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martes, 22 de noviembre de 2011

puros cuentos 14


EL CHARRITO Y LA FORTIFICACION




La ciudad estaba conformada por cuatro territorios. Los habitantes de esta zona eran llamados “Los zopes” muy afamados en la región. Al rededor del territorio que circundaba el gran reino había todo tipo de extranjeros, desde los típicos gringos hasta los boricuas y arios. Descubierta la ciudad por los foráneos, trataban siempre de extender su territorio. “El  charrito” era vecino. Había nacido en una familia numerosa. Su padre había venido desde Morongo, ciudad lejana como el mismo horizonte y traído por su abuelo a estas tierras. El gran sacerdote sabio llamado Tectlo, le había dicho que su misión era construir una gran muralla, guarniciones y pozos profundos para protegerse de los ataques de los forasteros. “El charrito” era joven. Su padre le había enseñado a manejar el “strett—figter II” la cuchara de albañil, pero era mejor para la recolección de basura. “El charrito” después de hablar con el sacerdote sabio, se sentó a la sombra de un zapote que lucía sus frutos suficientemente inflados y verdosos como píldoras rubicundas y como aretes zapotecos. Entonces se manifestó el gran Camún dios protector de “los zopes”. Apareció de la nada con un traje excelso, adornos y ataviado con notables lujos; el atuendo se marcaba con diamantina que caía copiosamente, gran penacho y espada   de “Pawer ranger” de mucho colorido; Camún le dijo:

— ¡Te encargo la protección de la Zona! Te encomiendo proteger la progenie. No dejaré que “Grendar” el dios de la muerte, devore todo. A ti te encargo a los pobladores de la ciudad. Yo soy el dios. El dios de “los zopes”, el dios que hace  cimbrar la tierra y que hace funcionar la sangre. Tendrás que levantar  una muralla; harás fosos, parapetos, guarniciones donde agazaparse y donde protegerse, Te recompensaré con un gran rango y te regalaré una flor de suave  perfume, una mujer llamada Claudia Schiffer Desapareció.

“El charrito” siguió sentado en el Zapote. No podía comprender lo que había sucedido pero si pudo sentir desde su interior que le había nacido una intención, una misión de vida, era un honor   servir al dios de la zona, además tenía coraje y una gran sed de venganza hacia los foráneos porque ellos le habían arrebatado a su abuelo y lo habían conservado en una cámara de gas allá en la ciudad de Milhumos. Después de reposar en el Zapote. “El charrito” se   dirigió a Tiza, allí se entrevistó con el gran sacerdote sabio y este le dijo que debía convocar a los maestros encargados de la edificación. Los jefes de obra le dijeron que podía contar con trescientos hombres, aparte de los vigilantes, pero antes tenía que ir a Milhumos a pedir permiso de obra. “El charrito” se puso a trabajar. Se complacía de la obra que edificaba. Eran reducidos los lugares por donde los “los Zopes” podían ser asaltados y en esos sitios era el nuevo ingeniero con maestría y estrategia había procedido. Los ataques dirigidos desde el exterior a la comarca de “los zopes” eran constantes. Era tal del tesón de los intrusos para meterse al ligar que no les importaba sacrificar su idioma y un sin número de costumbres. “El charrito” de esa manera se había hacho de muchas palabras nuevas que agrandaban su vocabulario, y costumbres como la del santa clauss y el halloween.

