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martes, 18 de enero de 2011

Referente a la estética



REFERENTE A  LA  ESTÉTICA

APUNTE SOBRE LA SITUACIÓN DE LA ESTÉTICA

A PRINCIPIO DEL SIGLO XXI





El hombre como entidad compleja, ha tenido generalmente una tabula de valores estéticos; ha habido para cada cultura una teoría estética que explica sus intereses e indiferencias; a donde se asienta la valoración estética es en la obra de arte, es en ella donde tangiblemente podemos recuperar los gustos estéticos de cada cultura. Las expresiones artísticas de distintos periodos han tenido una idea conceptual, una apreciación singular de ella; en este artículo trataremos de recorrer ese largo camino que ha tenido la estética; para conocer sus alcances y también sus limitaciones. Lo que se desarrolle en esta exposición  queda como un atisbo momentáneo, una inquietud por explicar las cosas, o una mirada a lo que ha sido para elucubrar el sino que ha de aparecer en los próximos años en cuestiones estéticas.

La obra de arte justifica al hombre como ser en el mundo en un tiempo específico, la obra de arte le da estatuto, una identidad; la explicación de lo que es la obra de arte, las categorías de bello y feo y como se fundamentan mutuamente hombre y obra de arte ha sido dada por brujos, chamanes, sacerdotes, sofistas, filósofos, reyes,  estetas y demás hombres  que tienen el poder de juzgar y señalar, valorar y deliberar sobre la obra de arte. Han sido muchos los que han tenido el discurso de lo estético. La reflexión de qué cosa es eso,  desde los sofistas, Platón, Aristóteles, Kant, Nietzsche, Heidegger, Adorno; todos ellos han tenido un acercamiento a esa realidad que tan pronto como se explica se esfuma, de tal forma que la explicación de ¿Qué es el arte? Resulta infructuoso, más bien sería captar su acaecer en el mundo, - más adelante lo explicaremos -  pero, tal pareciera que este tema no tiene que ver  con nosotros; alguien podría decir - y a mi que me interesa - pero si pensamos, no está  de más saber algo sobre las distintas teorías estéticas y como se han reflejado en las obras de arte para que así; por ignorancia “no se aprovechen de nuestra nobleza” - como diría un cómico por todos conocido - y nos presenten un cuadro con un garabato y nos sorprendan diciendo que eso es arte o con una expresión estética cual sea y nos digan que esa es la máxima expresión estética jamás conocida, o bien de otro modo; que sólo la expresión estética tradicional más favorecida en la región, es la que es bella y es la que refleja “nuestra realidad”, abrir el abanico de nuestro horizonte estético es una riqueza nada despreciable.

Para darle estatuto de obra de arte al objeto se necesita de elementos que hoy día se desvirtúan por razones que adelante señalaré cuando abordemos el tema de la estética y la  tecnología. Los elementos que dan estatuto a la obra de arte son: el autor, el espectador, el sitio, los elementos que componen la obra, la autoridad reguladora, la forma, el contenido. Todos estos elementos  estructuran la entidad  completa de lo que es la obra de arte. Pero veamos antes que nada cuales han sido las exposiciones conceptuales de lo que se ha dado en llamar arte; la definición más antigua que se tiene - y no por ser la más antigua es la más desusada - es el arte como imitación de la naturaleza. Para Platón el arte imitaba la realidad, su pensamiento filosófico argumentaba que el hombre vivía en el mundo de las apariencias, de los reflejos, y que era el mundo de las ideas, el mundo verdadero y perfecto, el hombre recordaba pequeños momentos de ese mundo de modo que imitaba la naturaleza tratando de llegar a la perfección filial. Otra postura es el concepto de arte como creación. Según esta postura el artista tiene la libertad de su creación, la originalidad absoluta y forma parte - el artista -  de la actividad creadora de Dios, postura que Schelling defendía  y que tiempo después Hegel ampliaría, Para Hegel “el arte, en cuanto se ocupa de lo verdadero tanto como del objeto absoluto de la conciencia, pertenece a la esfera absoluta del espíritu y, por lo tanto, se coloca, por su contenido en el mismo plano que la religión y la filosofía. Ya que la filosofía no tiene  tampoco otro objeto que Dios y es así una teología racional y un perpetuo culto divino al servicio de la verdad”[1]. La otra postura conceptual que existe es el arte como construcción que no tiene que ver con ser pura receptividad o pura creatividad sino con una mezcla compleja, un producto intrincado que se realiza entre hombre y naturaleza. Es el encuentro de la naturaleza con el hombre. Ésta es la postura de Kant, para este autor,  la naturaleza apoya a la creación del hombre, la obra del hombre se agrega a la creación de la naturaleza; además, este filósofo agrega el concepto de “juego”, o de ocupación placentera. Esta postura la defenderán Valéry y Dewey.

