y bien dotado que quiso una copia para ella solita y otro comentario es con respecto a la macana que fue recortada, también han habido comentarios respecto a la hoja depositada  en las partes nobles, de los suspiros por la escultura esos no los he escuchado, pero me los imagino. Antes de colocar el Tlahuicole había un monumento a la madre cuya historia desconozco, ahora examino que el cambio realizado fue de lo más acertado.


Centro cultural de San Francisco



CENTRO CULTURAL DE SAN FRANCISCO





Los centros de expresión artística, o lugares culturales siempre han estado a la deriva según los gobiernos en turno, y les importa sólo cuando su imagen política o pública puede ser manchada. Cada ciudad que conozco de la república mexicana posee uno o varios centros culturales, lugares donde pueden presentarse eventos, exposiciones, presentaciones de libros, puestas en escena, conciertos entre otras cosas. En Tlaxcala sí contamos con sitios donde se puede dar estas cosas. Está el Teatro Xicothéncatl, el “Palacio de la Cultura” y el teatro Universitario, además de distintos auditorios como el del IMSS, como el del DIF Estatal, el de la “Ex casa de la cultura” el del centro expositor o “la casa del pueblo” el de “la hemeroteca”entre otros muchos más; Lo que a mí me interesa señalar es que en Tlaxcala hace falta un centro cultural que dignifique la cultura que se desarrolla en Tlaxcala.

         A mí realmente no me parece bien que los artistas, creadores, intelectuales y demás dedicados a la creación y difusión de la cultura pasen por situaciones que realmente son deprimentes, yo creo que cada uno de ellos tiene una situación o experiencia que recordar a este respecto. Resulta que a veces no hay lugar donde presentarse, los sitios ya están calendarizados y dispuestos, se tiene que pedir el auditorio o el sitio con dos o tres meses de anticipación o simplemente  el artista se las arregla a  su acomodo y donde sea y ese sitio puede ser: un sitio con pésima audición, un bar donde si no llegas a tiempo te toca escuchar la presentación del libro en plena calle, en sitios de lo más inhóspitos, y en lugares por demás improvisados, el colmo de males fue hace algunos meses con una orquesta sinfónica venida de Alemania ¡Qué bochornoso! Y las autoridades culturales hasta parece que gozan de su desvergüenza  totalmente incompetentes para las contingencias. Y díganme ¿A quien se le ocurre hacer un concierto de sinfónica al aire libre y en tiempo de lluvias? El sitio tal vez es de lo más romántico y “cultural” o sea en el atrio de la iglesia de San Francisco, frente al museo regional como lo sería para Veracruz el fuerte de San Juan de Ulúa. La explanada de San Francisco, allí donde les platico tal parece que la agarraron de moda, y no falta que esto que lo otro y no sé que más allá. Las autoridades del INAH, no van a decir nada ni van  a protestar mientras dejen libre paso al museo, a la biblioteca y mientras no hagan daños al patrimonio de los tlaxcaltecas, a la estructura de los edificios que allí se encuentran. ¿Se podría solucionar de algún modo ese peregrinaje de artistas y presentaciones en la ciudad de Tlaxcala? Sí. Desde hace ya algunos años hay un proyecto de un centro cultural, es el centro cultural de San Francisco. Este proyecto fue planteado y me parece buena la idea. Se ubicaría de lado izquierdo de la calzada que conduce a la iglesia de San Francisco, donde se encuentra hoy día un frontón y terrenos baldíos. El bosquejo del proyecto es —creo— aceptable, faltaría darle una mirada para ver si su arquitectura se acomoda tanto a la funcionalidad como al diseño de arquitectura colonial que tiene Tlaxcala. ¿Por qué el proyecto esta archivado? Yo no lo sé, desconozco de estas cosas, pero podría ser que: el proyecto no es prioridad para el gobierno actual, es un proyecto de la pasada administración y de un grupo o partido distinto. Se piensa que  no vale la pena  lanzarse en un proyecto como este porque las inversiones en cultura políticamente no dejan ganancias; es un proyecto que se queda archivado, hasta que el pueblo proteste y reclame y como los intelectuales, creadores, artistas y promotores de la cultura no protestan ni critican y  aguantan todo, pues allí que siga; es un proyecto demasiado bueno y los tlaxcaltecas no se merecen tanto; es un proyecto que se propuso pero que las distintas autoridades e instituciones  no se pusieron de acuerdo.

         Considero como muy importante el apoyo a la cultura en Tlaxcala, la cultura puede o no ser necesaria, podemos seguir existiendo sin ella, pero el individuo se forma con ella; los individuos para tener una mejor calidad de vida necesitan nutrir el espíritu con las distintas expresiones artísticas. La cultura no es una fabrica para producir ociosos, —como lo podría entender un político ignorante, un burócrata insulso o un empresario materialista que saluda con reverencia a la globalización— sino la entidad que hacer enriquecer a una sociedad y hacerla viva.

         Me gustaría que esta mi inquietud tuviera eco y que en pocos años —y no muchos— pudiéramos contar con un centro cultural en la capital que pudiéramos valorar orgullosamente.

La central.



LA CENTRAL





Las terminales de autobuses, tienen un simbolismo fuertemente remarcado en nuestra actualidad, a continuación realizaré un boceto de dicha afirmación y una remembranza de los puntos de encuentro y de partida así como una grotesca ironía de nuestra “Central de Autobuses”.

