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martes, 18 de enero de 2011

El otro lado de la moda


EL OTRO LADO DE LA MODA





Vivimos en el presente en una cultura de masas, proporcionada  en parte por la intensificación de la manufactura industrial, éste incremento viene escoltado por una  publicidad tenaz en los medios masivos de comunicación. La conciencia del hombre de hoy  está plena de voluntad individual, es por ello que la noción de “moda” tiene  matices de cultura, economía, política, entre otros ámbitos de la vida del hombre.

         La moda tiene derivaciones complejas en el mundo de hoy; es nuestro modo de vida el que se pone al descubierto. Considero que hay contenidos  inherentes en la moda que vemos cotidianamente, pero que sin embargo pasan inadvertidos. La idea principal que emplean las masas es el cambio en desplazamiento de nuestro modo de ser externo (vestimenta, hábitos, expresión), significa que nos sentimos a placer cuando variamos la  apariencia  y se deja ver los seres nuevos, restaurados;  aunque eso sea  superficial. La  realidad nos presenta formas de ser siempre nuevas, sin embargo,  no hay nada nuevo. Es la moda “retro”, significa que se encontrarán vestimentas y estilos de décadas pasadas custodiadas por la historia y que los modistas presentan como lo último, pero en realidad no lo son tanto. Los escaparates de las  tiendas  presumen la colección de zutano en su  temporada otoño-invierno y son: licras, pantalones, faldas y conjuntos; para la noche, de novias, para la oficina, etcétera; en colores y estilos múltiples; en tejidos y texturas diversos. Encontramos en esa  moda el confort, el desenfado, lo desaliñado, la espontaneidad, lo casual.

         Mucho tiene que ver la cultura angloamericana cuando vemos por las calles a los jóvenes con una frivolidad virulenta con sus pantalones caídos, la camiseta suelta hasta las corvas, con un caminar propio de los negros o caribeños de pandillas de barriada de los Estados Unidos. Alguno de estos jóvenes ha dicho “la vida es demasiado corta para vestir triste”. Los estereotipos se han acabado en la vestimenta, puesto que podríamos encontrarnos en la calle a algún sujeto con el atavío de Michael Jackson, pero con botas vaqueras y sombrero norteño, y para la mujer podría ser zapatos de plataforma. La moda tiene otro lado que la simple comedia  presentada, tiene la forma de ser que tiene que ver con el temperamento narcisista, de uniformidad inconsciente, de actitud desenvuelta, audaz; la formalidad liquidada. La elegancia y el buen gusto, la estética refinada y noble, pasó a ser banal para la colectividad, eso no interesa; sólo lo relax, lo banal, lo sofisticado y extravagante,  -a sabiendas de que no causará ningún escándalo -. La excomunión de la sociedad no se dará porque la moda no la provoca sino que atrae sólo la jovialidad. La aventura llega a los límites, es propia de la generación “x”. Ésta, que toma por sorpresa su habitual adormecimiento y despierta de manera atrevida,  se enfrenta al peligro, es la adrenalina lo que consume con barbarie. Es su naturaleza en los límites, pero no así en la moda, porque no representa un riesgo que afecte su vida; sino, sólo la chispa que contradice. El humorismo se considera una entidad propia de la sociedad de consumo generalizado. Son características de la nueva colectividad: el sarcasmo, la ironía, la risita fácil, la despreocupación total. Veamos la siguiente cita de Guilles Lipovetsky,:


al imitar la ropa utilitaria, la moda suaviza sus referencias, la solemnidad de ‘niña bien’ se disipa, las formas pierden lo que podrían tener de amanerado y afectado, la moda y su entorno cesan de oponerse radicalmente, paralelamente al movimiento universalmente  visible de negación de las oposiciones. Hoy la moda funciona con lo desaliñado, el desenfado; lo nuevo debe parecer usado y lo estudiado, espontáneo. La moda más sofisticada imita y parodia lo natural, paralelamente  - también en este caso - al relajamiento de las instituciones y costumbres postmodernas. Cuando la moda ya no es un polo claramente marcado, su estilo se vuelve humorístico y su principal recurso, el plagio vacío y neutralizado”.


