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martes, 22 de noviembre de 2011

puros cuentos 5


LAGUNA BUSTILLOS



“La pobre gente siempre está
Dispuesta a dejarse embaucar.”
Alfonso Reyes



—Trato de alcanzar las cosas, de escudriñarlas, de entender los significados. Encuentro un infinito de simbolizaciones, de elementos, de sentidos, y el mío no está; tal vez sea, que la idea es no encontrar el sentido en este momento, sino en otro. Sea por Dios. Que sea otro el que encuentre los significados y los porqués, pero... ¿Yo que hago aquí  en este Estado, que es lo que se persigue al estar trabajando en esta fábrica como ingeniero, para qué estar en este pueblo o bien para qué estar en aquél Estado de donde soy que cosa perseguir, cuales son los objetivos a alcanzar?

—Los sueños siempre han sido los mismos, seguir trabajando para ser alguien en la vida, seguir aprendiendo más sobre mi oficio, continuar con el sueño de inventar y tener patentes y tener la suerte de que alguna pegue. Continuar con el sueño de ser feliz, de hacer feliz. Hay en el adentro esa desesperación de tratar de mover las cosas o bien de que se muevan las cosas a como nosotros queremos que se muevan, este es el espíritu de los jóvenes, o bien de los espíritus aventureros, es como tratar de encontrar las respuestas inmediatas a las cuestiones que cada uno tiene en la cabeza. ¿Por qué estamos siempre con la idea de que la vida es una carrera, o como una competencia en la cual hay  ganadores y perdedores? Donde hay cosas adquiridas y cosas por adquirir y la cuestión de siempre es cómo conseguirlas y como salir airoso y bien librado; o sea, un ganador.

—Una de las virtudes del hombre ha de ser el de esperar, saber aguantar cualquier cosa, dejar pasar, dejar que ocurra, dejar que los hechos se den, que la realidad actúe encima, que nos barnice de su espíritu.

Manuel Murillo Peregrino, Ingeniero en sistemas de producción, había llegado hacía más de dos años a la población de Anabajuc en el Estado de Durango. Había sido contratado por la fábrica papelera “La Sulfurosa” para mejorar los tiempos de producción y automatizar el área de repulpado; como no había más que esperar  a que la  empresa estadounidense I.B.M. Mandara los sistemas informáticos operativos, Manuel  ocupaba el tiempo que le quedaba libre en su proyecto de robótica.

Observando a la empleada que limpia la oficina Manuel  bromea sensual. En el monitor de la computadora aparece un protector de pantalla.
— ¡Mira, he dejado la puerta entreabierta para espiarte las piernas!
Ya.... ya no — Cerrando, y con una risita, la muchacha coqueta continua su faena.

Con esto, se confirmaba que Manuel tenía aptitud para conquistar a las mujeres, pero su mayor habilidad era la invención. Desde chiquillo había sido un niño inquieto y muy despierto, había inventado de niño un rifle corto de madera cuyos proyectiles eran corcholatas, así como una bazuca hecha con: botes de jugo ensamblados, una pelota de esponja y alcohol como combustible; también había ideado un sistema térmico para calentar agua mediante energía solar, ora bien barcos y submarinos que se desplazaban con energía calórica o mediante el proceso químico de una pastilla efervescente entre otras decenas de invenciones; el resultado de ese pensar creativo fue su tesis de  ingeniería: “Equipos de autosuficiencia, sin requerimiento de medios de apoyo. La robótica aplicada en los medios subacuáticos”. Dicha tesis (como sucede con muchas) fue ignorada por los colegas, pero no fue impedimento para que el ingeniero Murillo continuara con sus investigaciones y era lo que estaba haciendo en sus horas libres, tanto en la fábrica como en su departamento.

El arrendador de su departamento era una persona jocosa y jactanciosa que se las daba de vivir como se debe y nunca terminaba de fanfarronear, cosa que al ingeniero Manuel le molestaba. Al ver el protector de pantalla y sorber un poco de café recordó las palabras de su arrendador:

—Pues vera inge, en la vida se encuentra uno con imbéciles, como ese pariente jodido que tengo, el que vive en la esquina, y existen otros que quieren serlo. Afortunadamente no tienen que esforzarse…Sí… así es la vida, los hijos son cosa seria, pero a los turulatos les encanta traer niños al mundo. Cuando los niños llegan, se pasean bien cómodos con sus padres…”

Manuel giró la cabeza y volvió a observar a la muchacha que hacía el aseo pasando un trapo por los archiveros. En tanto un empleado deja el periódico en la mesa de servicio sobre las tazas de café. Se empuja hacia atrás y la cómoda silla se desliza sobre las ruedas.

El ingeniero alcanza el diario e inicia la lectura. Los encabezados se lucen de pesimismo ante una segunda “tormenta del desierto” en el Medio oriente. En los deportes, los Lakers son los favoritos  para salir campeones en la N.B.A. En las noticias locales, el acontecimiento de las últimas semanas es el avistamiento de un monstruo marino en la laguna Bustillos. Algunos diarios de alcance nacional han mandado corresponsales al pueblo de Anabajuc.

