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martes, 18 de enero de 2011

Que quiere decir modernidad

I

¿QUÉ QUIERE DECIR MODERNIDAD?





La discusión sobre la modernidad se ha desarrollado con bastante fruto y hasta el cansancio. Todo el mundo habla de la modernidad, y que somos modernos y que buscamos la modernidad y que la modernidad es progreso y que eso es lo mejor; que es la panacea de la humanidad. Eso se dice por un lado, pero por el otro existe una ambivalencia en la crítica a esta misma modernidad, achacándole una cantidad de males como las guerras, el desastre ecológico, la situación en los mercados financieros, el caos social a nivel mundial, lo enajenante que son los medios masivos de comunicación, la cultura de consumo y las constantes violaciones a los derechos  humanos. Pero en definitiva, se puede pensar que la modernidad fracasó enteramente desde el mismo siglo XVIII, por tal razón se buscan otros parámetros de comprensión. Y aún la misma ilusión utópica estatutaria  de la modernidad.

         A razón de las interpretaciones postmodernas, ya se está viviendo una época diferente, un periodo emancipado, tanto de la historia como de las promesas paradisiacas de bienestar social para todos. Vivimos la existencia nueva, siempre presente y envuelta en los entramados del mercado, de los medios masivos de comunicación y las tecnologías informáticas. El mundo moderno tiene que ver forzosamente con la liberalización de los mercados, con el mercado neoliberal donde es prometida la libertad individual, la discrecionalidad del gobierno, el proyecto democrático, los negocios en su libre juego de la oferta y la demanda. Esta posición iniciada por Keines y después teorizada - a su manera -  también por  Daniel Bell, en la práctica ha sido ventajoso para los mercados de los países más desarrollados, pero no así al aplicarlos a los países rezagados o con una economía truncada por la carencia de igualdad de las oportunidades. El libre  mercado, el forzoso recorte del gasto público  y la apertura comercial produce en el desarrollo de este proceso, un déficit social que deviene a una ingobernabilidad y una crisis política. Para los países desarrollados ha sido una especie de apertura de sus propios mercados y un desenvolvimiento y colocación de sus productos. Esta posición - recordemos -  fue defendida por el presidente Reagan y los republicanos en Estados Unidos; así como por Margaret Thatcher y después por John Major en Inglaterra, y en Alemania por Helmut Kohl. En México fue impuesto el “neoliberalismo” por el presidente  Carlos Salinas de Gortari[1] cosa que benefició - por lo más - a 10% de la población; esa cantidad es la que goza en un paraíso donde los beneficios del neoliberalismo son reales. Como se ve, hablar de modernidad y neoliberalismo es el punto y coma del largo proceso que ha tenido el capitalismo occidental. No se puede negar el vínculo que existe entre modernidad y modernización (como hablar de modernización económica, modernización de la planta productiva, modernización en los procesos del manejo de datos) pero a decir, el proceso de modernización se sigue dando mientras que la modernidad ya fracasó - si se entiende el concepto de modernización entretejido con la idea de productividad industrial y desarrollo -  lo que queda son los rescoldos de una idea que las regiones rezagadas del planeta quieren reciclar, porque quieren llegar al lugar donde los países más desarrollados ya llegaron (como la idea tan extendida de que los países subdesarrollados llegaron tarde a la repartición del pastel). La modernidad no puede comprenderse si no se vincula con la idea de progreso y desarrollo, - más adelante me detendré para esclarecer la idea -; por lo pronto, elucidemos el término “desarrollar”. Si se descompone etimológicamente la palabra “des-arrollar”  tropiezo con el significado de que aquello que está enrollado va a devenir a extenderse, pero que su esencia ya está contenida y que sólo falta el proceso activo de poner en presencia, eso es modernización: poner  en proceso activo algo que ya está contenido en la esencia y queda extender, presentar. Yo preguntaría si en México se licencia para hablar tanto de desarrollo como de modernización. La palabra modernización quiere decir actualizar. ¿Que cosa?: La vida social, el mercado, la técnica, la cultura, los deseos, la psiquis, la ciencia, el saber. ¿Para qué?: Para tener un marco donde se puedan entretejer las actividades de los seres humanos. Si  razonamos la argumentación expuesta. En este país México no se entiende qué cosa con eso de “modernización”. ¿Modernizar el desastre social? ¿Modernizar el eterno caos de la política gubernamental?, ¿Modernizar la desigualdad, la marginalidad y la dependencia económica? ¿Modernizar la forma de administrar la miseria y la estrechez mexicana?

