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martes, 18 de enero de 2011

El simulacro



EL SIMULACRO





No logro entender el sentido de  ocultar la hipótesis de  la crisis de credulidad política, que antecedió a la  debacle de diciembre negro del 94 mexicano y que, al hacerlo, afecte de manera dramática la expresión de la cultura. La libre expresión en la sociedad se basa en la democracia de la cultura; sin ésta, el terrorismo cultural se presenta en forma de ignorancia institucional. La catástrofe financiera que azota nuestras economías, ha golpeado a la cultura y a las posibilidades de la libre expresión, los  espacios culturales se reducen de manera drástica por las limitaciones presupuestarias sea cual fuere el medio de expresión.

         La cultura en sus diversas expresiones no estaba  vacunada contra la “crisis social”. Hoy tenemos - a mi parecer -  una crisis cultural; al ocultarse la realidad, los factores reales hasta donde permea la inestabilidad, se  diezma la consonancia entre la cultura que se presenta y la sociedad del día de hoy. La “crisis social” significa que también está en crisis la parte cultural de la sociedad; ocultar esta crisis, haciendo como que no pasa nada y todo sigue igual que siempre, es estar fingiendo amargamente un simulacro, es el velo de la apariencia cultural la que cubre hipnotizando con el disimulo.

Los que dedicamos nuestro tiempo en los aspectos de la cultura, estamos integrados a esa sociedad  en crisis, los problemas nacionales e internacionales nos afectan de igual manera como nos afectan los problemas regionales, a nivel local; y no es posible, cortarnos la cabeza y colocarnos la mascarada insensible de la ocultación. La cotidianidad tiene aspectos ricos en cultura; la diversidad de la expresión, de la innovación, de la libertad de pensamiento, de la mente independiente; son asuntos que debemos cultivar; acrecentar e implicar en la competitividad; nuestra identidad tlaxcalteca debe ser objetivo prioritario de nuestras autoridades culturales. El brote o no de estas actividades culturales, está en las posibilidades que se presenten y las oportunidades que captemos. La ventana del simulacro tiene - a mi parecer - un paisaje pusilánime, triste y melancólico que se verá en la historia, junto a esta ventana, está la puerta que comunica a una selva cultural, es la puerta que llama a una conversación con la humanidad y una identidad con la sociedad actual.