“El charrito” se  enorgullecía de su territorio, del gran honor que era vivir dentro, además de poder ducharse en los baños públicos mixtos, únicos en la región. Un día bañándose “El charrito” apareció entre el vapor el gran dios Camún y mientras sorbía su refresco con popote. Le dijo: te prometí una hermosa flor de lindos atributos, una mujer, y ahora que has cumplido tus veintidós años la tendrás como premio a tu tesón. Apareció Claudia Schiffer, hermosa, de cabellera voluptuosamente dorada, forrada con una túnica húmeda y caminando hacia “El charrito” entre las aguas de la alberca burbujeante. Ella tenía la vista diáfana de virgen buscable. Los brazos se apretaban al compás del chasquido bocal de un beso por correspondencia del “charrito”. Después de hacer el amor. El charrito quedo como ido, zopenco por el esfuerzo. Ella le confesó en ese instante que acababa de  tener su última batalla porque era extranjera y la había mandado Grendar para  acabar con “los zopes”. En ese momento acababa de adquirir una enfermedad incurable.  “El charrito” seguía en las nubes, con  psicodelia multicolor en los globos oculares.


EN LA FALDA DE LA MALINCHE




El auto circulaba por el camino terregoso después de pasar por el pueblo. El compadre había comentado sobre los robos que se estaban sucediendo por esa localidad.
—Sí compadre — contesta el conductor —  por esta zona dicen que se está poniendo feo, inclusive ya me advirtieron que no ande de noche, porque ha habido muchos asaltados, la otra vez asaltaron al camión repartidor de gas, dicen que se llevaron como diez mil pesos y los repartidores de refrescos también se han llevado su susto.
—Pues que no esos carros tienen caja de seguridad.
—Sí pero aunque la traigan, los choferes a veces cargan el dinero en las bolsas del pantalón y no miden las consecuencias.
—Supiste del asalto a la tienda del ISSTE.
—No cuéntame… como fue.
—Fue la semana pasada cuando habían pagado el aguinaldo. Los ladrones pensaron que había buen tanto de dinero en la tienda, fue a medio día, pero les fue mal en la movida porque acababa de pasar el camión de la “Panamericana” y se había llevado a resguardo el dinero que había en las cajas, cuando llegaron los ladrones sólo se llevaron cinco mil pesos.
—Tanto arriesgue para nada. No sabía de eso, lo que pasa es que por lo del trabajo ya no escucho las noticias.
—Porqué te tardaste tanto en la tienda — dice el acompañante mientras observa por la ventana del carro las tierras de labor y a lo lejos la silueta de la Malinche — Casi me estaba durmiendo aquí en el carro y tú no aparecías.
—Es que la viejita de la tienda me contó una historia de este pueblo, que dicen que hasta salió en las noticias de “Veinticuatro horas”.
—De que se trata, cuéntame.
—Me dijo la señora que hace como un mes se hizo el rumor en el pueblo de que un señor cuando trabajaba en el campo, se le apareció una serpiente con cara de mujer, era tan hermosa que el hombre no pudo resistir el deseo de besarla, cuando se acercó a ella y la quiso besar , la serpiente con cara de mujer lo mordió y huyó al jagüey, el que está en la falda de la Malinche, dicen que por esos días había  llovido mucho y el jagüey estaba bien lleno, y como  había corrido la noticia por la televisión pues vino mucha gente a constatar el hecho y a ver lo que por aquí sucedía. Otra versión es que dicen que se le apareció al señor, este señor era muy buena persona, y nunca le había hecho mal a nadie, era muy servicial y cuando le pedían un favor él con mucho gusto lo hacía. Este señor cuando fue a trabajar al campo escuchó una voz melodiosa y dulce entre los matorrales, y escuchó que le decía:
—Ayúdame por favor, estoy perdida, soy la hija de la Malinche. Por jugar mucho y no obedecer a mi madre me perdí y ahora no puedo regresar, ella ha de estar muy preocupada, llévame y ella te recompensará.
—Pero tengo que cumplir con mis deberes — decía el hombre — y atender a mis animales.
—Por favor, mi madre te recompensará — decía esto mientras su cara se asomaba por entre los arbustos y dejaba al hombre fascinado.
—está bien, te llevaré.
—Y el hombre llevó a la serpiente con cara de mujer hasta la Malinche — su madre — Y la Malinche  lo premió con una bolsa llena de oro. Dicen que ese hombre ahora es bien rico. Hay otra versión, ¿quieres oírla?
—Sí claro, cual es,
—Bueno, la otra versión es que, sí es cierto lo de la serpiente, pero según dicen, esa serpiente la trajeron de otro país para exterminar las ratas de una fábrica, dicen que en esa fábrica había muchas ratas, una plaga, y también dicen que no era una serpiente sino que eran dos. Habían puesto un cerco para que no escaparan las serpientes de la instalación, pero que, de todas formas se escaparon. A una serpiente sí la lograron matar pero la otra anda por la falda de la Malinche. Dicen que un muchacho la logró ver cuando se había ido de pinta y no había entrado a tomar clases en la escuela y que la serpiente lo castigó al dejarlo mudo porque al ver a la serpiente fue tanta su impresión, que ya no pudo hablar, según las señas de muchacho dice que era grande, del diámetro de un tubo de drenaje y enroscada daba como uno cincuenta de altura.
—Pero eso son más que cuentos, ¿no crees?
—Pues puede ser, pero lo que sí lograron es que la gente venga al pueblo, me dijo la viejita que los de las tiendas del pueblo se beneficiaron porque no falta quien quiera comprar que el refresco, que la botana, o el atún, los chicles.
—A ver  que otra cosa inventan para que la gente se dé cuenta que existe este pueblo — dice el acompañante mientras ve la polvareda que levanta el carro a sus espaldas — párate por allí compadre que voy a orinar.

