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martes, 18 de enero de 2011

erotismo sexo y soledad

III

EROTISMO,SEXO Y SOLEDAD





Me gustaría abordar la siguiente selección de conceptos y desarrollarlos. La selección hace sospechar que en sociedades con alto contenido de la cultura de consumo, con urgencias mercantilistas, auges tecnológicos y globalización mundial; se tiende a ningunear e insignificar la subjetividad de alguna manera. Es importante para mi - y lo quiero recalcar en este ejercicio - ver las correlaciones entre el horizonte precedente, con la subjetividad.

         Es posible pensar que nos acercamos a una “era del vacío”  - como afirma Lipovetsky -, el hueco intestinamente vano, fofo del hombre. Creo atisbar la soledad pendiente de la próxima Era en la insufructa riqueza de la interioridad; aunque he de considerar también que  podría ser una maquinación caprichosa. El objetivo es poner en este escaparate, las relaciones de conceptos como erotismo, sexo y soledad entendidos en la actualidad. Ésta triada de palabras tiene estímulos culturales de importancia.

         La palabra erotismo viene del griego. Significa amor, pasión fuerte de amor, exacerbación del amor sensual. Cuando figuro la palabra acude el Dios griego de Eros: Dios del amor. Entre los dioses romanos es la diosa Venus. La mitología antigua nos muestra los avatares amatorios entre el Dios Eros y Afrodita; así también de la diosa Venus con Cupido. La relación de Venus y Cupido representa el enlace eterno de las pasiones amatorias humanas. Eros y afrodita es el ejemplo más añejo de amor, de la pasión. He de señalar que esa pasión fuerte de amor se presenta con sus variantes, el ejemplo es Narciso y Narciso-reflejo. Otro ejemplo. Los convites orgiásticos de Venus y sus damas de compañía con los sátiros en los jardines musicales y paradisiacos del Olimpo. Otro ejemplo más lo encontramos en el libro de Daniel en las sagradas escrituras. En este libro se cuenta la historia de Susana, donde dos jueces viejos del pueblo de Babilonia se apasionan de Susana, hija de Jilquías y esposa de Joaquim. En el Jardín, cuando ella está a solas bañándose, se aproximan los dos viejos jueces y le confiesan “nosotros estamos llenos de pasión por ti; consiente y entrégate a nosotros[1]. Lo que aconteció después es interesante  pero para el dato baste señalar la diversidad de formas del erotismo en la historia de la humanidad. Aunque tendería a considerarse una inclinación hacia lo Dionisiaco más que hacia lo Apolineo, el erotismo es la característica de la relación dual y reconocimiento veras con la otredad. El mundo del término erotismo es basta y al mismo tiempo contrastante en los círculos del individuo (en la concreta intimidad de su existencia). En otro sentido, lo encontramos en las estructuras lingüísticas, semióticas; en el mundo que representa la sexualidad en lo social o bien se puede también observar sin sorpresa y abundancia en la publicidad, en todo ello como insinuado.

         Para los griegos, el erotismo es seducción, fascinación, hechizo, encantamiento de algo o de alguien o bien de la misma vida, de la existencia.

         La relación erotismo-sexo está tan entreverada que el ejercicio de separarlas es harto escrupulosa y al final tal vez insatisfactoria y frustrante; sólo quedemos que sexo es la conexión inexorable, la relación, la ilación, unión, conjunción. Para Wilhelm Reich, sexologo freudiano de la década de los veinte consideraba que: “La sociedad modela, transforma y reprime las necesidades humanas; así es como nace la estructura psíquica de los hombres, una estructura que no es innata, sino que se desarrolla en cada miembro social individual durante el perpetuo combate entre necesidad y sociedad”. El pensamiento que era sostenido en la segunda década del siglo veinte era el de la lucha de clases, la emancipación de las ataduras sociales y la investigación psicológica del hombre; los pensadores de esa época señalaban al estado y su sociedad como el Leviatán descrito por Hobbes, el monstruo que gobernaba todo con una superconciencia y sobre todo la sexualidad. Para  profundizar más, encontramos en Foucault una historia de la sexualidad[2].

         El erotismo-sexo la he asimilado en cierta manera con el vocablo de soledad, que si bien es rechazada tan pronto se le observa, tiene su justificación en lo siguiente. Para poder abordar esta conceptualidad he de remontarme a las ideas del filosofo que proclamó la muerte de Dios: Nietzsche, como uno de los pilares desde el cual - se entiende - es criticado el cimiento primordial de la modernidad. Nietzsche es un autor critico, cáustico, explosivo, hiriente, transformador, nihilista; es el autor que ataca los conceptos de progreso, libertad, compasión, democracia. Nietzsche inició el camino de lo que en cierta manera sería la critica de la modernidad. Nietzsche es de los filósofos que da cuenta de que el hombre es cuerpo, existencia terrena, vida corpórea. También encontramos en su obra las ideas de soledad. Ahora bien, otro de los filósofos que se incluyen en esa línea es Heidegger, sus ideas del “ser como evento”, como representación, fluyen hacia un olvido del ser; es decir, pronuncia el fin de la metafísica (o por lo menos da cuenta de ello) y señala la importancia de la existencia, del “ser allí” o sea del “Dasein”. La “Sorgue” es un existenciario que se traduce como “la cura”, “la caída”; esta idea tiene nexos con la idea heideggeriana del “olvido del ser”. También se atisba la soledad como trasfondo - recordemos que su posición esteticista en lo más radical es el silencio como la conexión más real con el Ser.

         La soledad entendida en las dos versiones anteriores queda comprendida una como la soledad necesaria para el desarrollo de la “voluntad de poder” al estilo de Zaratustra[3], en Nietzsche  encontramos una serie de ideas acumuladas que tienen que ver con el odio a las masas, la multitud, la muchedumbre que se siente a gusto en la mezcla y no soporta estar a solas; Baudelaire esclarece la actitud de algunos que huyen de la soledad “… corren a olvidarse entre la muchedumbre temerosos, sin duda, de no poder soportarse a sí mismos”[4] la otra versión es Ontológica y metafísica queda señalada como una soledad de castigo - si se puede entender así - teológico o demiurgico.


         Se podría anotar otro tipo de soledad - aunque eso de tipificar las soledades suena a trabajo burocrático - es aquella en la cual la soledad es percibida como ausencia de otro, como la sentida en los poemas de amor de Pablo Neruda: “Pensando, enredando sombras en la profunda soledad. Tú también estás lejos, ha más lejos que nadie. Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes...[5]




[1] La Biblia, libro de Daniel 13-19
[2] Para ahondar más sobre el tema  véase a: Michel Foucault Historia de la sexualidad 2, el uso de los placeres serie teoría, colección Martí soler, Editorial Siglo Veintiuno Editores S.A. de C.V. tercera edición en español, 1986, 237pp. Específicamente el capítulo IV; y también, Bataille El erotismo editorial Tusquets.
[3] Nietzsche Federico  Así hablaba Zaratustra ,Editorial Época S.A.
[4] Baudelaire Carlos Poemas en prosa  ,traducción E. Diez Canedo, Madrid, 1920, Editorial CALPE, pagina 70.
[5] Neruda Pablo Antología Especial Introducción y prólogo de Hernán Loyola. Editorial Lozada, Buenos Aires, 1971 Veinte Poemas De Amor, pagina 44.