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martes, 18 de enero de 2011

Postmodernidad en Tlaxcala

IV

POSTMODERNIDAD EN TLAXCALA





Cada época tiene sus propias ideas obsesivas, que por supuesto, son al menos personales o de repetición de nuestros propios contextos. Valdría hacer un balance de la posición del mundo postmoderno como mundo de vida occidental  y el mundo provinciano-mexicano como entidad cultural que se diversifica; para ver y reflexionar el contenido o contenidos que nos plantea la realidad, nuestras identidades particulares, actuales, globales y de sentido. Veamos que “postmodernidad” significa un complejo de ideas  y conceptos que sólo los filósofos entienden; pero diremos en nuestro lenguaje, que más o menos quiere significar:  rechazo de la dominación, bien sea de la veracidad, de la ciencia, de la historia, del racionalismo clásico, del lenguaje, de las mayorías por las minorías, de la religión, del arte entre otras entidades.

         Postmodernidad es una idea que salió a relucir en la  década de los 50s. europeo, puesto que la industrialización europea, estaba en pleno auge, lo que no es en ese entonces para los países en “vías de desarrollo”[1], es decir, una discronía de edades de desarrollo, por un lado el constante sostenimiento mercantil, económico y tecnológico de algunos estados-naciones hacen la vanguardia y despegan el poderío en todos los rubros; mientras que otros en vías de desarrollo flaquean y se desangran intestinamente, por el entramado de tejidos, de inciertos vagabundeos, de inconvenientes geográficos, teológicos etc.. Esto da cabida a pensar en la postmodernidad que viene siendo la edad de las sociedades postindustriales  y las culturas en la edad llamada postmoderna como particularmente propias a las dos entidades o tipos de estado-nación. De hecho entendiendo como balance en la cultura de masas a los medios de comunicación.

         ¿Porqué se dice tal cosa?, damos por sentado que la crisis de la modernidad  fluctúa en los estados-naciones más ricos y contamina a los que están en vías de desarrollo, pero al parecer, con prudencia podemos observar que tal contaminación es inconsistente por el histórico caos, desarticulación y complejidades al que éstas naciones están sometidas.

         Siendo, finalmente la voz de la otredad. La decadencia jerárquica del pensamiento justificado que queda legitimada con el paso a juegos de lenguaje en las sociedades; es decir, la diversidad, de los sentidos convenientes a la localidad o al contexto de realidad.

         Dirán ustedes ¿Y este “rollo” qué tiene que ver con Tlaxcala? Pues bien, la abertura que es preciso hacer en el discurso para el contexto  provincial, tiene por principio señalar el sentido de lo propio y el sentimiento de lo nuestro, aunado a la culturización mundial. Una cultura postmoderna no es simplemente una cultura que haya dado la espalda a los contenidos propios de su tradición sino la que continúa  viviéndolos como huellas o como modelos encubiertos y distorsionados, pero profundamente presentes donde se mezclan los significados, los enigmas; se confeccionan las soluciones y disoluciones casi insospechadas de la realidad.

         El Kitch, la fetichización del consumo, el ritmo de las grandes ciudades modelo y de lo nuevo a lo más nuevo, mezclado con las tradiciones: históricas, religiosas, cristianas y de fe establecen el nexo de las culturas postmodernas o a punto de serlo. Debemos contentarnos con el murmullo que avizora en Tlaxcala el bricolage y las pequeñas grafías postmodernas que se esculpen en nuestro entorno; los síntomas de postmodernidad no son  inconvenientes, puesto que podemos asegurar que tal caos relativo son esperanzas de emancipación.

Tlaxcala late junto con el mundo contemporáneo. La arquitectura de antaño se descalza del salitre y la oxidación para mostrar la riqueza urbana de una ciudad que se renueva.  No se trata de hacer una apología, sino solamente veremos los cambios, las semejanzas y las diferencias de una ciudad como la nuestra.

         Los ejes centrales de la arquitectura no pueden basarse  en la fachada y descuidar la funcionalidad, el interior, servicios y necesidades de toda la estructura arquitectónica,  aunque impere la idea de que: “se vaya uno por lo que se ve”; en este sentido la técnica y la solidez pasarían a segundo plano, descuidando el espacio urbano; pero, en nuestro caso no lo es, en el sentido de que el remozamiento de las fachadas, la altitud de norma para los edificios y casas, el adoquinamiento de las banquetas, el alumbrado público etc., no  muestran suficientemente ese tipo de diseño teatral o  de mascarada de otras ciudades[2]. Es como los circuitos de las ciudades turísticas donde relumbran  los flachazos con un trasfondo conveniente; no es el caso de la arquitectura de Tlaxcala  por el hecho  de que los espacios tras las fachadas tienen también sus cambios, haciendo que el conjunto de elementos de toda la arquitectura tengan unidad. La historia de la arquitectura tiene ejemplos interesantes, pondré como ejemplo a San Petersburgo en Rusia.