         Paralelamente a lo que dice el autor, pienso que estamos ávidos de la novedad, lo acogemos todo, no rechazamos nada; todo nos parece una comedia, un cuento. Queremos ser como todos, asemejarnos al otro pero con una personalidad “light”, transubstanciada en los objetos que nos rodean. Ahora la vestimenta no cumple una función de identificación social, de grupo o identidad cultural. “en cualquier momento cualquier persona lleva cualquier cosa, independientemente de cualquier afirmación o identidad” los significados están mezclados en la sociedad y no hay manera de implementar una forma de distinción entre ellos.

         El humor en la moda ”retro” se presenta cuando lo inconcebible de los peinados, de décadas atrás o los pantalones de pata de elefante penetraran con pomposidad; se podría apreciar como caricatura de aquellas décadas y cumplir así con la diversión y la risita propia de la moda de ahora. Lo cómico se realiza cuando la originalidad pierde su sentido serio y la novedad se reproduce como un artilugio para estar contentos. Cuando lo nuevo y lo viejo se mezclan, hay un rompimiento de la disposición estética. La historia está completa, cuando tratamos de añadir algo, esa innovación se vuelve frívola, curiosa y divertida.


         “Ciertamente la moda innova, pero sobre todo parodia el cambio, caricaturiza la innovación al programar el ritmo de sus cambios, al acelerar la cadencia de los ciclos, al identificar lo nuevo a la promoción de gadgets, al fingir ser en cada temporada la novedad fundamental”.


Este es el otro lado de la moda, la actitud desenvuelta, despreocupada, el humor en la mezcla de las modas pasadas, la dejadez. Son las  actitudes que encontramos en las sociedades de consumo generalizado, la estética no cumple una función prioritaria en la moda sino que es el humor, la diversión, la dispersión. Es la época  de la  dispersión, de la diversión, del ocio. Se extingue: la crítica, la época en que la actividad del pensar era fundamental y deja esa  condición ante el auge de la pérdida del sentido; el deseo de la disgregación es una constante que impera en cualquier resquicio de la sociedad. El individuo se siente atrapado, y se  enfrenta en la vida que se divierte en la disgregación, en la complacencia del mínimo esfuerzo cognitivo. La condescendencia para no pensar, para no esforzarse por algo. Lo que asoma es lo liviano, la frescura, la risa, el sarcasmo, la desestructuración de la entidad humana que persigue valores, esperanzas, ideales. Se trata de entender los fundamentos del horizonte que matiza la vida. Se ha visto que el tiempo libre ha ganado la batalla. El trabajo pasó a  ser parte de otra categoría y de otro momento. La sociedad se enfrenta a la  selva del entretenimiento, a la jungla del ocio,  a la diversidad de maneras de pasar el rato, las horas, la vida. De lo que se trata es de evitar caer en la efimeridad, en el vacío, en la espuma de una realidad superflua, abortada. La  ambigüedad  se corona  triunfadora desde la incredulidad a un gobernante o a un maestro de cualquier lado. Es la indefinición de la época donde se presentan: la globalización de mercados, la diversidad de los medios masivos de comunicación, la incredulidad general. La informática es determinante para emanar el caos, como crisis  que nace y se queda. Los prosistas describen y sus letras rebotan en el vacío y  tal parece que ese vacío escucha y  repite como un eco que efectivamente es así como es; y trabajan como para nada, creando con sus letras más ocio y es como una autosatisfacción que traspasa la epidermis pero en el aire no pasa nada, sólo el entretenimiento colectivo, el anesteciamiento general. Los autores lanzan una mirada a la vida y ven fragmentado el ser, y no les queda otra más que consumirlo en sus diversas formas, en sus mezclas, en su raudal de apariencias.

         Las temporadas del entretenimiento se vuelven permanentes, se estatizaron para no irse jamás. Las vacaciones son estanques de alivio; se convierten en el paraíso del entretenimiento y se busca la continuidad, la eternidad de la vacación, la perennidad del tiempo libre. La inmortalidad es el valor fugitivo si se habla de ocio, no importa la abulia, no importa el entumecimiento, no afecta el desgane, todos estamos felices; en ese sentido se busca la perpetuidad, para engrandecer la personalidad hedonista.

