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martes, 18 de enero de 2011

La función de los museos


LA FUNCIÓN DE LOS MUSEOS





¿Qué mira el espectador cuando ve los objetos de un museo, comprende lo que ve? Es uno de los interrogantes que hacemos, son preguntas que se hacen los intelectuales y que también elaboran los artistas de renombre. Es necesario reflexionar sobre la función de los museos y así evitar que algunos de ellos se acaben convirtiendo en mausoleos. La siguiente cita de Nestor García Canclini afirma lo dicho anteriormente:

“Quizá hoy algún tipo de nacionalismo es más necesario que en otras épocas, ante tanta desnacionalización, privatización y pérdida del sentido de lo colectivo y de lo público. Pero para que los museos no se  confundan otra vez con los mausoleos por ser los conservadores, más que de objetos de ideologías en desuso, deben reestructurarse para recoger el movimiento y la experimentación contradictoria de nuestras sociedades polifónicas.[1]

         Si el museo se quiere convertir en un centro de devoción, más que de crítica y pedagogía, me parece que está equivocando su orientación. Es indiscutible tratar de que el museo sea autocrítico, que muestre todos los elementos por los cuales está inmerso en la sociedad, en la cultura, y que cumpla su carácter de divulgador del ámbito cultural.

         Me parece que las políticas museísticas superan toda propuesta de exposición racional y que la burocracia hace otro tanto de las imposibilidades para apreciar la historia por medio de los objetos presentados en un museo. Los métodos de clasificación inconcebibles, la sistematización excesiva, el objeto dignificado, son formas de resquebrajamiento  de una institución que cumple una función de transmisión de conocimientos. Si nos ponemos a observar un objeto en un museo, - ya sea aquél que se encuentre dentro de una vitrina o bien aquello que está más allá de la cadena de seguridad -, sólo es un objeto, tiene en cierta manera, y no en todas, la valoración histórica que la hace poseedora  de un lugar en ese museo; y, también en algunas piezas, y no en todas, el objeto contiene un manifiesto atractivo estético. Ahora bien, que sucede cuando se nos presenta un universo irracional e incoherente de rótulos, de esquemas históricos antipedagógicos, o bien cuando los arqueólogos, investigadores y antropólogos  tienen equivocaciones inusitadas  y ponen como cierta algo que sólo es su interpretación, o cuando no tienen otra salida dicen: “mítico, por lo tanto incognoscible”;  qué sucede cuando en la excavación equivocan el proyecto o bien no clasifican porque la burocracia es más fuerte, para entonces en lugar de tener en la vitrina la pieza completa, sólo observamos un rompecabezas donde con mucho entusiasmo hay que utilizar la imaginación. Lo que aquí estoy diciendo es que existen amenazas y distorsiones en una instalación, en una exposición, y que los directivos deben detectar, capacitarse para que un museo sea base de identidad histórica y al mismo tiempo, dinámico, entretenido y de fácil acceso.

“El arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, que dirigió la construcción - del Museo Nacional de Antropología -   relata una anécdota que es como el mandato fundador del museo: Torres Bodet (el secretario de Educación) me llevó a una entrevista con el Licenciado López Mateos y le dijo: ‘Señor Presidente, ¿qué indicaciones le da usted al arquitecto sobre lo que debe lograr ese museo?’ La respuesta fue: ‘que al salir del museo, el mexicano se sienta orgulloso de ser mexicano’…Ya cuando íbamos de salida, el presidente dijo: ‘Ah, quiero además que sea tan atractivo que la gente comente ¿ya fuiste al museo?, igual que como dice ¿ya fuiste al teatro?, ¿ya fuiste al cine?”[2]

         Generalmente cuando pensamos en museos nos viene a la imaginación cosas polvorientas, viejas, cadáveres, pinturas craqueladas, artefactos y para acentuar esto, nos dice Theodor W. Adorno (Valery Proust Musaum) “La palabra alemana ‘museal’ (propio de museo) tiene connotaciones desagradables. Describe objetos con los que el observador ya no tiene una relación vital y que están en proceso de extinción. Deben su preservación más al respeto histórico que a las necesidades del presente. Museo y mausoleo son palabras conectadas por algo más que la asociación fonética. Los museos son los sepulcros de las obras de arte”[3].

         Entonces, considero necesario reformular la función que tienen los museos en la actualidad y que no desfallezca o bien, se conviertan en elefantes blancos, inhóspitos y abandonados, esto sólo si las autoridades ponen a consideración las críticas y no confinar éstas a sólo un comentario de pasillo. Los museos en Tlaxcala son interesantes y contienen una riqueza invaluable de elementos de la época prehispánica, del virreinato, de la revolución; así como  de tradiciones populares y artesanías. Considero que hay más que presentar en un museo. El universo de representaciones incumbe también aquellos caracteres extraños y singulares en la historia, es heterogeneidad de elementos en una exposición y el carácter principalmente pedagógico, lo que va a hacer que una institución como un museo funcione de manera aceptable.




[1] Bonfil Castro Ramón, Nestor García Canclini et. al. Memorias del simposio: Patrimonio, Museo y Participación social colección científica 1990, Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ponencia de Néstor García Canclini “¿A Quién representan los museos nacionales? El museo Nacional de Antropología ante la crisis del nacionalismo moderno” pagina 116, 357pp.
[2] [2] Bonfil Castro Ramón, Nestor García Canclini et. Al. Memorias del simposio: Patrimonio, Museo y Participación social colección científica, 1990, Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ponencia de Néstor García Canclini “¿A Quién representan los museos nacionales? El museo Nacional de Antropología ante la crisis del nacionalismo moderno” pagina 115, 357pp.
[3] Eduardo Subirats  La Flor y El Cristal, Ensayos Sobre Arte y Arquitectura Modernos, colección Hermeneusis, Editorial Anthropos.