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martes, 22 de noviembre de 2011

puros cuentos 20


EL INDIO TARAHUMARA




El indio tarahumara cruzó varios kilómetros de serranía antes de llegar a la iglesia del pueblo, la reunión era en las ruinas de la capilla abierta, justo en el lugar donde eran golpeados y castigados sus antepasados por no ir a misa o bien por no cumplir con los deberes de la iglesia en el siglo XVI. El medio día impetuoso chamusca el polvoroso sendero que parece que se enchueca más por  el sol recalcitrante de Mayo.

—Nomás porque soy el representativo de la comunidá y porque van a dar algo de botana pal’a comida sino que me interesa eso de los programas del estado, al fin que dea tiro ni van a dar gran cosa, siempre es lo mismo, las ideas que se avientan con eso de que ahora si el pueblo  va a disfrutar de cosas que ni tenía, eso es pura habladuría, o son tarugadas, como la vez  de hace un año de que en el día de las madrecitas rifaron un microondas y se la saco una que ni tenía luz y que mejor lo vendió y se compró un colchón para que durmiera toda la familia en blandito, eso es pensar muy tarugo porque no entienden la necesidá del jodido. Yo nomás me aprovecho de cada ocurrencia y le saco jugo a lo que venga, total si no lo agarro lo agarra otro y yo me quedo nomás babeando. No si, la cosa está re dura, dicen por allí que en el pueblo de Kosovo ya empezó la guerra, yo ni sé donde queda eso, ha de ser en un país lejano porque si fuera cerca el gobierno no estaría tan a gusto discutiendo lo del próximo presidente, y sí, esa es la realidá, la pura realidá, que nos queda, esa  es la pura realidá, y sí, así es. —el tarahumara continua serpenteando la última cañada y llega al pueblo. El villorrio se asienta en el tepetate menos costroso y duro de la serranía; las casas mientras más viejas más se percibe ese aletargamiento, su flacidez de memoria.

Hay un gran toldo en el lugar,  el estrado está adornado con flores de cempasuchitl y adornos de semana santa figurando flores de mastuerzo; en el lado izquierdo una manta en colores folklóricos con la leyenda “Consorcio para la instrucción”. El  vocingleo de los técnicos se escucha  nervioso. No tarda en llegar el Gobernador. El sudor ataca fuerte las caras de los presentes que enfundados en galas y ropas domingueras soportan lo insoportable y sonríen sardónicamente. Otros más atrás, apelotonarse, temerosos y apáticos  observan y se miran unos a otros, son los naturales, han llegado al lugar desde sitios lejanos, la mayoría no a comido gran cosa y para disimular el ronquido de sus tripas, arrastran el guarache entre las piedras y aclaran su garganta. Se ven contentos porque verán al señor gobernador. Todos sonrientes. Aplausos, hurras y vivas. Fotógrafos. La niña que se acerca y ofrece flores: la foto. Los guardias que recogen de las manos del gobernador las cartas que han dado los ciudadanos con: pedimentos, proyectos, poemas, sugerencias, maldiciones y demás.

Es el presidente municipal quien pasa primero al micrófono y pide aplausos para cada apellido que nombra y son los acomodados de la ciudad, gentes de opulencia. Los guardias han entreverado algunos indios recién bañados entre ellos para que salgan en el periódico y se vea la buena voluntad. La audiencia escucha las disertaciones de cada uno y le toca al gobernador:

—“ciudadanos, estamos aquí reunidos — como ya lo dijeron — para iniciar los proyectos que tenemos contemplados para la sociedad civil. Estamos con el pueblo, y nuestro trabajo es para que el pueblo se desarrolle  hacia la democracia y para que todos tengan una vida justa y digna, queremos que el fomento comunitario sea fomentado, fundamentalmente por ustedes, que sean ustedes los fundadores del progreso dentro de cada comunidad, vamos a impulsar los talleres de lectura, los clubes de libros y las bibliotecas y vamos a formar en nuestras comunidades gente instruida y educada…”

—A cabrón que fomentado ni que nada, —piensa el tarahumara —más bien estamos fermentados de la calor tan dura, y eso de leer, me da güeva, ¡ja!, si a mi hijo no le gusta a mi menos, y lo de la biblioteca esta difícil, los ratones ahorita andan de hambre, luego que anden buscando nido allí van a estar. Eso si no pasa que la biblioteca va a dar a la casa de los particulares como los hijos del presidente municipal o hasta sus achichincles  total que eso de la cultura es pura mascara para legitimar al gobierno, y sí, esa es la realidá, la pura realidá, que nos queda, esa  es la pura realidá, y sí, así es.