San Petersburgo fue una de las ciudades modelo, era el arquetipo, la ciudad perfecta e irreal del mundo moderno. Esta ciudad fue fundada por Pedro l  en 1703; la construcción fue planeada, diseñada y organizada enteramente desde sus cimientos, a diferencia de las ciudades que se veían en ese entonces en Rusia, París e Inglaterra. En ese entonces era el urbanismo más desordenado, con calles  serpenteantes, retorcidas, callejones insulsos propios del medioevo; San Petersburgo  se convierte entonces en “la ventana mirando a Europa”, era la suntuosidad en el urbanismo, recién se habían inventado las avenidas y los espacios que requería la modernidad; la muestra de la gran cultura  desarrollada en aquellos tiempos en San Petersburgo nos lo dan en sus novelas tanto Dostoievski como Gogol, cuyos personajes viven y se desarrollan por la avenida Nevski Prospekt. He  traído a colación este ejemplo porque dista de nuestra arquitectura en el sentido de que en San Petersburgo los espacios tras fachadas de los edificios no estaban regulados y bien podrían esconder barracas y tugurios inhumanos. No considero que sea el cosmopolitismo una de las características corolarias de nuestra identidad, la analogía más bien, se encuentra en la reserva de la riqueza cultural, la herencia que inyecta cimientos al refinamiento permanente de las tradiciones, el análisis que aquí se muestra es sólo la evidencia que se capta desde cualquier horizonte.

En suma. Las contradicciones impregnadas de dualismo en  la vida de Tlaxcala está por un lado su arquitectura que muestra y la estructura interna, el yo verdadero que no se muestra en la primera mirada pero que cuya riqueza centellea en su frontera, es la Tlaxcaltequidad esa estructura interna; pero, ¿qué cosa entendemos actualmente con eso?

El hablar sobre la idea de “Tlaxcaltequidad” hoy día sin caer en la repetición de una sobada identidad, bien puede resultar un espectáculo tal disertación; un coloquio que tiende al error y al riesgo de equivocarnos en el discurso, suponemos que no es la intención.

Reflexionar sobre una identidad va más allá  de poner a Tlaxcala  como un circo cultural y nosotros como  los portadores de la pancarta en proa o los tlatoanis locales, los herederos del lenguaje poético de Xicothéncatl  y de Miguel N. Lira, sino solamente somos lenguaje. Pensemos sobre el concepto de “Tlaxcaltequidad”. No cabe duda de que  estaremos hablando sobre Tlaxcala, esa es nuestra entidad singular, ahora bien,  bajo esta enunciación sabemos perfectamente a que  cosa le llamamos Tlaxcala, no así el concepto de “Tlaxcaltequidad” que poco a poco lo iremos descubriendo y describiendo. Tlaxcala  tiene una identidad añeja impregnada en la historia de su tierra, viene a nosotros por la herencia, esta identidad  se a moldeado en el tiempo, reposa en sus fronteras; es una identidad que se renueva y enriquece con los hombres y la cultura de hoy. Lo que aquí importa es aquello que nos identifica como hombres con la particularidad geográfica que nos representa, esto escapa a la repetición usada de una “Tlaxcaltequidad” estática, sino que agrega elementos de nuestra cultura contemporánea; antes señalemos que el espíritu de Tlaxcala es un mestizaje, cruce de culturas; la cuna de nuestra tierra se ha nutrido, se ha  enriquecido con trasculturaciones desde antes de la conquista. El proceso en marcha de la “Tlaxcaltequidad” ha navegado en la historia de México, ha sido protagonista de las acciones más recurrentes que han definido el horizonte actual.

Un matiz característico de nuestra “Tlaxcaltequidad” es lo religioso, los tlaxcaltecas  nativos mantenían una cultura altamente espiritualista, la presencia  mística hacía eco en los mitotes, los rituales y ceremonias, pero la religiosidad no fue inventada por ellos, sino, es la unión, la herencia de culturas tan antiguas como otras en el mundo. La sustitución de creencias y valores iniciada por los religiosos venidos con Hernán Cortés, no significó un detrimento de la fuerza espiritual, sino una asimilación y ajuste llevadas a cabo por los evangelizadores  franciscanos, desde entonces nuestra herencia más rica han sido las iglesias y las tradiciones forjadas en su entorno. La idiosincrasia  de una cultura no ha de pasar los límites que nos llevan a la negación de la otredad; es decir, el orgullo de nuestras diferencias alcanza su estabilidad cuando reconocemos y respetamos las diferencias del otro; en ello radica  el fundamento de una autonomía de la identidad. Los matices característicos y los tipos étnicos no son estructuras que nos lleven a una comprensión de la identidad tlaxcalteca puesto que nos lleva a una mera suma de detalles específicos y al final a la arrogancia, la xenofobia y el conflicto con quien es distinto, más bien son las instituciones las que dan el mejor marco de una identidad tlaxcalteca.

Para una estabilidad cultural es necesaria una identidad fundamentada en nuestras más excelsas  raíces, aunada a la aceptación de elementos culturales que se han sumado a la colectividad en donde se desarrolla. La conciencia colectiva  de una comunidad  es nombrada por la identidad sustentada en la riqueza de su historia, la “Tlaxcaltequidad” es la protagonización que han hecho y hacen los hombres en un espacio geográfico-cultural. Nuestra “Tlaxcaltequidad” esta llena de vida, sin lugar a dudas, la riqueza en Tlaxcala  es esa fertilidad cultural que podemos exponer, proponer o disfrutar hoy día. 




[1] El concepto de “tercer mundo” y los  países en vías de desarrollo se verá  más adelante.
[2] La siguiente cita aclara lo dicho: “… podríamos afirmar que Tlaxcala es una ciudad sobria  y austera, muy alejada de la ‘frivolidad’ de otras ciudades” Desiderio Hernández Xochitiotzin La plaza de armas de Tlaxcala H. Ayuntamiento de Tlaxcala. Pagina 12, México.