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martes, 18 de enero de 2011

La democracia entre los sexos.


LA DEMOCRACIA ENTRE LOS SEXOS.





La democracia que abogamos para una sociedad, tiene que empezar por librar de las ataduras del sexismo y las discriminaciones sexuales. La colectividad es compleja y de problemáticas variadas, entre esos conflictos existe uno que ahora nos llama la atención. Es sobre la cuestión de la mujer, sobre el apoyo a la emancipación de la mujer y la abolición de discriminaciones por el sexo debido en grado alguno al orden social masculino.

La producción en el trabajo ha funcionado según una estructura masculina, la organización en el trabajo es excluyente, pues, por razones de sexo y de una forma totalitaria, se juzgan las capacidades de inteligencia y las capacidades individuales, siendo con esta expulsión las mujeres las más afectadas. Si la sociedad se inclina a la primacía del saber teórico en el desarrollo del progreso, entonces la clase especializada de profesionales  y técnicos con mayor razón debe ser mixta. El proceso que tiene la vida en la actualidad es lo que ha permitido el cambio de las referencias sociales, de los roles tradicionales en la sociedad; la mujer tiene que trabajar fuera de casa para sostener a su familia porque si no, la dependencia económica aumenta y las ataduras en las responsabilidades maternales permanecen.

En la esfera de la política es donde se pone en evidencia los desequilibrios entre sexos. La política es masculinizante, y  de apoltronado machismo, de manera tal  que unifica a los hombres y excluye en cierta manera a la  mujer; es por eso que ganar peldaños de dirigencia es casi imposible, a mi parecer no hay igualdad, la democracia entre los sexos es dudable, por ello los movimientos de reivindicación de la mujer, están animados por los ideales de igualdad, de democracia entre los sexos.

Considero que la época en que vivimos, las mujeres cumplen una función importante; la revolución sexual y las oportunidades de desarrollo de la personalidad para todos, están liberando de los convencionalismos  rígidos, de los roles puritanos  y de los prejuicios autoritarios. Antes se veía mal que un hombre se encargara  de los cuidados maternos, ahora la obligación es de pareja  y se comparten  las obligaciones del hogar. La educación por lo general estandariza, normaliza las personalidades según su sexo y así el sistema de roles permanece; es decir, tener por hecho de que la mujer a su casa y el hombre a su trabajo para sostener el hogar, es un clásico ejemplo de los roles estandarizados en la tradición, es así que el problema al cual nos enfrentamos para la defensa de la mujer es el problema  de la maternidad. Es innegable pensar que existen privilegios para los hombres, de los cuales las mujeres carecen, estos privilegios se dan a partir de la maternidad. Existe a mi parecer una estructura lógica que es natural o impuesta que privilegia a los hombres por los prejuicios dados a partir de la maternidad; para equilibrar esto, el Estado debe de implementar las balanzas  para que la democracia entre los sexos en la sociedad sea compensada. En los  regímenes coercitivos primordialmente es donde se asoman de manera infame la tiranía masculina y la  discriminación subyugante de la mujer.

Ahora lo masculino y lo femenino se mezclan, para bien de la sociedad; el hombre no perderá los pantalones si ayuda a preparar los alimentos, a barrer la casa o bien cambiar un pañal, y una mujer no perderá su aspecto femenino si trabaja de taxista o de empresaria o si estudia ingeniería civil o mecánica. Se debe de forzar por una legitimación de todos los modos de vida, las oportunidades para la mujer es el esfuerzo de hoy. La lucha del feminismo es legítima si se trata de democracia entre los sexos en la sociedad. La jerarquía masculina es rompible. El poder del hombre sobre la mujer puede diezmarse. Se debe buscar el compartir el poder en todos los estrados, en todas las esferas, en todas las entidades sociales. Para la mujer, la conquista de la identidad personal debe ser permanente, el derecho de ser ellas mismas debe ser constante. El apetito de personalidad es genérico, incluye a todo ser humano el deseo de construir su personalidad y no hay razón para negar esa posibilidad al  género femenino. Se deberá buscar a la voz de ya, una democracia entre los sexos en donde la maternidad, o sea los hijos no sean un impedimento, no funjan como ancla o prótesis de la mujer y que  haga que disminuyan las posibilidades de desarrollo de su personalidad; éstas son tareas encomendadas para las mujeres de hoy. La liberación de la mujer tiene que ser clara, concisa, propositiva, razonable, sin roces ni desajustes sociales porque sólo estamos hablando de los rezagos de los derechos individuales en la mujer y uno de ellos es la democracia entre los  sexos en la sociedad.