El protocolo termina, los aburguesados, se saludan y dan abrazos y besos, la gente del pueblo se apiña bajo el entoldado que se ha dispuesto con agua fresca de tamarindo, pambasos, memelas y tostadas. Sobre la fruta serpentean las manos que desaparecen en los  morrales. El indio toma rumbo a su jacal. Ha comido. En su talega lleva un pambazo y tres memelas. Al día siguiente su señora tiene diarrea y fuertes dolores de estómago. La comida se había echado  a perder por el calor.


¡Caen como moscas!



— ¡Qué hermosa guerra! Los veo allí, tirados, algunos con las piernas torcidas, cortadas o chamuscadas, sus cuerpos con boquetes donde han entrado las balas o esas como quemadas eléctricas... y ese anciano allí tirado, sin alma que pueda hacerle mover los ojos: Son como dos grandes lágrimas suspendidas; son todos ellos cuerpos tendidos con excrementos e intestinos de fuera con posiciones cómicas, los dedos acalambrados y huesudos, pero las calles me hacen recordar mi infancia, las veces en que andaba por allí en la avenida Juárez, la calle Guerrero o Veinte de Noviembre, comprando algún mandado de mi madre o simplemente vagando, apedreando a algún perro, resorteándole a las urracas del río Zahuapan. Qué a tiempo es recordar mi historia por estas calles donde yo consideraba que eran otros los dueños de ellas, como el gobernador en turno o las distinguidas familias de abolengo ¡Pero si recuerdo un poco, creo que las  facciones de esa cara anciana son o más bien eran de esa estirpe! ¡Mira que ahora ya no fingen, sufren de una indiferencia total, sólo las moscas les zumban y se les meten en la boca para acicalarse las patas sobre la lengua! Y mira allí la niña que en aquellos tiempos me dijo que yo era un niño mocudo y piojoso, ahora ella tiene unos labios muertos, bien muertos, es una boca que nadie quiere.  Me quedo viendo los semáforos que prenden y apagan como locos, algunos se perciben como corbatas cantinflezcas, hechas unos hilachos, tumbados sobre los edificios o la banqueta. Y esos petardos de fiestas patrias son bazukas de vuelo y ¡pum! Se escuchan los estruendos y las ráfagas, son sonidos que anuncian el arranque de alguna vida, la destrucción de alguna casa o edificio. La pólvora busca pretextos como si buscara personas en distintos sitios, ella es un elixir que se embriaga a sí misma, goza entrar en los cuerpos y sentirse acogida en un charco de sangre. ¡Caen como moscas! A la chusma se les quita la vida con un soplido, son tan estúpidos que quieren correr pero su falta de condición física, la gordura que cargan en su panzota, la falta de entrenamiento en los menesteres de la guerra, que terminan no sólo muertos de morirse sino también muertos de cansancio; el arranque hacen pero es una lucha infructuosa, pírrica, muchos de ellos tal parece que sólo vinieron al mundo para eso, para ser despellejados por una bazuca, ser desmembrados por un pisotón tremendo de una oruga de tanque o reventados por la lumbre fosfórica. Los parapetados en sitios estratégicos de la ciudad oponen la resistencia pero saben que al final de cuentas serán sometidos; ellos son los hombres que han quedado, ¡No cabe duda que fueron apoyados por un sino azaroso! Pero mira que la he pasado de maravilla viendo y acariciando las piernas de las muchachas, como todos sabemos, cualquier revolución escupe damas de compañía fieles y entrañables.  El enemigo gracias a la tecnología y a su poderío militar  ha podido diezmar  a la población de Tlaxcala, primero con ataques biológicos como las enfermedades  nuevas y extrañas, así como las más frecuentes como las enfermedades estomacales  —El número de tifoideos aumenta todos los días— y pulmonares; y después con ataques psicológicos y cerebrales y por último la fuerza militar tan necesaria si se quiere tanto efectividad, como derrumbar la moral del pueblo y ya una vez que esté sometido el pueblo... ¡inche tribu macuarra la de los Tlaxcaltecas! Ahora sí el triunfo es de la guerra, hermosa guerra que hace disminuir a la población y hace sobrevivir a la humanidad.

La comunidad pronto estará en ruinas, veremos como el enemigo lo convierte todo en puros escombros, y esos edificios coloniales, ¡Al diablo! Y esos monumentos al héroe traidor ¡Al diablo!  Y ese puente horrible de hierro y remaches ¡Al diablo! Todo al diablo y luego también las casas de mis vecinos, ¡La escuela! Y los hospitales, y los campos de verduras y... y a envenenar el piso con puros temblores, matar desde vacas hasta ratones y perros de la calle. ¡Todo va a volar, sí! Sí, hasta la ropa tendida y los puestos de memelas, el color imperante el caqui y los utensilios y mochilas camuflageadas con pintura y ramas de los árboles cercanos, los aviones dejarán caer su carga y los enormes cráteres servirán después como jagüeyes  y por una buena temporada, las nubes andarán huidizas por estos lugares, aja y los indios que andan siempre como ciscados ahora andarán con una muy buena razón para andar ciscados.

