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jueves, 20 de enero de 2011

La difunta filosofía académica




LA DIFUNTA FILOSOFÍA ACADÉMICA

 




El presente trabajo aborda una preocupación muy singular puesto que aborda el tema de la filosofía y más particular aún el de la carrera de filosofía en las Universidades Publicas; así como también las distinciones entre el filósofo, el docente de filosofía y la filosofía institucional y la privada o la que se da fuera de las Universidades. Habría que hacer la  diferenciación entre lo que es ciertamente filosofía como creación de ella, como investigación filosófica y lo que es pedagogía de la filosofía, historia de la filosofía o bien retransmisión del saber filosófico, o bien doxografía. La filosofía dentro de las instituciones de educación superior está más que muerta, más no su retransmisión, dentro de las instituciones sí se hace en algunos casos investigación filosófica pero no llega a lo relevante o sea a un cambio de paradigma filosófico puesto que su misma burocracia frena cualquier ápice de novedad, además de que dentro de ese ambiente contextual académico, el del gremio de enseñantes profesionales, lo que se busca es una mayor remuneración, hacer puntos, subir de grado dentro de las jerarquías de grupo, además de que no hay una comunidad real académica pues las rencillas, el ninguneo y envidias hacen fruto hacia la dispersión.

Ahora bien, que se puede decir del nivel académico de un egresado de la carrera de filosofía. No veo otra cosa que tristeza. No manejan las obras más elementales, no saben de griego o alemán y difícilmente pueden sostener una plática durante unos minutos sobre algún tema ya no digamos defender una postura filosófica. Y esto no es sólo debido a la carrera sino que entran a ella  casi, casi a aprender a leer y a escribir realmente, y en algunos casos ya es demasiado tarde, pero para no desviarnos del tema regresaré al tratado que nos ocupa que es en lo que toca a la filosofía. Una de las grandes invenciones de la academia ha sido el establecimiento de la “libertad de cátedra”, al tiempo que vivimos se ha desvirtuado tanto que cualquiera con tan sólo leer unos manuales se piensa que ya puede dar cátedras de cualquier cosa y hay atrevidos y más que atrevidos son cínicos que son “todologos”  de todas las cátedras y todos los saberes y son sin más sólo chambistas que buscan completar las horas y con el pretexto de la “libertad de cátedra” someten en su discurso las distintas ocurrencias didácticas, las más osadas improvisaciones, la invención y el ingenio para entretener al auditorio hundido en la ignorancia pero eso sí con hambre de saber. Ha habido en las distintas universidades más renombradas, hombres de saber dentro de su área, verdaderos catedráticos que han pasado gran parte de su vida estudiando e investigando en ese ápice del saber humano; cuando les toca hablar sobre el tema, utilizan esa libertad de cátedra para exponer, como eméritos, como artistas de la palabra, como doctos de ese su discurso y verdaderamente su exposición llega a ser tan enriquecedor que muchas conferencias son imborrables, nutrientes para el espíritu. Como ejemplos podemos traer a colación las clases  que daba Heidegger o Adorno o Levinás, todos ellos exponentes de sus ideas y con una  singularidad  para ver la filosofía, para presentarla.

Los cambios de programas realizados años atrás debido a una exigencia de la ANUIES sirvieron de muy poco pues se hicieron los cambios haciendo borrón y cuenta nueva, no se analizó la viabilidad de los anteriores programas, no se rescataron sus logros; sólo hubo imposiciones dictatoriales. La continua reestructuración de los planes de estudio en la Universidad es sólo un nutriente y atmósfera para la mercantilización de la Universidad. La Universidad  y sobre todo el área de Humanidades ha pasado a ser algo así como un sitio para acostumbrarse a la perdida de tiempo y el ocio en comunidad o como centros de reposo para hippies con clase. Muchos han de ver a la filosofía como un conocimiento parasitario, una carga para las distintas carreras que sí producen ganancias. La filosofía carece de apoyos de inversión, porque se considera como un conocimiento superfluo, pero considero que en el futuro, cuando la taza de desempleo crezca de modo alarmante, seguramente los tecnócratas pondrán las miradas en estos saberes de ciudadanos educados; Pero más al momento, haría falta  un informe sobre la carrera de filosofía en las Universidades Publicas, tanto logros, como problemáticas  suscitadas durante todo el periodo desde su formación, así como viabilidades, datos porcentuales sobre egresados, sondeo para conocer que hacen y seguimiento de las políticas institucionales, de la academia y estudiantiles; también podría contener este informe un atisbo sobre las tendencias en las distintas Universidades.

La postura que sostengo pretende exponer sólo una conciencia libre sin tratar de llegar a algún consenso, algún diálogo o interés, no me dirijo a la autoridad sino al mismo discurso, no pretendo cambiar nada, sino sólo nombrar las cosas, hacerlas presentes, poner en evidencia, aún después de este modesto ensayo se puede continuar con la actividad filosófica habitual hasta el infinito.

Se tiene la idea de que no hay manera de hacerse cargo de los problemas filosóficos desde otro lugar distinto como si ese único lugar tuviese dentro de sí las múltiples perspectivas; es por ello que desde este supuesto podamos intuir que las pretensiones de validez valen tanto fuera como dentro de las instituciones. Pongo de manifiesto que no es lo mismo filósofo que profesor de filosofía pues el primero no tiene como condición estar dentro del entramado estatal burocrático universitario o pedagógico, pero sí se puede llegar a ser profesor de filosofía sin llegar nunca a ser filósofo ni tener siquiera un solo juicio realmente crítico. Uno de los lugares donde la filosofía daría fruto y ha dado en otros tiempos es lejos de las instituciones académicas, es decir en instituciones privadas, en centros de investigación que estén lejos de cualquier sujeción de autoridad que impida la critica, la invención, e iniciativa para vislumbrar horizontes distintos de pensamiento, donde se podría aumentar esa producción de tendencias con la multidiciplinariedad de los proyectos o bien en la soledad como con Descartes o Nietzsche. Lo que queremos dar a entender es que la filosofía no debe quedar únicamente circunscrita a la academia universitaria sino que brota cuando los ciudadanos ilustrados tienen el suficiente ocio y talento para desarrollarla. Pretender que el profesor de filosofía sea el albacea de la filosofía es querer darle una importancia excesiva a un funcionario que en la mayoría de los casos deja intelectualmente mucho que desear y de lo único de lo que se ocupa es de su salario y de su carrera meritocrática escondiendo su incapacidad filosófica bajo montañas de embrollos metafísicos.