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martes, 18 de enero de 2011

Walt Whitman


III

TRES CENTENARIOS LUCTUOSOS



WALT WHITMAN





Ante poetas que han dejado marcas en la historia con una pluma trascendente, es torpe pasarlos desapercibidos; su recuerdo nos trae a la memoria aquel hombre de espesa barba, de ojos azules y profundos, que cantaba a la vida, con una exuberancia poética que incorporaba todos los elementos de su extensa visión del mundo.

“yo he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,
y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma,
y que nada, ni siquiera Dios, es más grande para uno que uno mismo,
y que aquel que camina una legua sin simpatía es como si caminara amortajado hacia su propio entierro;
y que yo o tú, sin un céntimo, podemos comprar la cumbre más alta de la tierra,
y que mirar con un ojo o ver un guisante en la vaina confunden a la sabiduría de todos los tiempos,
y que no hay otro oficio o empleo que el que enseña al mozo a convertirse en héroe,
y que no existe un objeto, por blando que sea, que no pueda servir de eje a la rueda del Universo.
Y digo a todos los hombres y mujeres: “que vuestra alma esté serena y tranquila ante un millón de universos”[1]

         Walt Whitman es un poeta norteamericano (1819-1892) cuya biografía sorprende y pone el ejemplo americano. Fue desde mozo de oficina, aprendiz de imprenta, cajista, periodista hasta llegar a ser el poeta de todos los tiempos. Viajó por su país conociendo diversos lugares, gentes, acrecentando su conocimiento directo de las cosas, de la naturaleza. Practíca el oficio de su padre en 1855  para después editar su máxima obra: “Hojas de hierva”. Con esta obra llega a escandalizar a los críticos literarios de su tiempo; porque no se acopla a los cánones poéticos del momento, es decir, contradice las formas tradicionales del verso y de la moral. En 1862 se alista como voluntario para atender a los heridos en la guerra de sucesión y después se le concede un puesto en el ministerio del interior, empleo que lapso más tarde perdería por su poesía y por sus escritos “inmorales”. Tiempo después (1873) le vendría una parálisis que le postraría para siempre y hundido en la miseria.

         Su labor literaria continuaría, ensanchando su obra “hojas de hierva”, en nuevas ediciones y otras obras no menos importantes como días ejemplares y oraciones (1883), “Toques de tambor” (1865) entre otros. Whitman es un pensamiento cantado con excelcitud y majestuosidad; descubre una óptica personal que abarca el ancho mundo, la multiformidad Universal; en ella reside su originalidad. Es un ser que ama la totalidad sin exclusión de nada; Whitman no ama a los hombres, ama a todos los hombres por igual, a la humanidad, al cosmos; acepta de igual manera lo material como lo espiritual, lo humilde lo acopla con lo elevado, todo se identifica en la democracia perfecta, en la libertad total.

Walt Whitman es el poeta más grandioso de Estados Unidos que baña con su universo a toda América. Su humildad se eleva al universo por sus letras, para él no existe distinción de la universalidad en su regazo; cubre tanto el cosmos, los caminos peregrinos del hombre, la libertad, como unas hojas de hierva.


[1] Fragmento de Canto a mí mismo obtenido de Antología de la poesía norteamericana colección :nuestros clásicos #11 selección, versión y prólogo de Agustí Bartra Universidad Nacional Autónoma de México segunda edición 1972. México. Pagina 79-80, 329pp.