            La historia del hombre narra en los disímiles periodos los distintos sitios en donde se ve envuelto, por un lado esta la casa: sitio de descanso, de intimidad, de resguardo, cavidad donde nos guarecemos de lo externo, lugar de reunión donde comulgamos los afectos con los más allegados, sitio donde se avecinan las parentelas; existe otro sitio simbólico contrario y es el trabajo: Este es el lugar que todos están obligados a ir, es el sitio donde comerciamos la fuerza de trabajo, distrito donde  intercambiamos cosas socialmente, y donde ganamos status, jerarquía y autovaloración; aparte de estos dos sitios simbólicos se encuentra uno más, este es de transferencia, y es la calle, todo aquel espacio abierto que nos sirva para ir de un lugar a otro es de este tipo, este lugar muy distinto a los otros dos tiene la singularidad de que es más jocoso, contiene el tiempo de lo humano, del hombre en los elementos de la naturaleza combinados con los elementos de socialización del individuo, es el sitio por excelencia de la observación, o sea del ver y del dejarse ver.  Pero cosa muy distinta es ser el peatón, el que camina sobre la banqueta y otro es el que cruza las calles en auto, puesto que el auto es una amplificación de la casa o el trabajo, no se tiene contacto con los elementos ni de la naturaleza ni de la socialización, es un ambiente cerrado, pierde el sentido chocarrero,  dentro de él no podemos escuchar  las alharacas de los comerciantes ambulantes, ni los sonidos de los comercios, o una plática de cualquiera que pasa a un lado. Ahora bien; antes de pasar a nuestro principal argumento he de bosquejar un sitio simbólico más que es faltante en este listado y es el sitio de la plaza, con esto entiéndase como cualquier lugar que no es la casa, el trabajo o la calle sino el  territorio donde consumimos el tiempo, terrenos donde se da el ocio, el pasatiempo, donde nos explayamos, nos recreamos y convivimos con gente que tiene nuestros mismos gustos, es el lugar donde actuamos y vemos actuar. Así como los anteriores hay otros sitios como lo sería el sitio donde tributamos nuestra religiosidad y el otro sitio donde conseguimos los bienes para nuestra subsistencia, pero para no extendernos lo dejaré únicamente hasta allí. Uno de los sitios que llama mi atención es “La terminal”  es figurativamente zona de transferencia de recorridos largos, de mucha extensión, de desplazamientos que no pueden realizarse a pie, son lugares-vértice donde  se intercambian personas de centros urbanos distintos. La importancia de estos sitios tiene que ver con sus conexiones, transferencias tanto de cantidad como de calidad y de la extensión que conecta; en este sentido podemos justificar, sin pedir peras al olmo y yéndonos de lo general a lo particular las “Terminales” que conocemos. Una “Terminal” puede tener por transporte: carretas, trenes, autobuses, trasatlánticos, transbordadores, aviones, entre otros; en la actualidad el más generalizado es la de autobuses.

La terminal de autobuses casi no tiene diferenciación substancial con las otras terminales de trasporte, estructuralmente funcionan del mismo modo, pero de lo que quiero hablar es de una en particular o sea de la “Central  Camionera”   que tenemos avecinada. Tlaxcala  inauguró su “Central Camionera” en la década de los setentas, había sido un verdadero logro concentrar a todo el transporte en un solo lugar, recordemos que en esas épocas era una verdadera anarquía el trasporte público; pero, como una ávida solterona, a la central camionera le crecieron las ganas con el tiempo pero decreció en belleza, aunque siga siendo útil ya no hay particular que le interesen sus curvaturas; como un tiovivo hinchado, obeso, se obsesiona como yoyo en seguir dándole cuerda a los camiones; se maneja en ella el método de la sardina: mientras más pasajeros le entren al autobús y con el mismo servicio retrógrado y escaseado, mejor será la ganancia; su tecnología  se quedó igual que desde que fue inaugurada, o sea nula; su indigencia recalcitrante  me hace pensar en la hambruna, en la parquedad de una hamburguesa cenicienta, en un espantajo arquitectónico, o como una costra de ciudad colonial, a veces la he visto como una ostra  que desova famélicas chatarras y autóctonos transportes propios para la infamia. Cuando se circula por ella se sienten las vibras de viejos déspotas disfrutando de su coto, llega a la vista la desidia, la flojedad, su horizonte liliputiense, de entidad que no sabe que la globalización le dará pronto un zarpazo. Pero por fuera no ha de decirse nada, pues es una maravilla de la opulencia, su olor hermosamente afrodisíaco, su frontis nalgudo y su aspereza contundente, vemos el paisaje, los hermosos árboles centenarios ya no están, pero hay ramas de automotores, aquí un tentáculo de taxis tartajosos, allá otro, acullá  un cosmos sardónico de combis y la música sonora, aullante y frente, en los negocios de pollo desfila la vena, vendita como ella sola, el agua ordeñada del drenaje, que como un manantial lozano glorifica al paseante.

Las nubes de "don Goyo"

LAS NUBES DE “DON GOYO”

 




Pompeya se localizaba a diez kilómetros del Vesubio, volcán que en el año 62 d.C. hizo erupción; aquello según historiadores, arqueólogos y vulcanólogos, a la fecha a tenido unas 70 erupciones. La semejanza entre el Popocatépetl y el Vesubio son muy lejanas tanto en el tiempo como en el espacio, uno está en Italia y el otro en México, tampoco hay mucho parecido entre las ciudades como Pompeya y Herculano, cerca de Nápoles; con  los pueblos de San Nicolás de los Ranchos, y Santiago Xalitzintla cerca de Puebla,  pero los dos tienen que ver con una actividad volcánica

         La majestuosidad del volcán Popocatépetl puede apreciarse desde lejos, es un panorama único, pero también de cerca,  hago memoria al haberlo escalado hace aproximadamente cinco años. Ver las fotos del recuerdo en el borde del cráter y después verlo por la televisión escupiendo lava, piedras candentes, y material incandescente resulta casi cosa de la imaginación, una quimera, como si ese cráter fuera otro,  uno distinto localizado en  sitio remoto.  El momento de ver a un volcán en erupción en vivo es espasmódico, anonadante, le quita a uno el aliento ante el lucimiento de la naturaleza, el poder incontinente de la tierra. Así lo ha de haber captado Plinio el viejo al observar al Vesubio o el Doctor Atl al ver al Paricutin.