No es clara la permanente relación angostada de la moda y la política como una dupla conceptual congruente, pero exponiendo apuntes podemos convencernos de que estamos en la situación clave para poder  explicarnos cuestiones tanto teóricas como históricas del entorno.

Señalar esta dupla de conceptos pone en claro la dirección de las problemáticas filosóficas del  horizonte estético, en que está la historia del hombre contemporáneo, y de nuestra particular existencia actual. Las  enunciaciones del concepto de moda junto con sus imágenes y la política como relación de las fuerzas sociales que se tienden en el estado, son nuevas tanto por su entrelazamiento como por su novedad en las sociedades de consumo. La moda analizada por Guilles Lipovetsky, trae numerosas connotaciones de interpretación; hay que señalar su acercamiento a la filosofía postmoderna. A la  crítica mordaz de esta corriente contemporánea, es a donde se ha inclinado este autor; el matiz que tiene la teoría de Lipovetsy es sobre todo de inclinación estética, pero no escapa de ser un tanto literaria por la diversidad de las metáforas utilizadas a lo largo del texto: El imperio de lo efímero, cuyo título desenmascara a todas luces una posición evidente.

La moda, como fenómeno equiparable al evento de lo siempre nuevo, como punto medular de la llamada modernidad, tiene en su interior conceptualizaciones que bien podríamos llamar de la era del fin de la metafísica, y que tiene ecos que circulan en todo el orbe, cosa que convierte a este fenómeno en cultura de masas; es decir, en cultura mundial. Veamos que el fuego de la moda se torna en incendio cuando toca la base de las masas, rejuveneciendo el ego, la vanidad, la individualidad. Es la efimeridad, la futilidad del momento quien dignifica la actualidad, un presente que es ineludiblemente social, y es precisamente la moda una disposición social, un juego sociohistórico, es, - como dice Lipovetsky - “fantasía estética” que llega a contenerse en la historia humana; pero, agreguemos, - citando a Nietszche -  que la modernidad actual no es otra cosa que volver a vestir las ropas de algún periodo histórico del hombre, pues ya no hay nada de novedad, es decir, que la fiebre moderna de las  novedades ya no causa ninguna impresión, ninguna gracia, y como dice Nietszche “la realidad se convierte en fábula cuando el mundo ya no tiene nada que ocultarnos, y los cimientos no tienen ningún sentido”.

Si vemos  a la moda de un modo singularmente claro, tendremos que en el vestido estamos regresando décadas atrás, e incluso podríamos augurar que marcharemos siglos atrás  en la moda del vestido, tratando de buscar una identidad para los principios del milenio. Veamos seguidamente las implicaciones y correlaciones que tiene la cultura de masas en el capitalismo actual. La curiosidad de buscar lo nuevo permanentemente como emancipación y utilizando los mass-media, trae como consecuencias, la manipulación de los gustos a través de la publicidad, el consumo de esta manera se eleva a volúmenes  imprevisibles con la intensificación por las fuerzas productivas automatizadas y la tecnología de última generación; dicho fortalecimiento hace ensanchar las exigencias de los mercados, a tal grado que las empresas transnacionales y monopolios traspasan fronteras, reblandecen soberanías e identidad nacionales. Es precisamente en esta bifurcación  donde se yuxtaponen la relación de la moda con la política. Estrategias y tecnología se encaminan enlazados a resolver los enigmas del mercado, y del mismo modo el abrazo de la política con la economía; para sostener la manipulación de los intereses, las “razones democráticas” y la certidumbre de los partidos. Si teniendo en cuenta la  relación estrecha entre política y medios masivos de comunicación, entonces gozamos de rebasado entendimiento de que es precisamente así como se adquiere legitimación en la política. Las interrelaciones en los estados-naciones entre ambos conceptos son complejos. Las instituciones son traspasadas sin amilanarse por esquemas burocráticos, y esta fluidez llega a leyes constitucionales de los tres poderes. Los dispositivos de legitimación se dan a partir de luchas por el poder, del discurso político y este discurso político se inclina a una soberana concesión cuya omnipotencia es el mercado. El libre mercado tiene secuelas nacionalmente substanciales que van más allá de sólo pagar la factura de: la nacionalidad, la independencia y soberanía de una nación.