Translate

martes, 18 de enero de 2011

Todo lo sólido se desvanece en el aire

TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE EN EL AIRE





Si buscara un modelo para ejemplificar lo que se ha dado en llamar la experiencia de la modernidad, pondría mi propia vida, puesto que la conozco y puesto que vivo en la modernidad; y  así ha sido, hemos pasado por las modas, por los flujos de la historia y del momento, por lo amargo del caos y la tersura de la incertidumbre. Todo hombre moderno a acariciado lo agridulce de las polarizaciones, los infortunios y azares del destino. Tal vórtice lo había observado Carlos Marx en los años  de 1844, cuando señalaba la transvaloración de los valores por el Capital y después en el Manifiesto Del Partido Comunista señalaría que:


 “Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”[1]


 Muestro ésta cita porque el norteamericano Marshall Berman le pone así a su libro[2]. Es la experiencia  de la modernidad donde el espíritu según mi manera de ver se detiene entre los garfios de la existencia, la modernidad, la economía, el mercado, y sufre el espíritu porque ese es el sacrificio por ser una esencia de nuestra época. Y pudimos ser un ente holgazán y tumbón a la lectura, lográndolo con sólo leer el excelso prefacio; pero pudo más esa aventura fina y franca a que nos lleva Marshall Berman. Y son los parajes por donde pasea Goethe y su Fausto, Marx y el manifiesto comunista, Baudelaire y su familia de ojos ya sin aureola[3]; y por imágenes de San Petersburgo, sus pantanos; la historia de Pedro el Grande y la construcción de “la ventana mirando a Europa”; Pushkin y el jinete de bronce. Marshall Berman  nos ha invitado y hemos paseado por la Nevski Prospekt junto a Nikolai Gogol y sus protagonistas, es la misma avenida que Dostoievski inmortalizaría con diversos cuentos y novelas como  “Pobres gentes” “El doble”, “Memorias del subsuelo”, entre otras fascinantes lecturas.

El autor de Todo lo sólido se desvanece en el aire nos cuenta en forma de crónica, la historia peculiar que ha tenido el Bronx de Nueva York y los cambios que hizo el arquitecto Robert Moses para hacer la autopista, con reconstrucciones y demoliciones como “con un hacha de carnicero”; Nos guiará a esas  calles más adelante, en los años sesenta con “Ulises” de James Joyse con la alusión “un grito en la calle eso es Dios”, y exponentes como Bob Dylan, Jim Morrison, Jacobs, Oldenburg: “estoy por un arte que ayude a las ancianitas a cruzar la calle[4] son el ejemplo más presto para señalar los años en que los happenings, las avenidas y la generación de jóvenes de la  década de los sesenta se expresaban a pesar de la masa de ignorados. La modernidad acarrea una serie de parodias fascinantes que harían enloquecer por su vastedad al mismo Hegel, por la esfumación de los contrarios en el aire. Hegel no podría captar que nuestro espíritu se desintegra, se transforma, renace, se desorienta, llama al caos, se expresa, se corroe, se baña, se desvanece, se atemoriza, sueña, se computa y algo muy importante, decora nuestro universo. Y  cito a Marshall Berman:


“Ser modernos es vivir una serie de paradojas y contradicciones, es estar dominados por las inmensas  organizaciones burocráticas que tienen el poder de controlar, y a menudo de destruir, las comunidades, los valores, las vidas y sin embargo, no vacilar en nuestra determinación de enfrentarnos a tales fuerzas, de luchar para cambiar su mundo  y hacerlo nuestro. Es ser a la vez revolucionario y conservador: vitales ante las nuevas posibilidades de experiencia y aventura, atemorizados ante las profundidades nihilistas a que conducen tantas aventuras modernas, ansiosos por crear y asirnos a algo real aún cuando todo se desvanezca”[5].


A veces se ha sospechado que el planeta está gangrenado, y vemos por todos lados la inmundicia; a veces se tiene el espíritu desarrollista de Fausto, otras estamos completamente desnudos en la calle vendiéndonos en el mercado. Por tal pretexto, nuestros instintos pueden encaminarse a cualquier dirección, usando los respectivos pedacitos de caos bajo nuestro brazo y visiones quiméricas en el horizonte. Hay mucho de que estar orgullosos en un mundo en el que también hay demasiado de que atemorizarse y avergonzarse.

Como segundo momento de esta reseña  - y espero no decepcionar a quien ya le había dosificado cierta dosis de interés por el libro de Marshall Berman - me  detendré para hacer algunos cuestionamientos que han surgido en la reflexión. Algo de lo que se puede estar seguro: se ha matizado el nihilismo creciente de nuestra época, y es allí donde se cocina una inconsistencia del autor, en donde Marshall Berman inclina hacia el optimismo positivista; y en donde no encontramos una resolución filosófica, sino tan sólo relatos históricos. ¿Qué problemas encierra el negar tramposamente los problemas filosóficos que trae consigo la modernidad como: legitimidad, historia unitaria, mass-media, el lenguaje, saber? ¿Acaso encuentra diferenciaciones en lo que ha sido los momentos histórico-modernos  desde Marx, Baudelaire, y los 70s  hasta nuestros días?; ¿Acaso esta pensando en el “eterno retorno a lo mismo” con un Aschwitz, un Happening, un Bronx destruido?.

Marshall Berman logra el “raiting” con su mensaje a la generación que le acompañaba, es la voz de ellos acertada, y la crónica que necesitaban para añorar ese preciso momento histórico. En el autor no encontramos un marco teórico que oscile hacia una hipótesis epistémica, ontológica, estética, o religiosa - por lo menos no en este primer acercamiento -. Encontramos un diálogo atrayente que fascina, nos guía, es romántico, pacífico y tradicional; trata de articular lo fundacional de la lógica de la modernidad, pero un que otro ejemplo no incluyen la universalidad de las sociedades complejas y tampoco los monolitos semicerrados de los pueblitos como Tlaxcala. por último quiero agregar que la experiencia de la modernidad no ha terminado aunque ésta haya sido superada o transformada a otra cosa, sostenes vírgenes todavía son encontrados si el hombre reconoce su potencialidad.



[1] Berman Marshall Todo lo sólido se desvanece en el aire, la experiencia de la modernidad traducción de Andrea Morales Vidal. siglo veintiuno editores, sexta edición, México.. 1992. Pagina 90,386pp
[2] Berman Marshall Todo Lo Sólido Se Desvanece En El Aire, La Experiencia De La Modernidad ,Traducción de Andrea Morales Vidal, siglo veintiuno editores, sexta edición, México. 386pp. 1992
[3] véase Carlos Boudelaire  Poemas en Prosa  ,Traducción E. Diez Canedo, Madrid,1920, Editorial CALPE pagina 132-133
[4] op. cit. Pagina 336
[5] op. cit. Pagina 119