 Una erupción es la expresión máxima de que la tierra respira, sigue su curso sin importarle que cosa esté atajando el paso, o bien que le caiga ceniza al coche cuando apenas el día anterior lo habíamos lavado hasta con shampoo. En ocasiones resulta que no nos damos cuenta, estamos metidos en nuestras nimiedades, resolviendo nuestros particulares problemas cotidianos y luego el volcán estalla, hace erupción, algunos dicen: —aparte de todos los problemas que tengo, la renta, los gastos de la casa en fin, a todo eso ¡hay que sumar todavía  la erupción del popo!

Nunca se está del todo preparado para verse sometido uno a las contingencias que la vida nos depara, o que la naturaleza nos prepara, cada cual se enfrenta a esas eventualidades de muy distinto modo y las toma también según sus capacidades de adaptación y confronta ese problema según su manera de ser y de pensar. El volcán Popocatépetl es una eventualidad sin parangón, como lo he descrito líneas arriba, su activación afecta la región central y no es que perturbe sólo a una región de doce kilómetros cuyo eje es el cráter sino a localidades algo alejadas como Tlaxcala o Veracruz. Tal parece que Tlaxcala se está convirtiendo en el sitial predilecto de las nubes de ceniza y en cuanto a Veracruz  pues también, pero hay una diferencia, que las nubes que van a dicho puerto primero pasan por Tlaxcala y de paso dejan su polvito.

Estrenamos siglo  —cosa rara, sin fiestas— y a Tlaxcala le pinta una bonanza en cuanto a progreso y desarrollo en los próximos años; sin embargo, la ceniza del volcán hará que algunos perciban el futuro o bien opaco o legañoso y para otros cristianos será tal vez un miércoles de ceniza permanente; entre otras cosas, no olvidemos que según algunos paleontólogos, los dinosaurios se extinguieron debido a las gruesas capas de ceniza habidas en la atmósfera, tal vez ese echo  se convierta en regla  y así nos deshagamos de algunos dinosaurios metidos en la política. Desde tiempos bíblicos el hombre siempre espera que caigan cosas del cielo, claro, no me refiero a la invariable lluvia de siempre, sino de cosas distintas como el maná o como los billetes de cincuenta pesos que les lanzaban a los tarahumaras para que votaran por el antiguo partido en el poder, Don Goyo lanza una lluvia de ceniza a los tlaxcaltecas, todo para que en los próximos años su agricultura triplique sus ganancias y así nos vaya bien a todos incluso a los poetas sin trabajo o a los escritores sin oficio ni beneficio.

El tema que desarrollo me hace recordar una obra de Sócrates que se llamaba las nubes, esa fue la única obra que realizó y se perdió, no olvidemos que Sócrates realizaba sus indagaciones filosóficas mediante la mayéutica, o sea en dialogo entre preguntas y respuestas. La obra Las nubes  fue el azote de Sócrates puesto que fue calumniado por ella, decían los griegos que era una obra realizada por un hombre que vivía en los nublados o sea  un hombre que andaba siempre en las nubes, haciendo indagaciones raras y preguntándose por cuestiones trascendentales que a muy pocos les importaba, finalmente Sócrates pasa a la posteridad, asegura que el sentido del hombre es precisamente  cuestionarse sobre el todo afirmando que ese es uno de los modos en que el hombre es hombre y se diferencia así de los animales. Actualmente, creo que Sócrates viviendo en Tlaxcala, no le tentaría escribir esa obra del mismo modo; seguramente sus cuestionamientos tenderían más hacia preguntas y tesis sobre: la composición mineral  de la nube de ceniza y sulfitos diseminados, su temperatura calculada en grados y altitudes, la elevación que alcanza desde el cráter hasta arribototota y el viaje trasatlántico que podría tener según suposiciones de chamán o de brujo de Catemaco. Y digo lo anterior sobre Sócrates y su hacer porque recordemos que estamos en plena modernidad y globalización y quien no se acople en su discurso  a lo que es el desarrollo de la ciencia y la técnica, pues andará como loco preguntándose si los ángeles tienen lunares u otras cuestiones metafísicas y  ahora sí, hablando sobre las nubes y por añadidura muerto de hambre así, precisamente, como yo me lo imagino.  

Las nubes de don Goyo son muy poco literarias a menos que nos refiramos  a la novela de Malcolm Lowry Bajo el Volcán o a las peripecias de los españoles que narra Diego Muñoz Camargo para obtener el azufre para hacer la pólvora que se utilizaría en la guerra contra los aztecas o bien otra referencia que por el momento se me olvida, pero no sabemos si esto sea un preámbulo para que los literatos se pongan a escribir sobre “las nubes de don Goyo”.

John Steinbeck



JOHN STEINBECK

1902-2002




La literatura cobra sentido cuando nos penetra, nos atraviesa, cuando nos hace reflexionar y preguntarnos por lo que somos. Uno de los autores  que ha penetrado intensamente a mi vida es John Steinbeck, a continuación explico.

Fue hace algunos años cuando un amigo me invitó a leer este autor, yo acepté, aunque he de reconocer que había un prejuicio mío hacia los novelistas norteamericanos, consideraba que me encontraría con la empalagosa idea del “sueño americano”, cosa equivocada, pues poco a poco fui descubriendo el amplio ramillete de autores de la literatura norteamericana tanto en novela como en poesía y ensayo; ellos dejaron una impresión distinta, una comprensión de su vasta cultura. La obra de Steinbeck es fecundizante, deja sembradíos, es él una contundente identificación con el desposeído y eso me gusta, Pose John Steinbeck una astucia fastuosa que hace describir los momentos reales cuando la desventura llega en avalancha; hace comprendernos humanos. Hace de su ambiente, de su contexto californiano, un ordeñadero para su obra; el laboratorio de Steinbeck son los sentimientos humanos, sus prejuicios, su izquierdismo, la infamia en la que se ven subyugados los desheredados, hace descubrir en algunos hombres ruines su humanidad pigmea y del mismo modo nos ejemplifica en imágenes imborrables la capacidad humana del consuelo eucarístico, la misericordia entre los hombres; el tema central de su obra es en este sentido, lo social, pero sobre todo la dignidad  de los pobres y de los oprimidos. Steinbeck llega al grado del retrato literario porque en carne viva lo experimenta: es bracero, recolector de fruta, mecánico y recorre una variedad de trabajos temporales que lo vuelven no solo sabedor sino sabio para comprender a plenitud las pasiones humanas; es por eso que se gana el premio Pulitzer en 1940 con Las uvas de la ira —su obra más importante— sino también premio Novel de Literatura en 1962.