El carro se para a orillas del camino de terracería. El conductor enciende un cigarrillo mientras su acompañante se dirige a los magueyes. Mientras baja la bragueta, escucha un chasquido de eses repetidas. Se asoma entre las hojas del maguey y ve que una serpiente se dirige al carro con gran rapidez. Termina y corre al caro con prisa. Asustado por lo que pueda pasar. El conductor ve a su compadre que corre hacia el carro.
— ¡Compadre, compadre, la serpiente! ¡La serpiente con cara de mujer!, ¡pélale compadre, pélale!

Sube al coche y el compadre arranca mientras observa por el espejo retrovisor una cara de mujer, muy hermosa, el cuerpo se encuentra en el capote trasero, encima de la cajuela. Después de recorrer un gran tramo con aquello de pasajero y tratar de tirarla y así huir del peligro, entran a la carretera “vía corta Puebla— Tlaxcala”. Con un rechinido de llantas  y un giro brusco hacen que el pasajero inoportuno caiga en la carretera y sea machucado por una docena de llantas de un trailer con prisa, después de veinte minutos sólo queda una salea de nada, pegada al asfalto; el sol contribuirá a borrar cualquier rastro. De la serpiente con cara de mujer hermosa sólo queda la historia.


LA CASA DE LA RIVERA 




Las nubes debutantes de la tarde, lobreguecen los riscos de la escarpada del valle de “Casas Grandes”, hay en los tumores obscuros y vaporosos, colores enamorados de centellas plateadas e indomesticables, visten al humo de la casa con centelleos y el viento azaroso acumula vaivenes sesteados que se pierden en el cielo; en lontananza, lejos de los riscos, por donde llega veredeando el río, se va acercando a pasos de Goliat la oscuridad de una noche presurosa, que parece que tiene emergencia en tragar todo en su negrura. El color chocolate del río es sumada por las caídas de las medianas cascadas al entrar al valle y también por los chubascos de los días anteriores, su oxigenación se enriquece aún más por el choque entre las rocas y lajas, cortantes, duras y filosas. La herbaza de la rivera va desde los abrojos grises por hongos imperceptibles, zarzas punzantes y  jarillas sarnosas de plaga. El pasto que llega a hasta la casa, de tan verde huele a menta, hay sobre de él hojas que inician su pudrición sobre otras ya podridas y más abajo el compuesto ya fermentado listo para nutrir las raíces. Los cimientos pétreos de la casa, sobresalen y miran por sobre el pasto, en ese nivel hay dos ventanas que exhalan aires rancios del sótano, es un olor mefistofélico que presagia horrores a las sombras de esos muros.

