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martes, 18 de enero de 2011

Crisis y Universidades Públicas


CRISIS Y UNIVERSIDADES PUBLICAS





El fin de milenio se presenta protagonizado por un contexto, donde tiene que ver mucho, la diversidad y la complejidad de las sociedades; en estas sociedades encontramos entre la complejidad y la diversidad, perturbaciones que son: de pérdida del sentido, de indefinición del proyecto-hombre, de fragmentación del grupo familiar, de propagación de la efimeridad, de la sutil desarticulación de las sociedades; éstas perturbaciones destapan los sentidos de vacío, desesperanza y frustración. Es apropiado llamar a esto “crisis social”, el fin de milenio es un período donde las sociedades presentan elementos como la multiplicidad y la complejidad, estos elementos hacen que se vislumbren perturbaciones sociales.

         La situación  de “crisis social” significa que se contemplan en la sociedad caracteres como: la desconfianza, la desorientación y la desesperación. El menoscabo de la  legitimidad juega un papel importante, al igual que la  crisis de creencias para pensar en una “crisis social”, que es - lo considero así - global. La globalización del mundo se ha convertido en una constante en el fin del milenio, el  aprieto  que tuvo México en “el diciembre negro del 94”, afectó mundialmente a las economías que se pensaban muy sólidas y que sufrieron del “efecto tequila”, por tal razón los mercados se mostraron paradójicos y extremadamente fluctuantes. Los mercados financieros demostraron - y lo siguen haciendo - que tienen la hegemonía en el orbe, dominan la toma de decisiones en acuerdos políticos a nivel nacional e internacional. Los mercados financieros comunicados instantáneamente por una red global de computadoras y satélites, han desbordado el alcance de los acuerdos y la capacidad de las instituciones internacionales, esto significa un riesgo para el comercio mundial y para la economía en todas partes.

         En el contexto de la globalización de las economías, el trabajo intelectual está comandando a la producción y ha desplazado de manera importante el trabajo manual, por lo que no se avizoran perspectivas que permitan superar la feroz transformación que se expande en el planeta. Este panorama se expresa dramáticamente en el contexto mundial de globalización y en la agudización de la competetitividad entre  los Estados-Naciones, para atraer capitales que sin más, flotan y se asientan donde reciben mayores ganancias. El panorama de incertidumbre se expresa en México, la perplejidad en que nos encontramos es  heredada de anteriores desequilibrios, ésta hace ver soluciones provisionales que resuelven alternativas inconcebibles en nuestro contexto de “crisis social”. Ante  la “crisis social” que se vive en México, se pronuncian proyectos de “reforma integral” y de “federalismo” para resolver asuntos dados a partir de las perturbaciones de diversidad, complejidad e iniquidad, que traen consigo los factores de la producción científico-técnica y la burocracia de la administración del Estado Moderno en la postmodernidad; estas cuestiones y soluciones las verán en su mayoría los Estados-Naciones emergentes, puesto que no tienen la capacidad ni las reglas para controlar la inversión extranjera. La creciente integración de la economía mundial, trae inaugurados conflictos de normatividad  para los mercados de valores. Son tareas prioritarias de las instituciones internacionales: reglamentar la especulación bursátil, la actividad financiera de capital en títulos; la estructuración de reglas de juego en el mercado, sin dejar de lado los problemas mundiales de medio ambiente y las políticas de mejoramiento de las condiciones de vida.

         Hablar de “crisis social” no significa describir lo que sucede con tal o cual sociedad particular; la globalización mundial significa que la mayoría tiene los mismos inconvenientes. México en una fallida protagonización internacional, puso en evidencia, en la debacle financiera de diciembre de 1994, la crisis de credibilidad social, la creciente inestabilidad política. Es ofuscante tal situación, la circunstancia política es de quebranto de credibilidad, o sea de deslegitimación, y esto es debido al conflicto de valores de la sociedad. La  complejidad y la diversidad  hacen aparecer múltiples valores, esto da como consecuencia una pérdida de sentido, los valores del consumismo y hedonismo desamparan toda propuesta de emancipación humana; huelga decir que también contribuyen a esta pérdida de sentido, los medios masivos de comunicación en las sociedades de consumo generalizado. Dentro de este gran contexto social en crisis, encontramos a la educación superior en México.

         Las Universidades públicas del país no se escapan de los agobios que prevalecen en toda la nación; la devaluación persistente del peso mexicano frente al dólar estadounidense, afecta de manera eficaz las Universidades Públicas, dado que el presupuesto baja en poder adquisitivo,  se reducen los apoyos de inversión de capital, y los  apoyos económicos por parte del Estado. Esto hace que las Universidades Públicas opten por soluciones como una mayor eficiencia interna, recorte de recursos humanos al mínimo, aún sabiendo que hay una carencia permanente  de infraestructura y una cultura del derroche.

Es posible que se presente un acomodo conveniente  de escuelas que no eran competitivas o por lo menos suspensión de las carreras no rentables y de poco mercado; esto significa el cierre de fuentes de empleo y como consecuencia el despido de trabajadores y el aumento del desempleo. Las Universidades Públicas no están inoculadas contra la enfermedad de “crisis social”. Las facultades estatales son contagiadas. Es por esto que        - arriesgo a decir -  por esta crisis de credibilidad socio-política se tendrá un agravamiento en la enseñanza. Para dominar esta situación se tienen que implementar estrategias  para obtener una primordial eficiencia interna y una política de administración de su burocracia. El análisis de las Universidades Públicas tiene que ver con este escrito, porque pone en evidencia la calidad de la Educación Superior en México, así como sus deficiencias por lo siguiente: según  la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), se contempla que es el 95% de los recursos asignados los que son designados al pago de nomina y el resto para financiar los planes, programas académicos y de investigación. Significa que existe un claro desequilibrio entre el apoyo a la investigación académica y los recursos que absorbe cada institución; ahora bien, esto trae como consecuencia los desencantos en la  calidad de la formación profesional porque si no hay inversión, los recursos son mínimos, entonces sólo se atiende la supervivencia de las Universidades Públicas. Preocupa la situación tanto financiera  como de competencia de las instituciones de educación superior de México, es algo que de manera impostergable  cederá a los cambios de principios de siglo.