Algunas de sus obras son:, Tortilla Flat (1935), En dudosa Batalla(1936),  La fuerza bruta "De ratones y hombres"(1937), Las uvas de la ira (1939), La luna se ha puesto (1942), entre otras, además de relatos cortos maravillosos como El pony rojo y La perla;  éste último alguno lo ha de recordar pues fue filmado por Don Emilio “el Indio” Fernández. Otros guiones para cine que Steinbeck  realizó fueron el de Viva Zapata dirigida por Elia Kasan y Al Este del Eden y Por el Mar de Cortés. Por último quiero invitar a disfrutar de la herencia dejada por John Steinbeck pues seguramente quedarán igualmente complacidos.


Charles Bukowski

 



CHARLES BUKOWSKI

Entre los bares y las bibliotecas



“Dadme más vino
 porque la vida es nada”

Fernando Pessoa





Los poetas han sido para mí gente común que le habla de tú al espíritu, son puro espíritu, son entidades que se solazan en su singularidad, son como barcos arrastrados por la existencia pero circundados por una potente aura que ilumina algún futuro embarcadero o puerto; Son en presencia tal vez insípidos o tal vez insoportables, pero su pluma hace perdonarles cualquier cosa, como ser: homosexuales, o  asesinos, o trinqueteros, o stalinistas, o de izquierda, o de derecha; o locos,  teporochos o drogadictos.

         Uno de estos poetas  que tiene algo de visionario y de chiflado y que alcanza en la expresión poética el tinte sublime del arte, es sin lugar a dudas Charles Bukowski;  hay en su poesía, la pose del genio sin aureola que pasa por la vida, degustando la existencia, desamparándose de ella, arrastrándose en los callejones más inhóspitos, cohabitando en la podredumbre, teniendo como vecinos a los mendigantes o siendo por temporadas largas  uno de ellos. La característica singular de su poesía es que viste su obra con los menesteres que le da la vida, con lo que la existencia le ofrece, y en ella solo hay: vacío, ubicuidad, jactanciosidad,  superficialidades, injusticia, falsedades; ante todo esto Bukowski se cobija: “Simplemente me quedé allí sentado esperando. Unos diez minutos después sentí un hormigueo por todo el cuerpo. Fui capaz de mover la mano un poquito. Luego, otro poquito. Me llevé el vodka a los labios, conseguí  inclinar la cabeza y me lo bebí todo. Puse el vaso en el suelo, me estiré en la cama y esperé de nuevo a que me entrara el sueño. Oí un disparo en la calle y comprendí que en el mundo todo iba bien. A los cinco minutos estaba dormido. Como todos los demás.”  El pensamiento de este poeta estadounidense hace acordes con la ubicuidad, la percibe desde adentro, su poesía es su misma existencia, percibe con su poesía la vida transitoria, la dinámica de los barrios populares, el sin sentido de la existencia, los espectros que tienen las manzanas con gusanos, como dice en uno de sus poemas “No olvides las aceras, las putas, la traición, el gusano en la manzana, los bares, las cárceles, los suicidios de los amantes

         Hay en Charles Bukowski una especie de herencia norteamericana que viene de Walt Whitman, e. e. cummings, William Carlos Williams entre otros y que es el desenfado, la llaneza, la simpatía, y la humanidad a veces “democrática” y a veces cruda;  Es la crudeza y la misma búsqueda de Henri Michaux cuya sentencia-objetivo reza: “me propongo explorar la mediocre condición humana” Los objetivos de Bukowski a veces los pierde y a veces los vuelve a encontrar, con empecinamiento es la escritura aquello que lo salva, así lo afirma en uno de sus textos: “... por eso escogí ser un escritor, si vales una maldita cosa, puedes seguir con tu relajo, hasta el último minuto del último día. Puedes seguir mejorando en vez de empeorar, puedes seguir golpeándolos contra la pared, a través de la oscuridad, la guerra, con buena o mala suerte, puedes continuar golpeándolos, con el deslumbrante relámpago de la palabra, derribando a la vida en la vida y a la muerte demasiado tarde para ganar verdaderamente contra ti”

         Hay en Charles Bukowski no sólo un peregrino que anda  en ruta por las palabras, o que busca los acueductos obscuros de la realidad, sino el peregrino que anda a las bibliotecas leyendo cuanta cosa se le aparece: libros de química, folletines de algún poeta desconocido, libros de arquitectura,  tratados de agronomía, entre otros infinitos; pero en él no sólo entra eso, también el alcohol y es del más variado, desde la infaltable cerveza bien fría, vodka, coñac, aguardiente del peligroso, copas de las más variadas  y disfrutadas en tugurios conocidos, en bares anegados de ambiente pesado, en tabernas que han sido para él como su segunda casa. Es una existencia que me hace recordar al autor de Bajo el volcán por la cercanía con los brebajes del dios Baco. Y cito: “Si las  bibliotecas ayudaron, en mi otro templo, los bares, era otra cosa, más simplista el lenguaje y el camino era diferente...” Charles Bukowski tiene entre sus obras las siguientes: War All The Time, You Get So Alone At Times, That It Just Makes Sense, Mockingbird Wish Me Luck, Play The Piano Drunk Like A Percussion Instrument Until The Fingers Begin To Bleed A Bit, The Days Run Away Like Wild Horses Over The Hills, Living On Luck, Dangling In The Tournefortia, The Last Night On The Earth Poems, Betting On The Muses, Shakespeare Never Did This, Love Is A Dog From Hell, Burning In Water Drowning In Flame, There's No Bussiness, Beautiful, The Roomighouse Madrigals; y los traducidos al castellano están: Cartero. Factotum. Mujeres. La Senda del Perdedor. Hollywood. Pulp. Erecciones, Eyaculaciones, Exhibiciones; La Maquina de Follar. Escritos de un viejo Indecente. Se Busca una Mujer. Música de Cañerías. Hijo De Satanás. Peleando a la Contra.  Lo que más me gusta es rascarme los sobacos.  Hank (La Vida De Charles Bukowski).