La habitación es acolchada por las amplios cortineros que dan hasta el piso de mármol, el sitio parece de una decoración minimalista, el hueco y la soledad en los muros campea como si fuera su elemento y el ahuecamiento del espacio parece comerse a toda entidad con sentido propio, los distintos aposentos no tienen identidad privativa, todas conforman una sola homogeneidad, como  si fueran extremidades de una estructura ósea. Como si fuera una caja hermética viva o la corporeidad de un engendro maligno hecho casa. La organicidad llega desde la respiración que pasa por entre los cortineros largos que llegan hasta el piso, a la exhalación por la chimenea que sisea humo perdido en el cielo y por las ventanas del sótano a la altura de los cimientos ligeramente asomados. Se percibe en el aire una mirada que no es hacia afuera, hacia el horizonte atenebrado, hacia los riscos escarpados del valle; sino, hacia su interioridad, como si la casa fuera un individuo autista, como si tratara de apresar todo lo contenido inclusive a sí mismo. En este sentido nacen figuraciones de un ente que se devora a sí mismo, que permanece ensimismado en su configuración psíquica afectada, que se solaza en comprimirse y comprimir todo lo que hay en su interioridad, como un galáctico hoyo negro tomador de todo ser sin distinción. Es parecido al asesino que yugula sin matar y se complace en ello mientras su compenetración se enriquece en voluntad y en ese interior, un personaje inmóvil, hurgando desde su calvario sus recuerdos.

Es un flaco personaje, su nariz moribunda y aguileña mira al suelo y en sus ojos borbotea fósforo en su último esplendor. Montado en una silla de ruedas por la parálisis total debido a la embolia, como un tronco tumbado, como un  engendro de la naturaleza, o mal formado organismo yace quieto y vegetativo en el centro de la habitación, en el techo han zumbado las moscas, parece que olfatean la putrescencia, y  algunas han puesto en el cable de luz del foco, huevas envueltas en secreciones gástricas.