Qué placentero y con qué seguridad se camina en la calle armado con una metralleta como ésta y el cuchillo de Rambo y las granadas de mano colgadas de la espoleta, la adrenalina corre al lanzar tal explosivo y ¡Pácatelas! Salta la vidriera de la tienda de zapatos, el sinnúmero de objetos desperdigados, el escombro, los gritos de dolor, dejar que salgan huyendo los sobrevivientes y cazarlos como ratones, cercenarles algún dedo, o un pedazo de oreja; y luego tender sus tripas al sol como si fueran tendederos para asolear cecina o pescado salobre; ¡Qué hermoso paraíso de sangre derramada! El culto al sacrificio de los otros, se ha transformado todo en una serranía de ortigas amigables para nosotros los espíritus aguerridos, almas ingobernables, entidades aristocráticas y fuertes, voluptuosas y aventureras, desprovistos de compasión, amantes de la codicia y el engaño. Todo cambio es bueno, hace mover conciencias, hace hervir la sangre o convertir  aquello que corre por las venas de atole hediondo y estacionario a sangre caliente y activada. Pero mira que todo el mundo anda con los ojos encendidos, despiertos, centelleantes ¿Y donde han quedado las vistas distraídas, aborregadas, somnolientas, propias de ganado garrapatiento? No cabe duda de que el hombre se acopla a la existencia; el hábitat del hombre se incrusta en el alma y la gobierna ¡He aquí la lucha entre su alma y el ambiente! ¡Qué gane el equilibrio de los dos elementos!

El combatiente ha elegido acertadamente las perspectivas, las guarniciones han quedado bien distribuidas en la capital del Estado en los cerros Totolqueme y Ocelotzin; así como también, en los cerros de Zimatepec, Huizcolotepec, Temetzontla y Oxtotl en este último se ha habilitado un helipuerto y un centro de comando, las vías rápidas y más importantes tienen retenes en donde la sociedad civil o da su mochada con moneda extranjera o nomás no pasa. El rugido de la maquinaria guerrera, los implementos belicosos y el azaroso estruendo de alguna bomba hacen de la vida en la región un sobresalto, y un despavorido de transeúntes, eso significa que el dios Camaxtli ha abandonado a los tlaxcaltecas, sólo les queda hacer ruegos a la Guadalupana.  De la Central Camionera únicamente han quedado ruinas, camiones y combis quemados, hechos unas chatarras -aparte de lo que ya estaban-  y justo en las fuentes que conducen a ésta hay un cráter de seis metros de diámetro, los coches que pueden circulan sorteándolo de algún modo. Nadie hubiera podido creer que el estadio Tlahuicole  junto con su fabrica de no sé que, los hicieran yogurt con un misil crucero, pues sí, en verdad  esos eran unos puntos estratégicos para diezmar el potencial militar  del enemigo, ¡Imagínense que los militares de la resistencia ya no van a poder disfrutar de quesadilla alguna! Bueno, la capacidad  balística nunca estuvo en manos de los tlaxcaltecas, ni siquiera cuando Hernán Cortés guerreo contra los Aztecas, y tiempo después nunca jamás; Muchos se arrepienten de haber utilizado el servicio militar de los jóvenes para otras cosas y no para prepararlos para la defensa de la nación; pero, en realidad las concentraciones de tropas en Atlangatepec, Acuitlapilco y Terrenate quintuplican a cualquier puñado de vecinos. Los aviones extranjeros lucen preciosos y a los nativos se les cae la baba nomás de ver las gigantescas turbinas, el inmenso equipo descargado. Los campos que circundan la capital están minados, se habla de varios muertos en los campos de Zacatelco y Tepeyanco  y por el lado de Contla y Atlihuetzia han obrado estas como fabricas amputadoras; además de que por seguridad se ha doblado el resguardo en Atlihuetzia: Se ha convertido en un fortín los hoteles.  Llegan allí altos mandos, equipos gerenciales y  apoyo topográfico.