En Charles Bukowski hay el elemento que nunca podrá ya dejar de ser, el elemento que fue integrado desde Baudelaire y es la aureola del poeta perdida en el fango del macadam, la pose reinventada del poeta lejos del empoltronamiento, la zalamería y el incienso,  porque Bukowski entiende que en el intelectualismo  y la cultura literaria hay mucha falsedad, mojigatería  y lenguaje refinado o vocabulario cuajado, muy al contrario, el buscaba una certeza indagada en la vida diaria “más bien parecida  a un pedazo de cartón.”

Charles Baudelaire



CHARLES BAUDELAIRE



¡Cómo! ¿Usted aquí, amigo mío? ¿Usted en un lugar como este?¿Usted que se alimenta de ambrosia y bebe quinta esencias? ¡Estoy asombrado!
Amigo mío: Usted sabe cuánto me aterrorizan los caballos y los vehículos. Pues hace un momento, cuando cruzaba el bulevar corriendo, chapoteando en el barro, en medio de un caos en movimiento, con la muerte galopando hacia mí por todos lados, hice un movimiento brusco y mi aureola se me escurrió de la cabeza, cayendo al fango del macadam. Estaba demasiado asustado para recogerla. Pensé que era menos desagradable perder mi insignia que conseguir que me rompieran los huesos. Además, me dije, no hay mal que por bien no venga. Ahora puedo ir de un lado a otro de incógnito, cometer bajezas, entregarme al desenfreno, al igual que los simples mortales. ¡De modo que aquí estoy, como usted me ve, al igual que usted!

Charles Baudelaire






Muchas veces me he preguntado si es posible encontrarse con esa idea del superhombre nietzscheano a la vuelta de la esquina, en más de una ocasión he tenido ganas de topármelo, de manera tangible, real y quizá seguirlo como su discípulo, pero no es posible porque la idea que tenemos del superhombre nietzscheano está más cerca del héroe de pasquín llamado Superman, que la idea que tenía el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Sólo en raras ocasiones es posible dejar asentada una idea  filosófica en la vida diaria, en más de las veces resulta un fracaso, como ocurrió con las ideas marxistas, con la “nazificación” de la ideas Nietzscheanas o aquí mismo, con el positivismo desarrollado en México durante el porfiriato. El filósofo como el intelectual han tenido a lo largo de siglos presencia, autoridad, es un fijador de rumbos, sean equivocados o acertados al final de cuentas son direcciones; Pero las cosas cambian, y el intelectual pierde poco a poco su autoridad y sus privilegios para pasar a ser uno más de los obreros dedicados a la difusión de la cultura.

El papel de la gente ilustrada ha sido desde tiempos atrás, de conciencia a la colectividad, antaño se pensaba que la gente culta tenía la responsabilidad social de iluminar a los ignorantes—De eso se trata de algún modo el proyecto de  “democratizar la cultura” y  “hacer llegar la cultura a las comunidades”— o si no, por lo menos aconsejar a los gobernantes; o sea, la opinión y crítica de ese elemento social hacía mover  conciencias e intereses, tenían cierto poder a la par que la religión hegemónica.

Entendida como una entidad muy general, el intelectual  desarrolla sus capacidades de entrega a la sociedad por medio del intelecto, sea de cualquier modo, pero siempre y prioritariamente con el trabajo no físico, sino de la mente. Los intelectuales  han sido siempre una minoría que concientiza, se tiene un porcentaje alto de ejemplos en los cuales los intelectuales hacen las veces de punta de lanza de los cambios sociales, los tenemos  muy cerca, dos ejemplos actuales y quizá un poco burdos serían el subcomandante Marcos y los líderes de la huelga de la UNAM. Pero en general, y a mi parecer, el intelectual pierde terreno en la actualidad, se desvanece de la vida pública.

La preparación escolar y cultural del intelectual es ardua y espinosa, implica muchos años de estudio, sacrificios y muchas horas de trabajo cognitivo y cavilaciones que todos ningunean pero que de sentarse cualquiera a hacer ese trabajo simplemente no podrían, el preparar a los intelectuales cuesta al Estado  una buena cantidad de dinero, es una inversión que finalmente el Estado desecha porque los intelectuales crean conciencia crítica y eso no es conveniente, el intelectual forma parte de una  minoría con privilegios, que poco a poco pierde por la razón de que su responsabilidad como mediador, creador o de opinión se difumina. Me viene a la mente un ejemplo, en semanas anteriores escuché por la radio a un cómico caracterizando a un peladillo llamado “ponchito” en una entrevista con  el presidente de la República y el líder del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional  y aquellos que habían luchado empecinadamente por el diálogo y la paz en Chiapas como el poeta Juan Bañuelos y otros intelectuales simplemente y por una causa y por la otra no lo lograron, esto significa que el papel que anteriormente lo tenían los intelectuales ahora lo tienen los actores de telenovela, los conductores de televisión e inclusive los futbolistas estrella, incluso es posible ver que en sus entrevistas de estos protagonistas la pregunta: ¿ Y que opina usted de la globalización y la Postmodernidad? Y no me lo creerán pero algunos de ellos salen muy bien al paso con una respuesta que envidiaría el mismísimo Gianni Vattimo: un cinta negra de la filosofía actual.