El hombre fue a caer justo a las larvas del recuerdo, su  sinceridad vil se codeaba con la política y la frondosidad sofista de viejos años, prendía la luz de la añoranza y sentía que con eso la vida lo miraba de nuevo y le sonreía, se  imaginaba  que aún se movían las grietas a su paso, que aún podía obligar a los pobres de futuro a hacer cosas inhumanas y deshonrosas, que podía arengar cualquier cosa a su conveniencia y hacer retruécanos en las tertulias de la clase pudiente. Era un hombre que podía coger a la elocuencia y torcerle el pescuezo a su modo, podía con ello satisfacer sus instintos más salvajes y animalescos, despreciar  a las clases bajas, al “lumpen” y en el geto de literatos fracasados recitaba su poesía lánguida y por tanto decadente. Recordaba el juicio donde había arrebatado de manera despiadada la propiedad donde permanecía, pero, con que lentitud fue deletreando su existencia hasta llegar a lo que era,  un ser injertado en una morada pesada y de ambiente autoritario, era un personaje caricaturesco, seco y estéril circuncidado de la sociedad, apartado de toda humanidad, todo lenguaje y convivencia, sólo le hacían compañía los muros planos y tenuemente cuarteados. La casa lo apretujaba entre muro y muro y en los pasillos largos parecía que se encontraría con un espacio de cincuenta centímetros de ancho y de altura de ochenta centímetros, sentía que el techo se estrechaba hasta tocarlo con los cabellos, le succionaba las entrañas tratando de introducirse la esencia, su contenida presencia era apocada por los movimientos de los muros. Estos se atraían hasta hacerse una sola, obesa e inflada tapia, el ahogamiento y la desesperación de sentirse preso de esa situación lo hacían  una criatura oprimida, castigada por una famélica estructura ósea que se apeñuscaba a su piel ajada y tumefacta. Las cortinas parecían algodones secos como polvorones que se introducían en la garganta y mamaban toda saliva, toda humedad bucal, los ojos se medio habrían para jalar más aire  pero sólo conseguía que las venas moradas de las sienes se le abotagaran de sangre y en las canicas de los ojos le crecieran  imperceptibles hebras de plasma. El individuo seguramente tenía en la punta de la lengua un —¡hay!— pero no podía nombrar nada, su lengua torpemente quieta y pastosa, como una masa de barro metido en una cueva entre dentadura maltrecha y unos que parecían labios pero más que nada era una yaga asomándose al mundo. Su reclusión no tenía escapatoria, sabía que no tardaría el momento en que los muros se transformaran en sarcófago insertado en el valle de “Casas Grandes”. La estrechez de la vivienda había sido para él cada vez más densa, el sofoco llegaba como un orgasmo que hacía contraer las grasas del cuerpo, los bellos se ponían tiesos y por ellos entraba un frío gélido que penetraba el poro y llegaba a las capas bajas del pellejo, su cara de sepelio tenía una barba crespa, bajo ella eran unas arrugas plegadas unas a otras, como si se pelearan por ese territorio y el cuello asomaba igualmente y mezclado, arrugas, papada y grueso de manteca. Su esperanza de salvación se había escapado desde hacía mucho tiempo, era un reverbero opaco, desaparecido y anestésico del espíritu optimista. Su cara miraba el techo, hacia el foco, redondez vidriada por donde se arrastraban dejando un caminito baboso, las larvas de mosca listas para dejarse caer al cuerpo melifluamente enrarecido y fétido. Las larvas caen en la boca y allí se anidan, otras caen al ojo y se escurren como lágrimas lechosas hasta el oído; por la oreja, se escapan del cerebro tan podrido, traviesas larvas y se devoran poco a poco una vida que no quiere escaparse. El ser sepulto y corrompido obscurece las estancias que parece que lo aprietan más para escurrir sus jugos más consubstanciales.

Las cortinas dejan entrar un resuello que viene de accidentarse en los filosos riscos de la escarpada del valle, bajo el piso van escurriéndose  los gusanos gordos y bien alimentados hasta el sótano oscuro para enterrarse en la arcilla polvosa. Las ventanas no dejan entrar ningún rayo de luz, tanto afuera como en el sótano hay una oscuridad luciferina de miedo.


EL CAN MOJADO 




—La hiciste lo que te dije, o todavía no— pronuncia el burócrata a su asistente que va llegando con un legajo de papeles y una libreta de notas. Los dos sudan  las primeras horas calientes de la tarde de la ciudad  fronteriza. Ciudad Juárez es una entidad apeñuscada con otra ciudad igualmente problemática como lo es la ciudad de El Paso, en ellas se acumulan toda la podredumbre, la azarosidad, la inhumanidad, y las esperanzas de una vida distinta, renovada. Ciudades independientes de sus naciones por su amplia capacidad de comercio, de tráfico, y destino; ambas ciudades se drenan y trasfusionan las virtudes y deshonras humanas, se colaboran para accidentar los destinos, para ocultar las desavenencias de los drogadictos, los grafiteros, patinetos, y rolers. De los inmigrantes, migrantes y huidores de la ley, de los que buscan de aquí para allá o de allá para acá una identidad distinta, un destino soñado. Son entidades que viven la modernidad desde la perspectiva del patio trasero, desde los trebejos insulsos de la globalización y el entreveramiento de dos naciones  zurcidas a mano. Nuestra narración  tiene como contexto esta urbe bilingüe y birracial, donde convergen lenguajes tan distintos pero tan cercanos, vecinos pero en confrontación continua, enlazados diariamente por pachucos, cholos y chicanos por mexicanos y norteamericanos. La globalización se vive en las calles, en cada compra, en las tiendas, en las caras de los “mojados” permanentes y perdidos en la indigencia, atrapados en la droga o en los tejidos de su comercio; se vive también en la transacción monetaria en las esquinas “permitidas” de dólares, y pesos; de carne humana con minifalda, y de polvo de ángel entre otros contrabandos.

