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jueves, 20 de enero de 2011

Arthur Rimbaud



ARTHUR RIMBAUD,



“Es preciso ser absolutamente moderno
A. Rimbaud




Arthur Rimbaud es un poeta de pocas palabras, pero también son pocas las palabras que se le han atribuido a tan excelso poeta “el poeta se hace vidente  - afirma Rimbaud - mediante un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos”, es en esta frase donde de manera profunda plasma la idea de su pensamiento, de toda su creación. Su obra literaria es breve, elaborada de los dieciséis a los diecinueve años (1870-1873).  Rimbaud es aventurero y su vida antiliteraria, negrero y traficante de armas; dice Bretón en el primer manifiesto surrealista: “Rimbaud es surrealista en la vida práctica y en todo”.  Rimbaud es un adolescente lleno de rebeldía y con ojos  de un azul que da miedo, saca del cajón de su enojo - por medio del poeta vidente -, toda la imaginación. Cae en un nihilismo desmedido. Más que de nadie, Rimbaud huye de sí mismo, en una arquetípica crisis de adolescente radical y es incurablemente díscolo. “Me parecían risibles - dice Rimbaud - las celebridades de la pintura y de la poesía moderna; me gustaban las pinturas idiotas, los decorados de los saltimbanquis, las ilustraciones populares; me gustaba la literatura fuera de moda, el latín de iglesia…”

Los gustos más extravagantes y las ideas más absurdas se dan cita en su poesía, y aún dice: “curas, profesores y maestros, os engañéis dándome en las manos la justicia, yo nunca fui cristiano, yo soy de la raza que cantaba en el suplicio, yo no entiendo  las leyes, yo no tengo sentido moral, yo soy un bruto”  Rimbaud busca las máximas formas de amor, las máximas formas de sentimiento y de locura. “ y ésta operación resulte vana entonces ya no quedará - aclara Rimbaud - más que elegir otros caminos y buscar la libertad en el sueño o en el silencio del propio yo interior o en soluciones metafísicas” Rara vez, - o podríamos decir nunca - somos esclavizados por los sueños por muy pesadillosos que estos sean, las formas oníricas gozan de libertad, tanto los sueños como el yo interior son caminos admisibles que pueden dar lugar a resultados sorprendentes, inimaginables. “Una noche, - dice Rimbaud - senté la belleza en mis rodillas, la encontré amarga y la injurié”.  Sus imágenes  no tienen relación con el tiempo, humaniza y corporeiza  hasta las cosas más increíbles.

Para Arthur Rimbaud la alquimia del verbo se entreteje entre la risa loca y la mente clandestina e idiota, hace hablar al demonio por sus belfos y remontar a zonas dantescas e infernales. Para él la auténtica vida está ausente, es decir, nosotros  no estamos en el mundo, estamos dentro de alucinaciones y combinaciones. “¡Ah! Los harapos podridos, el pan empapado de lluvia, la embriaguez, los mil amores que me han crucificado; no acabará, pues ésta reina ávida de millones de almas y de cuerpos muertos y que serán juzgados, me vuelvo a ver, la piel roída por el barro y la peste, los cabellos y las axilas llenos de gusanos y con gusanos aún más gordos en el corazón, extendido entre los desconocidos sin edad, sin sentimiento… hubiera podido morir allí”.  La purificación orgiástica por los gritos subterráneos que salen a flote entre sus ropas y entre sus palabras poéticas, su exorcismo discursivo y desmedido, su culto al coraje clandestino, hacen de él un poeta maldito.