Los medios audiovisuales cumplen ahora la función de formar conciencia, informar o desinformar; crean mitos y destruyen héroes, un intelectual o académico simplemente no puede competir contra esa maquinaria como lo son los medios masivos de comunicación, los medios audiovisuales tienen la capacidad de construir verdades por medio de un mensaje embrutecedor y constante transmitido día con día. Es como ese dicho de que una mentira repetida cientos de veces se convierte en una verdad inobjetable, así  es posible acallar las voces de que el liberalismo arremete con deleite contra los más pobres e inflar la idea de que la globalización impulsará el desarrollo de todas las naciones incluyendo la nuestra como lo es llena de injusticias, atrasos e inequidades. Pero paradójicamente  hay intelectuales que haciendo uso de los medios audiovisuales gozan sus quince minutos de popularidad, se vuelven estrellas mediáticas como Carlos Monsivais entre otros. Así mismo, hay intelectuales que atormentados por la actualidad  se refugian en sus reflexiones solitarias y publican para unos poquitos.

La imagen del intelectual  ha sido muy sobada a tal grado que  se ha desacralizado, se ha transformado en opinión, sus ideas son discutibles, su opinión puede aceptarse tanto como la opinión de un pelafustán  de una colonia de donde sea, es decir, su responsabilidad social lo es tanto como la responsabilidad social que tiene un político en campaña o como sofista muerto de hambre. La imagen del intelectual se ha perdido, yo realmente no sé si en Tlaxcala existió alguna vez y si existió su desvanecimiento llegó a tal grado que se necesitan de valiosísimos poderes psíquicos para poder vislumbrar su tan atacada aura. Conozco a  varios de esos fantasmas y andan deambulando por el tianguis cargando las bolsas del mandado o bien en el supermercado comprando pañales. ¡Que cruel es la existencia! ¡Hasta donde  hemos llegado! Vaya dicha efímera, ese glamour  del que sabe, del que conoce y habla lenguas, porque como sabremos, su concepción tradicional es un sacerdocio que no le permite mezclarse con los mortales, pero si esos mortales como lo serían los funcionarios o burócratas de cualquier cosa pueden suplirlos en su hacer, pues no les quedará de otra más que rememorar viejas glorias de antaño. 

Arthur Rimbaud



ARTHUR RIMBAUD,



“Es preciso ser absolutamente moderno
A. Rimbaud




Arthur Rimbaud es un poeta de pocas palabras, pero también son pocas las palabras que se le han atribuido a tan excelso poeta “el poeta se hace vidente  - afirma Rimbaud - mediante un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos”, es en esta frase donde de manera profunda plasma la idea de su pensamiento, de toda su creación. Su obra literaria es breve, elaborada de los dieciséis a los diecinueve años (1870-1873).  Rimbaud es aventurero y su vida antiliteraria, negrero y traficante de armas; dice Bretón en el primer manifiesto surrealista: “Rimbaud es surrealista en la vida práctica y en todo”.  Rimbaud es un adolescente lleno de rebeldía y con ojos  de un azul que da miedo, saca del cajón de su enojo - por medio del poeta vidente -, toda la imaginación. Cae en un nihilismo desmedido. Más que de nadie, Rimbaud huye de sí mismo, en una arquetípica crisis de adolescente radical y es incurablemente díscolo. “Me parecían risibles - dice Rimbaud - las celebridades de la pintura y de la poesía moderna; me gustaban las pinturas idiotas, los decorados de los saltimbanquis, las ilustraciones populares; me gustaba la literatura fuera de moda, el latín de iglesia…”

Los gustos más extravagantes y las ideas más absurdas se dan cita en su poesía, y aún dice: “curas, profesores y maestros, os engañéis dándome en las manos la justicia, yo nunca fui cristiano, yo soy de la raza que cantaba en el suplicio, yo no entiendo  las leyes, yo no tengo sentido moral, yo soy un bruto”  Rimbaud busca las máximas formas de amor, las máximas formas de sentimiento y de locura. “ y ésta operación resulte vana entonces ya no quedará - aclara Rimbaud - más que elegir otros caminos y buscar la libertad en el sueño o en el silencio del propio yo interior o en soluciones metafísicas” Rara vez, - o podríamos decir nunca - somos esclavizados por los sueños por muy pesadillosos que estos sean, las formas oníricas gozan de libertad, tanto los sueños como el yo interior son caminos admisibles que pueden dar lugar a resultados sorprendentes, inimaginables. “Una noche, - dice Rimbaud - senté la belleza en mis rodillas, la encontré amarga y la injurié”.  Sus imágenes  no tienen relación con el tiempo, humaniza y corporeiza  hasta las cosas más increíbles.

Para Arthur Rimbaud la alquimia del verbo se entreteje entre la risa loca y la mente clandestina e idiota, hace hablar al demonio por sus belfos y remontar a zonas dantescas e infernales. Para él la auténtica vida está ausente, es decir, nosotros  no estamos en el mundo, estamos dentro de alucinaciones y combinaciones. “¡Ah! Los harapos podridos, el pan empapado de lluvia, la embriaguez, los mil amores que me han crucificado; no acabará, pues ésta reina ávida de millones de almas y de cuerpos muertos y que serán juzgados, me vuelvo a ver, la piel roída por el barro y la peste, los cabellos y las axilas llenos de gusanos y con gusanos aún más gordos en el corazón, extendido entre los desconocidos sin edad, sin sentimiento… hubiera podido morir allí”.  La purificación orgiástica por los gritos subterráneos que salen a flote entre sus ropas y entre sus palabras poéticas, su exorcismo discursivo y desmedido, su culto al coraje clandestino, hacen de él un poeta maldito.

Un atisbo de la globalización y sus alcances en cultura.