—Sí, ya mandé la circular a los medios de comunicación, hay que esperar que ratifiquen su asistencia a la rueda de prensa, pero… ¿A donde la vamos a hacer?, en el auditorio o en la sala de juntas.
—Ve por Don Jacinto para ver si ya terminó con lo que le pedí, y háblale a Carmela para que me pase estos apuntes en limpio, ¡ha!, y también dile a Eusebio que quiero que me consiga otros datos que necesito para la rueda de prensa.
— ¡Muévete inútil,  pendejo!, eres tan inútil como los de la perrera que no han podido con el problema. Y ahora tengo que ver yo todo.

El responsable de salubridad se encuentra nervioso, ha convocado a los medios de difusión y prensa para aclarar asuntos y dispersar rumores que empañan su intachable y buena administración. En el cargo tiene medio año. Él no sabe porque lo pusieron en el puesto, no conoce nada de salud, salubridad y demás pero, era un paso para ser uno de los hombres de la lista que pudieran ser elegidos como candidatos a diputado por el Partido Efusionista de la Democracia (P. E. D.) La reunión con los medios de difusión será a las cuatro de la tarde, y llegaran los periódicos locales: “El sol de la frontera”, “El Avance”, y el Diario: “Juárez de la tarde” y de las revistas: “Zeta”, “Jaque” y “Diálogo Social” y de los noticiarios radiofónicos: “Resumen” y “Ahora”. La sala de juntas es la más apropiada para la conferencia puesto que tiene aire acondicionado y en la vista principal de la habitación un librero de pared a pared de color cedro y con libros y enciclopedias que hacen presentar a los hombres como sabihondos, intelectuales y protagonistas de la ciencia. La sala de juntas, en color rojo y dorado con molduras  en estuco y pintadas en oro con figuras griegas y románicas, a lo alto un plafón oculta la iluminación fluorescente  y una amplia  cornisa rodea y enaltece la estancia.

Los profesionales y lujosos reporteros, llegan sudorosos; cargan en la maleta su libreta de notas, y su grabadora sudorífica, otros más llegan con sus cámaras con correas colgadas al cuello o al hombro. Su piel morena presume el bronceado diario, de banqueta. Todos traen un celular a la cintura o bien en la petaca, razón por lo cual a cada momento pulsa alguna señal telefónica. Se saludan. El compañerismo entre los colegas es amable, son socios todos del chayotismo hermoso y reconfortante, se conocen de andar persiguiendo la noticia a diario y algunos de tomarse algunas caguamas bien “helodias”. Dos jovenzuelos, novatos y ciscados por el ambiente andan como perdidos, su nerviosismo los desenmascara ante los zorros y más colmilludos del ámbito, aquellos que cobran aquí y allá y acaparan los espacios y sus caras cínicas y simpáticas hacen recordar más a las hienas que a los zopilotes. Los inexpertos se acomodan acá o allende y sus tenis sueltan la peste propia para un desmayo, pero la buena ventilación ayuda a calmar la impaciencia odorífera. Y llega la periodista de lujo, la articulista estrella, tanto por sus notas periodísticas como por su voluptuoso cuerpo de “Diana Cazadora”. La hermosa se sabe deseada y por eso llega y se aposta en las filas de los preferidos, llega con el escandaloso perfume de Chantibel N° 5  y con un caminar encantador como el que tiene Salma Hayek. Su piel es fina como de durazno, con unas pestañas que envidiaría la mismísima Afrodita, no obstante, despierta en los hombres el idéntico deseo libidinoso de esta diosa griega.

