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martes, 18 de enero de 2011

La historia: elemento base en la modernidad

LA HISTORIA: ELEMENTO BASE EN LA MODERNIDAD





         La ciudad de Tlaxcala no ha sido para mi sólo una ciudad para vivir, o un lugar donde podamos sentirnos cómodos codeándonos de su historia. Sino, el contexto donde la historia y el tiempo incesante se mantienen unidos. La ciudad de Tlaxcala es la entidad tradicional donde confluyen su historia con el mundo de hoy. ¿Por qué pensar en esto de la historia y en asuntos de la ciudad de Tlaxcala como si  ofertáramos palmoteos? Algo que me ha perturbado últimamente es la actitud irreverente de la juventud, con la ciudad y su historia[1]; como si fuera una carroña apestosa que nos obligan a andar cargando.

         Cuando cursaba estudios grecolatinos me di cuenta de que la grandeza de los pueblos no estaba sólo en la riqueza cultural o en su historia; sino en el respeto de su historia - significando con ello también el culto a los héroes -; o sea, en la atención respetuosa de su ayer. El aprendizaje de las situaciones del pasado tiene a bien pensar, no repetir el pasado y fundar en ese origen, para poder engrandecer el futuro de la misma ciudad. La ignorancia de las raíces no hace más que cubrirnos con una capa de inseguridad, la incultura confirma la desconfianza del porqué estamos aquí. En cambio, aleccionándonos con la historia nos da la firmeza de lo que hoy somos.

         En ocasiones me he encontrado con situaciones penosas, como las veces en que se dicen necedades para achacarle problemáticas de hoy a los antiguos naturales de la región o a los arcaicos españoles, en fin, no somos quien para juzgar la historia, lo que nos toca hacer es estudiarla, comprenderla y aprender de ella. Ahora bien, el desinterés que tienen los jóvenes de hoy - de una manera genérica - es enojosa por la indiferencia ante lo histórico y aún ante las expresiones tradicionales. Se percibe en ocasiones que lo folklórico es la entidad a ocultar si se quiere pensar que se es ciudadano de una urbe que vive la modernidad. Los distintos rostros de lo  tradicional tienen en confrontación sombras de apatía de parte de los ignorantes de la historia por saberse hombres del presente; y lo peor es que no logran sintetizar su presente con ninguno de los fundamentos históricos - vuelvo a repetir, por ignorarlos - y viene con ello la incertidumbre existencial, es la vaguedad tosca la que asoma a sus semblantes tan juveniles y sonrientes. La etapa de juventud  es caótica en sí, - no tratando de justificar las actitudes - por lo que es preciso atar amarres para que no se convierta en puras vacaciones. La comprensión de las cosas queda muchas veces rasgada  por los arrebatos inconscientes de los adolescentes, y se andan pensando que a otros beneficia el que ellos conozcan la historia, siendo que ellos son los más beneficiados puesto que reconforta el sentir ciudadano, y  deja un orgullo el pisar esta tierra. Otros más juzgan la arquitectura de Tlaxcala como inoperante porque no se ajusta a los requerimientos funcionales de una cuidad naciente, pero si percibimos los alcances, vemos ciudadanos de otras partes visitando la entidad y enriqueciéndose culturalmente con la riqueza histórica nuestra, y asombrándose de la arquitectura colonial que estamos acostumbrados a ver a diario.

         La historia es el elemento base en la modernidad puesto que siempre funda la entidad actuante. El olvido ha hecho que muchas culturas se derrumben. - Tocaria, Dórica - Otras han hecho la síntesis en su presente -  Japonesa, China - y continúan entreverando la modernidad que impregna todo con la historia y sus tradiciones. La dinámica de esta articulación de lo añoso con la explosión de lo nuevo es benéfica si se tiene el tiento para poder soldar las entidades algo disimiles.




[1] En reciente fecha aparecieron “grafitis” en las pinturas rupestres que se encuentran en Atlihuetzia, ¿qué no esto es demasiado?