La hambruna, aparte de la anterior, se ha convertido en un monstruo multicéfalo  que devora a los hambrientos, la ironía se hace presente hasta en las botas de hule y las pañoletas rojas en la cara contra los borceguíes de materiales y tecnología  superior y cara hermosa coronada de ojos azules, bien nutridos. Se ha dicho que los más osados o los más hambrientos han ido a las famosas ganaderías de Tlaxcala a corretear  toros bravos, para matarlos y hacerse un taco de tripa, de bistec o de cabeza.  Y hablando de otras cosas más nutritivas. Los políticos famélicos continúan con esfuerzos de Goliat pero David bíblico no se deja, la diplomacia se queda unilateralmente en manos resbalosas, sin embargo, las relaciones con los extranjeros se juzgan positivas y de buena marcha, el consenso en las peticiones pronto estará resuelto.
¡Vivimos dentro de la democracia, imagínense si no!

En los últimos días, los hijos de Tlahuicole lograron una serie de emboscadas donde gracias a su ingenio lograron matar a un número similar a los muertos de sus filas, en otras ocasiones no han tenido tanta suerte, y se les ha contado como héroes de la patria o sacrificados de la guerra; los ataques sorpresivos de las guerrillas no le hacen ni cosquillas al enemigo, tal parece que, de una manera moderna, se vuelve a vivir una guerra florida como la de los tlaxcaltecas contra el imperio azteca. Las presuntas posiciones de los paisanos han sido bombardeadas sin ton ni son, pero ellos aseguran “ha sido quirúrgico el ataque” ¡Devuelta imagínense si no tuvieran ese preciso ojo de tirador!, Ellos dicen en los periódicos: “se han asestado golpes adecuados” para guiar todo hacia una “salida negociada” Todo Occidente tiene el ojo puesto en la zona de conflicto y por la televisión en vivo y por transmisión instantánea se enteran tanto de que los Tlaxcaltecas han sido malos vecinos y les huele la boca, hasta de que los nombres de las calles son muy difíciles de pronunciar y por tal razón los cambiarán por otros como: Calle Mónica Lewinski, Calzada de Arnold Schwatzeneger o boulevard Manson; como siempre, ellos tienen toda la razón, incluso les haría la propuesta que quitaran algunos nombres de regiones como: Xochitecatitla por decir algo, y les pusieran New Brownsville o que sé yo... y también los apellidos de la población, a final de cuentas, no es la primera vez que reciben tales cambios.

Nuestras muchachas están muy contentas con toparse con soldados rubios de ojos azules, fuertotes y bien alimentados, a ninguno le hacen el feo y los pobres oriundos despreciados y hasta morenos de coraje andan con las manos temblorosas y cabizbajos, ¡No cabe duda de que el preferir raza blanca está en la genética y yo me pregunto! ¿Por qué no hay una santa llamada Malinche? Si fue una de las primeras bautizadas e hizo grandes logros por la santa iglesia católica. Pero en fin, para el siguiente medio siglo estrenaremos raza, y estaremos orgullosos de nuestros hijos rubios y hermosos todo gracias a nuestras mujeres tan expeditas y sonrientes.

Una mujer de veinticinco años aproximadamente, se acerca al adolescente, el soñador se encuentra como ido y sentado en el escalón de una casa ubicada en una de las calles principales de la ciudad, ella regresa con una bolsa de mandado— ¡Qué no te dije que fueras a preguntar en la tintorería si ya estaba mi saco! ¿Qué estuviste haciendo media hora que me tardé yo? ¡He!, — ¡He!— que te dije que fueras a ver lo de mi saco, allí en la bolsa traías la nota—esque se me olvidó— ¡Hay si serás...!—pero ayúdame con la bolsa... a ver trae la nota... tu vete a la casa mientras yo voy a ver esto... pero vete rápido porque ya es la una y mi mamá está esperando el mandado... —aja.

La mujer, siempre la mujer, mandando y ordenando las cosas a su modo, como Cleopatra e Isabel, como Carlota y Juana de Arco pero me acuerdo que una vez murió en la hoguera una mujer que se parecía a mi hermana, a tanto que podría confundirse con ella, la habían confundido con una bruja durante la época obscurantista, cuando la inquisición era gobierno y juez  del pueblo. Fue la población italiana de Génova quien disfrutó de la quema en leña verde con ramas de eucalipto de esta bruja mandona, la sentencia había sido unánime, y todo el pueblo gritaba a coro ¡Qué arda, qué arda, qué arda!, Al paso de ella le iban lanzando miados y desperdicio de comida, ella suplicaba que era una santa, pero escuchaban esa palabra y más se enardecían y soltaban injurias como los huracanes sueltan vientos y no había quien parara a la muchedumbre y gritaban sin parar ¡Qué arda, qué arda, qué arda! Y los monjes felices porque se cumplía la voluntad del señor y luego sonaría el órgano su melodioso barroquismo e incendiarían todo aquel montón de leña con una tea cubierta de chapopote.