         Por otro lado - continuando con la noción de modernidad - algunos como Jürgen Habermas disertan concernientemente de la modernidad como un proyecto inacabado, inconcluso. Dicho proyecto - según este autor -  puede llegar a término por mediación de una acción comunicativa, en donde el diálogo intersubjetivo y democrático, es decir, la comunicación pública, libre y democrática puede ser el punto de convergencia y de solución de los problemas sociales y permite de esa manera una sociedad de bienestar para todos. Pero ¿Cómo invitar al diálogo si las partes tienen la libertad - y por eso hay democracia -  de hacer y no hacer, de participar o no participar en ese diálogo[2], en ese juego, en esas reglas, en esos parámetros? , ¿Cómo es posible si es todo lo contrario en la vida real, si el proceso de la misma modernidad ha creado las mismas formas, si son hechuras cinceladas en el mismo proceso de la modernidad? Por ejemplo. Los estatutos que perseguía la  modernidad eran formar un hombre integral, conocedor de los mecanismos funcionales de la naturaleza, esto haría que la humanidad fuera más conocedora y más instruida tanto de la naturaleza externa como de la naturaleza interna, su psiquis. Este proceso se volvió contra él. Los medios masivos de comunicación y el mundo moderno industrializado han causado una analfabetización y una incomunicación nunca antes probada por la humanidad. Los barrios pobres de la ciudad más grande del mundo - México -  tienen en su haber un puñado lingüístico  al mínimo, y no son capaces de sostener una plática coherente porque su pobreza también es de lenguaje, y no digamos de sus conocimientos o de su experiencia individual e histórica que en lo general puede reducirse al conocimiento que genera la televisión y la experiencia de ver lo que en ella acontece, lo que en ese aparato acaece, ocurre, sucede, se ve.[3]

         Entonces, ¿Qué quiere decir Modernidad? La palabra “moderno” tiene su origen en el latín “modo” que significa “recién”, que tiene actualidad permanente, en el siglo V se derivó el adjetivo “modernus” que quiere decir “formado hace tiempo”. Para los cristianos en este siglo V lo utilizaron políticamente para diferenciarse del pasado pagano, o sea, del culto grecorromano y su credo politeísta y esotérico. Después sería utilizado por la escolástica en el siglo XIII para indicar la nueva lógica terminista designada como “vía moderna” frente a la “vía antigua” de la lógica aristotélica. En el sentido histórico que tiene la palabra: “Modernidad”: es el periodo de la historia occidental que comienza después del Renacimiento, es decir, en el siglo XVIII. El carácter de modernidad y universalidad viene dada por la religión cristiana fundamentalmente (sin olvidar que un cierto monoteísmo se dio en Egipto con el faraón Amenhotep con este monoteísmo se dio inicio al concepto de individuo) donde su idea de amor universal evangelizado, se mezcla con el de humanidad e igualdad de todos los seres humanos frente a Dios. Este  concepto se secularizó en la ilustración pasando a ser el concepto de los derechos humanos universales.



[1] De esta manera se constata  - a partir  de la política - que cualquier texto puede ser introducido dentro de cualquier contexto.
[2] En la vida real, por causas del individualismo no se busca el diálogo para la pacificación y bienestar de las partes sino el diálogo es el mecanismo o herramienta para negociar, pactar y mercar los intereses que más convengan al individuo teniendo en uso las estrategias de astucia, conocimiento, experiencia etc..
[3] La preocupación se extiende cuando vemos a los individuos casi sin historia, perdidos en un mundo de momentos presentes, sin futuro más allá que pasarse la tarde frente a un televisor, diluyendo al hombre pero dejando su conciencia espectadora, observando un simulacro, sin un sentido de la historia, hundidos en un debilitamiento crónico del sentido de historicidad, con la incapacidad pegada a las pestañas para ordenar los momentos, los flechazos inconexos que le amontonan enfrente.