La teoría estética no termina, sino que sigue con Marx, Heidegger  y finalmente el teórico de la estética: Adorno. Así nos lo afirma J. Habermas: “Adorno busca por la vía de su Dialéctica negativa circunscribir aquello que discursivamente no puede exponerse; y con su Teoría Estética[2]  sella la cesión de competencias en materia de conocimiento al arte”[3] Según Adorno  ya están en desuso la anteriores definiciones que hemos hecho. Para él: “El arte extrae su concepto de las cambiantes constelaciones históricas, su concepto no puede definirse[4]”.. ¿Porqué un teórico como Adorno se inclina por estas afirmaciones? Adorno es uno de los primeros autores que critica de manera romántica lo que ha sido la modernidad; su contexto era: la sociedad burguesa, las vanguardias, las nuevas técnicas para el arte, la mercadotecnia del oficio que ya se gestaba en la primera mitad del siglo veinte. Se reafirma lo expuesto con la siguiente cita: “La experiencia estética proviene del arte románico que el joven Marx había introducido de contrabando en su concepto de praxis, ha sido radicalizado en el arte de vanguardia; y a ésta apela Adorno como único testigo contra una praxis que mientras tanto ha enterrado bajo sus ruinas todo aquello que alguna vez la razón pretendió. Lo único que la crítica puede hacer ya es señalar en una especie de perseverante ejercicio de sí misma, porque esa facultad mimética escapa a la teoría y encuentra mientras tanto asilo en las obras más avanzadas del arte moderno.”[5] La vanguardia tuvo su momento histórico en la teoría estética, construyo una realidad y conformó maneras de ser y de pensar. Se desarrolló en París y Nueva York; en Munich y Moscú; en Madrid y Londres. En cada ciudad cosmopolita del mundo había exponentes de tal o cual vanguardia y tales vanguardias iban desde el dadaísmo al surrealismo, desde el futurismo al cubismo; del movimiento ideológico hermético a los grupos de avanzada que publicaban su manifiesto a todos los continentes. La vanguardia eran modos de ser, de pensar de existir, de hacer grupo en una sociedad que no los comprendía; era la crítica del hombre dentro de un grupo que ataca la sociedad, las jerarquías, la política, los modos de comportamiento. Las vanguardias transformaron al hombre individual, lo liberaron cognitivamente y dieron un salto al pensar que el arte era suyo y ellos tenían la libertad de hacer su teoría estética y de esa manera impulsar un tipo de emancipación. Pero como dice G. Vattimo “tras la embriaguez la resaca” al cabo de los años los “ismos” no eran más, envejecieron. “el concepto de vanguardia, reservado durante decenios a la escuela más progresista de turno, tiene algo de la comicidad de una juventud envejecida”[6]. La vanguardia al final de sus días ya no tenía la misma vitalidad que en sus albores. Las vanguardias decayeron, había cambiado el mundo. Y Eduardo Subirats comenta: “De modo que lo que había sido contradicción y vitalidad permanente se convierte en conformidad y apaño; las vanguardias se han convertido en un ritual primitivo de la cultura de masas y del consumo cultural; su signo no es crítico, sino acomodaditicio a las leyes de producción y reproducción económicas; su carácter es profundamente conservador.”[7] Ya lo había previsto Adorno, este autor percibe en su tiempo las sociedades de consumo, reconoce el deterioro que puede haber en la obra de arte, si se escapa de las manos la esencia artística; encuentra peligroso el entregar al mercado, a la industria de la cultura, su libertad. El mercado tiene una inercia desquiciante al igual que la modernidad. El carnavalezco panorama que se puede presentar en el mundo al exhibir un arte que es aquel que se vende y así se muere en un decaimiento - como diría Gianni Vattimo - “extrañamente pervertido”. Octavio paz, como miembro de una de ellas, afirmaba que el mercado era un monstruo de muchas cabezas  y que el arte mientras más radical se mostraba más se apreciaba y más rápido se consumía, el mercado con la apetencia de un troglodita engulle todo lo que es novedad,  Y confirma Adorno: “Cuanto más se hace, se busca y se inventa en arte, tanto menos se sabe si algo puede hacerse o inventarse” [8]el espacio entre lo nuevo y la tecnología en arte fue menguando  al grado de que  tanto se ve afectada su conciencia para la apreciación de lo nuevo-tecnológico en la obra de arte como también la tecnología crea la obra de arte con los elementos que nunca tuvieron que ver con lo artístico. El hombre adquiere una impotencia al no poder controlar el desarrollo de la obra de arte y su incapacidad se transforma en escepticismo, amoralismo, resignación, desvergüenza, nihilismo histórico, decepción con respecto a los ideales de las viejas vanguardias y las ideas totalizadoras, en suma: carencia de expectativas, crisis estética. La  obra adquiere una serie de manipulaciones sofisticadas, la comicidad grotesca, la realidad soft, y es el show, las exhibiciones glamorosas, las técnicas sutiles en los computadores; finalmente, el artista tal vez se convierte en un bufón, que sólo extrae aquí y allá y ese es su arte.



[1] Nicola Abbagnano Diccionario de Filosofía Traducción de Alfredo N. Galletti, Sexta reimpresión, 1987, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1206pp.
[2] Adorno W. Theodor Teoría Estética , colección: historia del pensamiento, Traducción de Fernando Riaza, España. Ediciones Orbis S.A. 1983, 346pp.
[3] J. Habermas  El Discurso Filosófico de la Modernidad. Editorial Taurus, pagina 90.
[4] Adorno Teoría estética  pag. 11
[5] J. Habermas El discurso filosófico de la Modernidad  Editorial Taurus, pagina 90.
[6] Adorno Teoría Estética  pagina 41
[7] Eduardo Subirats La Flor  y El Cristal Ensayos Sobre Arte y Arquitectura Moderna, Editorial Anthropos, Barcelona, 1986, pagina 281.
[8] [8] Adorno Teoría Estética  pagina 43.