UN ATISBO DE LA GLOBALIZACIÓN Y SUS ALCANCES EN CULTURA,

CONSOLIDACIÓN DEL TERCER SECTOR COMO RECURSO





Un solo aspecto me interesa resaltar, y es en cuanto a la globalización cultural, aspecto no muy bien socorrido por la globalización económica pero que se va abriendo paso a su manera. En los límites de este espacio, no puedo tratar los distintos aspectos y los múltiples mecanismos de explicación, sobre este particular tema; sólo comentaré uno. Una de las situaciones por las que el capitalismo llegó a término es por el nacimiento del imperialismo subrayado por Marx y Engels, después del vertiginoso avance de la economía mundial debido a la informática y a la globalización, luego llegó la recesión a causa—según intuyo— a los ajustes y desajustes de este nuevo periodo.

Surgen preguntas con respecto al tan tildado asunto de la globalización. De ello hay mucho que no se entiende, hay cosas obscuras, ignoradas, ocultas; hay otras que están a la vista y que directamente nos afectan. La globalización es un producto, es el resultado de un proceso largo, no se ha dado espontáneamente, tiene que ver directamente con la modernidad y con la apertura de los mercados, del comercio, al final de la guerra fría. La economía funge como pibote de la globalización en las relaciones a nivel mundial. La globalización tiene que ver más con las economías del primer mundo que con los gobiernos–estado en vías de desarrollo, tiene que ver más con las bolsas de valores a nivel mundial, con el capital que se maneja a ese nivel, con las empresas multinacionales y el derrumbe de las fronteras mercantiles. El liberalismo capitalista se encargó de distintas exclusiones e inclusiones en el juego  comercial, hizo fuertes a unos y destruyó a otros a nivel empresarial, fue el preámbulo para lo que se conoce como globalización. Algunos analistas hacen la distinción entre globalización: que es para ellos puramente comercial, a nivel económico y otro es la mundialización: que viene a significar la implicación de todos los ámbitos sociales del ser humano a nivel del planeta. La globalización no aparece en el mundo sino hasta que se ha llegado al reinado de la ideología capitalista, a la hegemonía de la nación norteamericana en todo su amplio espectro y a la aparición de los monopolios cada vez más fuertes debido a fusiones corporativas.  Este nuevo periodo se derrama desde las estructuras que lo sostenían,  al desaparecer poco a poco los linderos  que habían formado los estados y las instituciones, al ir permeando los distintos espacios fue cada vez impregnando a más entidades de la comunidad internacional, por supuesto que la recesión es debido a los mismos despliegues tentativos del “imperio” a los reacomodos de los protagonistas, a la clausura de la vieja arquitectura empresarial, a la inercia que viene empujando a la misma globalización, a los desfases de crecimiento de los distintos aspectos de la vida del hombre, entre otras situaciones; pero a mí me interesa resaltar esta última o sea a la dictadura  de algunos caracteres sociales del género humano, me estoy refiriendo al aspecto económico por encima de los demás. Según algunos analistas la recesión económica es debido de algún modo al desconocimiento de que  los aspectos culturales, sociales, de comunidad etc...  Tienen una muy importante función en el entramado de relaciones a nivel global y que esos aspectos si no se les refuerza en sus cimientos no puede haber paradigma realmente de cambio en el aspecto económico. Es decir que  si no hay un cambio en el modo de concebir la superestructura el avance o es nulo o cada vez que se avance se tropieza de nuevo, esto quiere decir que si se continua con una estructura piramidal de la sociedad, totalmente vertical y ósea no se podrá pasar a un nivel de arquitectura social diferente y en ese sentido todos perdemos. Se habla de una entidad que se está formando,  es un imperio que permea a todas las naciones y no se asienta en ningún sitio, es una soberanía que se gobierna azarosamente y que los distintos gobiernos no alcanzan a abarcar pero que sin embargo naciones como Estados Unidos buscan con esfuerzo tener somera jerarquía

Es posible que en un futuro lejano a la especie homo sapiens  le esté  destinada una sola cultura tan heterogénea como amplia; cosa  que en el día de hoy la mayoría pone en entredicho pues se pensaría  en cosas como evitar las influencias extranjeras, apoyar la cultura tradicional y regionalista entre otras para no permitir “el exterminio de nuestra cultura e identidad” y para impedir la extinción de la diversidad. Ideas  como las anteriores también son importantes, no podemos en  pro  de un humanismo homogeneizador  olvidarnos de la amplia diversidad y del mismo modo no podemos seguir siendo incapaces de concebir la unidad de la cultura humana porque nuestra xenofobia cultural o fundamentalismo cultural no permite consentir cultura foránea, de ese modo debemos formular un pensamiento con el paradigma de la unidad con diversidad  buscando que esa diversidad tenga unidad; o sea la unidad múltiple de la humanidad. Quien quiera conservarse en su feudo que lo haga, a nadie se le puede obligar a cambiar su modo de vida o el sentido de su existencia.

