Translate

jueves, 20 de enero de 2011

El tope



EL TOPE





Desde que los conozco, he tenido un gusto por los topes, que hermosos se ven allí en las calles, en las carreteras de los pueblos, en las avenidas; son algo de lo que los mexicanos deberíamos de sentirnos orgullosos. La idea de realizar un tratado breve sobre los topes me ha surgido de tiempo atrás, en las ocasiones en que me trasladaba a algún sitio o las veces en que los veía con su porte hermoso, regio, casi divino. En no pocas ocasiones he escuchado salvajadas ofensivas para con los topes, pero yo como un insuperable abogado, los defiendo.

La raíz etimológica de la palabra “tope” seguramente es muy antigua y podría familiarizarse con el concepto de “tópicos” Los “tópicos” para Aristóteles eran los objetos propios de los  razonamientos dialécticos y retóricos, cosa que no tiene que ver mucho con nuestro objeto de estudio pero que más o menos nos vamos acercando por aquello de la retórica, siguiendo la historia del concepto llegamos a los retóricos latinos con Cicerón a la cabeza cuya idea de tópicos era la de “argumentos que no aumentan el saber pero que son instrumentos de persuasión” y aquí hacemos un alto total para subrayar el parentesco de ambas palabras debido a la oración “instrumentos de persuasión” para que vea el lector que no andamos tan perdidos buscando en libros viejos y metafísicos. La noción continuó su caminata etrusca hasta llegar a la lógica medieval con Boecio y luego fue Vico quien le daría el carácter a la palabra tópico de “arte propio del ingenio que es la facultad de la invención”; y así media docena de filósofos de alto rango hasta llegar con el filósofo autor de la crítica de la Razón Pura. Con Kant la palabra Tópico se corona triunfante pues Kant habla de una “tópica trascendental” en este sentido la tópica Kantiana coincide de manera sorpresiva con nuestro objeto estudiado por lo que a continuación expongo.


El tope que actualmente conocemos y que el diccionario nos describe como: Pieza  que sirve para detener o limitar el movimiento de otra, punto donde estriba la dificultad de una cosa. Fue descubierto desde tiempos inmemoriales y creo que es posible pensar que haya sido concebido mucho antes que la invención de la rueda y por supuesto de los caminos; pero  imaginándonos veamos como este pedazo de arte pudo ser creado tan excelsamente por los humanos. Dios creo a los topes y los humanos le pusieron erráticamente por nombre: montañas, allí tenemos la cordillera del Himalaya en Asia, la sierra Nevada en Norte América y la cordillera de los Andes; los Alpes Suizos y los Pirineos por nombrar algunos cuya función es limitar el movimiento de los vientos puesto que a barlovento las tierras son más beneficiadas por las lluvias mientras que a sotavento existen extensiones de tierra árida y desiertos, además que estos topes no se limitan a detener la humedad sino que también sirven de tope para evitar la mezcla de culturas, el intercambio de genes entre las distintas razas entre otros socorros. Ahora bien, los hombres, como siempre ha sucedido, han imitado las cosas de los dioses y allí tenemos como ejemplo la Muralla China, el Muro de Berlín, la línea Maginot y para no irse tan lejos la muralla que construyeron los Tlaxcaltecas para protegerse de sus enemigos. Como veremos, las cosas a como pasan  los siglos se van empequeñeciendo, pero no su importancia.

Con el paso del tiempo el tope se fue amoldando a nuestra época y al día de hoy participa en nuestra cotidianidad como “instrumento de persuasión” y como “arte propio del ingenio que es la facultad de la invención” sin olvidar la trascendentalidad kantiana que podría tener. El tope como pieza que sirve para limitar el movimiento de algo, es altamente estética si sabemos apreciar la filosofía oriental, ya que todo aquello que no cambia, que permanece, y medita su camino llega a la conformación del uno, de la unidad, también se ha de saber que el espíritu que frena, que limita su movimiento a lo más básico se encuentra con el Ser. Por otro lado, si consideramos al tope como obstáculo, no olvidemos que muchos atletas han encontrado la gloria y han recibido medalla de oro en las olimpiadas sólo por saltar obstáculos. Podemos continuar diciendo que el tope es una pieza estética puesto que podríamos hacer un símil de él con las curvas de Afrodita y no torpemente con el jorobado de Notre-Dame. Se puede decir que el tope es símbolo de templanza, virtud que estamos empeñados a olvidar y que los griegos tuvieron a muy buen celo; el tope es sinónimo de rectitud, de fortaleza, de incorruptible y del cual todo mundo le hace reverencia al pasar sobre de él y sin percatarse. El tope es una entidad metafísica como ya lo expusimos líneas arriba y llego a afirmar que es punta de lanza de nuestra Postmodernidad, además será en el futuro un elemento antropológico que los futuros arqueólogos darán connotaciones mágicas y míticas. Cavilando, es posible que estemos en el preámbulo de un mito: el mito del tope, como lo ha sido el mito de Narciso, el del Minotauro, el de Edipo; he de afirmar de algún modo que el tope es el nuevo tótem moderno, elemento potenciador de nuestros horizontes. Por otro lado quiero echar por tierra todo prejuicio que se ha dado en torno a él, el tabú en el que se le  ha contextualizado, pues como todos sabemos a las cosas de mucha razón, primero son negadas y después son afirmadas como verdades inobjetables.