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jueves, 20 de enero de 2011

La Arroba


LA ARROBA





Esta es una oda a la arroba, himno romántico y plañidero a la arroba. Sin la arroba no somos nadie, dependemos de la arroba para ser, para no sentirnos tan solos; El ratón se ha aclimatado  al sobo  continuado, al clic sobre la arroba, al gobierno del signo acaracolado; pronto mis caricias al carácter dejarán de ser escrupulosas. A mi computadora la remojé un poco en el agua para que corriera  más rápido los programas, sobre todo aquellos que llevan por misión mandar un mail (con el uso de la arroba) La arroba nos ha evangelizado, gracias a ella hemos dejado de ser incivilizados, pobres de aquellos que no conozcan la arroba porque serán unos orangutanes, aborígenes miembros de eras anacrónicas, o sea aquellos que usan los timbres aéreos en vez de la arroba. Ahora formo parte de esa comunidad cuya religiosidad se dirige a la arroba porque ella nos ha salvado, nuestro verbo ha renacido, hemos fortalecido los lazos y nuestra incertidumbre ha desaparecido, porque la arroba según su constitución nos conducirá no hacia un laberinto sino hacia la eternidad tal cual el significado de las caracolas.  Esa figura tiene una constitución ósea propia de la era del Internet, del entramado dentro del entramado y así hasta el infinito, ella es el emblema más apropiado de Dios porque tiene la “a” primigenia del abecedario aquella que nos convierte en seres verbales. Contraseña señera para que nos entienda la máquina, sello direccional dador de vida, de existencia, de personalidad porque todo nombre lleva una arroba, toda dirección lleva una arroba, ella es todo complemento, es una entidad incluyente. Emblema custodiado por una “c” de casa, en el cual todo aquel que quiera puede guarecerse en su interioridad. La arroba se convierte en nuestro pasaporte que abre caminos y tumba fronteras, es también el transporte que conduce nuestras palabras, ideas y leperadas sin distingo de oraciones. Inexorable garabato que todos rubricamos como inequívoca infusión de chamán de Catemaco. Nuestra fruslería queda objetada y nuestra importancia templa su sonoridad en los medios de comunicación; ahora somos libres, viva la democracia porque todos nos entendemos de maravilla, somos felices en esta nueva moral de la arroba que nos constituye; ella como liberadora del pensamiento nos hace compartir nuestros sueños con los sueños de los poderosos, de los pudientes, porque gracias a ella nuestra voz no será ahogada, nuestra palabra sonará igual de fuerte y enjundiosa como el que más. Estaremos  juntando el conocimiento en recipientes  cada vez más pequeños como la corcholata de un refresco y mi obra literaria podrá ser almacenada en recipientes casi intangibles, pero la arroba ¡Oh! La arroba  será la llave de la misericordia, la unidad enciclopédica que lo contiene todo y alimenta hasta la misma genética que poseemos. Ella es nuestra cobija, el mito que andábamos buscando, la entidad deificable  e inmaculada  que todos alabamos.