La secretaria del funcionario acomoda los vasos y la jarra de agua,  enciende el micrófono y le da unos golpes con el índice para probar su funcionamiento, pone el cenicero que trae guardado eficientemente en la bolsa del saco y reacomoda nuevamente la tercia de sillas tapizadas de terciopelo sintético color vino.

El protagonista principal entra con el caminar rechoncho que todos conocen, ha pasado un cuarto de hora después de la cita y se ve que trae la gran noticia, como si cargara entre sus ropas plus por la gordura, un as escondido. Como si fuera a dar la noticia del antídoto contra el Ébola. Al estrado lo acompañan  su secretario, y la encargada de finanzas. A la entrada, han puesto un escritorio con vasos desechables  dos jarras, un botellón con agua purificada y una caja con sobres de “Vida suero oral” entre otras cosas trípticos de la Secretaría de Salubridad. Todo eso gratis.

—Señores periodistas. Les agradezco profundamente el que hayan asistido a esta reunión con su servidor, para dar a conocer los avances  en materia de salud, así como el informe de la campaña de vacunación tan exitosa que llevamos a cabo durante el “mes de la salud familiar”. Desde que entramos a laborar en esta tarea que nos encomendó el señor gobernador del Estado, hemos estado trabajando arduamente, para la salud de los niños, ancianos y en fin todos lo que integran la familia en nuestro Estado. Nosotros siempre hemos estado preocupados por la salud y el bienestar de la familia, por ello, es necesario que dé algunos datos que clarifican el arduo trabajo de esta secretaría. Se vacunaron a 5457 niños con la triple viral, y se inyectaron 2134 con la vitamina que es más que nada un complemento inyectado, además se pusieron 684 vacunas contra el tétanos para niños y mujeres embarazadas y se continúa con los programas permanentes de “cultura reproductiva” , “aguas con el SIDA” “El cólera mata” y otro que es para evitar la deshidratación de los niños en estas épocas de calor”—El ágil disertador continua su exposición mientras los periodistas anotan en sus libretas y vigilan sus grabadoras puestas cerca de los altoparlantes y otros entre ellos la periodista estrella, toma fotografías  con poses delirantemente sugestivas. El chisporroteo de las cámaras es incesante, motivo por el cual el oficial regordete se limpia el sudor, e  intenta una cara fotogénica en cada centelleo. Termina con su verborrea y amablemente concede  cinco minutos para preguntas:
— ¿Señor Licenciado, es verdad que lo van a proponer en su partido para ocupar un puesto de diputado en las próximas elecciones?
—No lo sé, eso le compete a mi partido, siempre tomando en cuenta las proposiciones de nuestras bases en el partido.
— ¿Usted piensa que usted es el mejor candidato?
—Yo sé cumplir la voluntad del pueblo, y si el pueblo quiere, yo obedezco.
— ¿Es verdad sobre los rumores de que en la ciudad ha crecido la insalubridad en un 25% y la muerte de menores a un 15% y también de que los problemas de mordeduras por perros con rabia es un caso grave que lo tienen a usted en jaque?
—No joven esos son rumores mal fundados, los rumores y acusaciones sobre insalubridad e ineficacia son por culpa de los estadounidenses. Verá, hemos hecho las respectivas investigaciones científicas y en ellas encontramos que el propagador del mal —o sea la rabia— lo es un perro en la vecina ciudad de El Paso que a diario cruza la frontera “de mojado” para morder a personas y animales y luego se regresa; es un perro maldito que propaga la rabia y contamina todo. Estamos por acabar con ese mal, nada más que le demos  caza y tendremos salud y bienestar en las familias de Ciudad Juárez. Bueno, muchas gracias por su atención, ¡Ha!, a la salida les estamos regalando agua purificada, porque está dura la calor, y unos sobres de “vida suero oral” para que no se me vayan a deshidratar, gracias, muchas gracias.