Pueden desencadenarse etnocidios cosa que sería lamentable pero ese es el riesgo que hay que afrontar y no permitir; también es posible la destrucción de viejos mitos, de creencias, de tradiciones, de hábitos comunales, de algún folklore ya de por sí insostenible, porque toda evolución  comporta destrucciones ya que es sabido que no todo es conservable en los procesos de modernización, la cultura avanza porque el hombre florece y se empapa  de la diversidad, desecha lo  que ya no usa, o sea el elemento anacrónico, el mito que se derrumba solo, el arte que a nadie le interesa o los valores de otras épocas que caen desvencijados. Las culturas indígenas en su integridad están agonizando, ya no hay pureza en ellas, aquellas que han sobrevivido a la imposición de la modernidad morirán de inanición en un feudalismo sombrío, sellado  y autoexcluidos; en cambio, aquellas culturas indígenas que se dejan mostrar, que se exhiben, que orgullosamente aportan a la comunidad mundial su forma de ser, su sentido de vida, su manera de percibir el mundo; ellas estarán integrándose a esa diversidad global incluyente, podrán formar parte de esa unidad de la que hablamos líneas arriba.
Tanto el gran público como los intelectuales y artistas van siendo sometidos a estos cambios paradigmáticos que implican un reto de pensar el mundo con otras cartografías, asumiendo una actitud abierta para ver las nuevas geopolíticas, el rediseño de territorios y fronteras, la edificación de otras categorías de estudio acordes con las mutaciones imprescindibles que a gran velocidad y escala internacional se están proyectando. Desde estas señales e imágenes de la lógica cultural del capitalismo tardío, se vislumbran nuevos caminos que el arte ha recorrido y espera recorrer: estética de la imagen visual, pastiches, artes híbridos, transversales; derrumbe de las fronteras discursivas y de los géneros artísticos, des-sublimación de la conciencia crítica moderna; disolución de los límites entre arte culto y arte de masas; "cultura de acompañamiento, más que de antagonismo al orden económico" (Anderson, 2000,89); pero también resquebrajamiento de los sistemas universales que buscaban el cosmos unificado y la "Bella Totalidad". Nunca antes se habían escuchado las voces de múltiples minorías hasta ahora silenciadas por los "discursos duros"; nunca antes la cultura había fragmentado tanto sus parámetros unitarios, resultando de ello una colección plural de voces, no tan contestatarias como sí controladas y organizadas por el mercado. La pérdida del sentido de "responsabilidad histórica", de "necesidad histórica" y de "actor social", tan caros a la Revolución Francesa y al Marxismo, impactó también en las concepciones de las obras de arte actual. Relajamiento frente al concepto de heroísmo histórico. Este relajamiento de la fenomenología de la esperanza, impulsó la fenomenología de la inmediatez, el cooperativismo con la institución y lo comercial. La transnacionalización transformó las clases sociales y globalizó a las burguesías nacionales. De modo que "aquella burguesía que conocían Baudelaire y Marx, Ibsen y Rimbaud, Grosz y Brecht, e incluso Sartre y O'hara, pertenece al pasado. En lugar de aquel sólido anfiteatro hay una pecera de formas fluctuantes y evanescentes: los arbitristas y ejecutivos, auditores y conserjes, administradores, funcionarios de un universo monetario que no conoce fijezas sociales ni identidades estables" (Anderson, 118).
Ahora bien, ante este universo en el que se vive, en el que nos inscribimos los mexicanos y como mexicanos los tlaxcaltecas, ¿Cual es el modo de pensar, nuestra razón de ser, nuestro modo de sentir y de expresar en un mundo como el que se describe líneas arriba? Lo más viable es convertirnos en participantes,  en hacedores, en ejecutantes y exhibidores de una cultura propia y como propia única repleta de riquezas singulares, ya no es la visión chata que busca “rescatar el patrimonio cultural” como si a nuestro patrimonio cultural le hubiera ocurrido un accidente y habría que oxigenarlo para darle vida, o el fundamentalismo cultural que busca frenar todo contacto exterior y dedicarse a un disfrute de tales desabridas subsistencias  culturales  no importando que sean enclenques o de una pobreza estética de espanto o bien la idea de una: política “democrática de la cultura” cosa que no se entiende pero si adorna los discursos demagógicos de los políticos o bien la idea de iluminar a los pobres indios con nuestra cultura y llevársela a sus comunidades y enriquecerlos paternalmente. Se acabaron –a mi parecer- las temporadas de improvisación cultural, de  inexperiencia en el delicado aspecto del capital social, del uso de marcos y estructuras óseas de política en lo cultural y no un marco  y estructura cultural para la cultura. Se hace necesario una revolución, entendiendo esto como un cambio o giro de valores que habían estado trastocados o puestos de cabeza por elementos ajenos que no tienen nada que ver con el desarrollo cultural de una sociedad, y esta revolución estaría circunscrita disciplinadamente para frenar en la cultura la inestabilidad y los disturbios que la barnizan de otras entidades.
¡Todo esto para que! ¡Que sentido tiene la cultura en Tlaxcala! ¡Que se obtiene de invertir en el capital social! ¿Por qué es tan importante  el capital social? Antes que nada lo que se busca es que todo ciudadano mejore su calidad de vida y que tenga un buen disfrute del tiempo libre. Habría que explicar teóricamente distintos aspectos para llegar a aquello que se le ha dado en llamar el tercer sector o capital social; pues bien toda sociedad comporta   un mercado que se ha dado en llamar el primer sector la cual circunscribe todas las necesidades humanas de subsistencia y desarrollo y que siempre busca la hegemonía por sobre los demás aspectos de la sociedad, pero ya los economistas dieron con que tal preponderancia produce  recesiones económicas y crisis de mercado por dos situaciones distintas, la primera es que los gobiernos frenan el desarrollo del primer sector. Los gobiernos que son el segundo sector fungen como reguladores  del mercado, son  mecanismos de control  para ese feroz mercado de la globalización; ambos son socios y se comportan soportándose.  Los disturbios de esta inestabilidad  hacen eco en el tercer sector. El tercer sector es el más importante de las otras dos puesto que primero se dio y se llevó a cabo la relación entre las personas  y después se llevó a cabo el mercado y comercio entre las personas y sociedades. Para que haya un flujo y reflujo de capital, mercancías bienes y servicios es necesario un capital social bien imbricado y mientras más entretejido mas afianzado está su mercado y más legitimado su gobierno. En otras palabras cuanto más fuerte es el tercer sector, más fuerte es el mercado capitalista y más democrático es el gobierno en todos los países, cuanto más débil sea el tercer sector en un país, más débil va a ser el mercado y menos democrático el gobierno. El objetivo del capital social es el de crear confianza para que el primero se lleve a cabo y el segundo se certifique como juez. Sin el tercer sector simplemente no hay nada, habrá mercancías pero no hay relaciones, interrelaciones, vida en sociedad. Existe un cuarto sector que es el de la sociedad ilegal, este es el empleador que crece más rápidamente en el mundo. Pero el que nos interesa a nosotros es el tercer sector y en el que la sociedad y la cultura se ve involucrada de manera compleja y en el que hay que invertir de modo significativo por las razones descritas líneas arriba.