—Raquel, ya se enteró de lo que se dice en el periódico de un monstruo, aquí cerca, en la laguna.
—Sí, a poco no se ha enterado inge. Si ya todo el pueblo está medio asustado y ya ni quieren ir a pescar.
— ¿Entonces sí es cierto — mintiendo el ingeniero, continua — eso del monstruo?, ¿No será una ilusión, u otra cosa?
—No inge, si hasta yo ya lo vi, era un monstruo…pos… grande y verde que sobresale sólo una como joroba con escamas, y cuando sale empieza a oler muy feo como a azufre.
— ¿Y te dio miedo cuando lo viste?
—Pos me dio como escalofrío cuando vi la joroba y luego me tapé los ojos, y cuando me los destapé de nuevo ya no había nada.
—Bueno pues, será el sereno. ¿Y cuantos lo han visto?
—Pues ya casi todo el pueblo, ya hasta la que vende las memelas aquí afuera de la fábrica se pone allá, cerca de la laguna, a eso de las doce y media de la noche para venderles a los que quieren ver al monstruo.

El ingeniero se queda callado, pasando la vista en el periódico que tiene en la mano. Hace una mueca y sonríe. De reojo observa el monitor de la computadora; en la pantalla hay ventanas volando. El ingeniero rememora todo el equipo tecnológico que ocupó para crear ese monstruo mecánico. El ingeniero Manuel se acuerda cuando estuvo trabajando noche y día para crear al monstruo que ahora funciona con equipos de autosuficiencia, sin requerimientos de medios de apoyo y que tiene tanto éxito en el pueblo. El monstruo se mueve con un sistema de robótica capaz de funcionar durante dos lustros sin la necesidad de mantenimiento y con la  energía procesada de una manera generosa. Lo  que no sabía  el ingeniero Manuel era que había en las profundas grutas de la laguna un animal raro en su especie, era un monstruo que siempre había vivido allí. Era una especie de tortuga marina y manta. La energía acumulada del monstruo máquina hacía que el plancton se acumulara en su entorno e hizo que el animal raro en su especie atacara a la máquina con un choque eléctrico y quedara el monstruo—máquina averiado en el fondo de la laguna.

—¿Dónde habrá dejado el ingeniero el recibo de la luz? — Se pregunta el arrendador mientras introduce la llave del departamento del ingeniero —.  Al entrar se da cuenta que el ingeniero estuvo o está ocupado en un trabajo de ingeniería, y sobre el escritorio una maqueta de una máquina tipo submarino, con distintos dispositivos. Además el proyecto del monstruo, que en ese momento estaba en boca de todos. Ahora  se daba cuenta de muchas situaciones que habían pasado con el ingeniero Manuel Murillo. Encontró el recibo de luz y salió a pagarlo. De regreso tenía que pasar a la junta con los ejidatarios.

—No sabemos nada, nunca habíamos pasado por una situación como ésta — dice un ejidatario entre  los muchos que hay en la reunión —. El salón se nubla de humo de cigarrillo y el sudor mezclado de los hombres de campo hace un ambiente campirano.
—Pero queremos respuestas — asevera un exigente.
—Yo aparte de tener los problemas de la cosecha, de mis animales y de mi casa, ahora tengo que resolver los problemas de la naturaleza — pronuncia un quejumbroso.
—Yo propongo que lancemos dinamita al fondo de la laguna para acabar de una vez por todas con el problema.
—Yo sugiero que vayamos a matarlo.
—Y a mí me gustaría darle un escopetazo — sugiere otro salvaje.
—Yo quiero probar la carne, dicen que lo más añejado tiene buen sabor — aconseja un hambriento.
—No hay que pasar por tontos. Lo que ha estado pasando en el pueblo es de trascendencia nacional y ya en el hotel de Filomeno hay reporteros de Canadá, Estados Unidos y de España.
—Para  mí, pues… que siga la cosa, las ventas se están elevando.
—No sean alarmistas. En la laguna no hay nada, sólo son chismes — declara un escéptico.
—La señora de la tortería ya hasta compró televisión nueva.
—Apiádate de nosotros Señor. Dios nos libre que sea alguna señal del Apocalipsis. ¡Se los dije!  Yo les dije que dios mandaría a quemar la cizaña. Yo les dije que leyeran la Biblia. ¡Yo siempre confié en la palabra del señor!
—Guarden silencio señores — se impone la voz del presidente municipal — Tengo que comunicarles algo importante. Número  uno: se prohíbe andar en lancha después de las siete de la noche. Número dos: no vamos a matar a ningún animal, hasta que no recibamos informes de las autoridades correspondientes y de los investigadores que llegaron desde hace unos días.
—Esos nomás andan de metichis
—Sí, eso y nomás hora y ya quieren los cambios del pueblo.
— ¡Guarden silencio! Número tres: aléjense de la laguna por pura precaución. No sabemos si ese animal es peligroso y tam… — el arrendador interrumpe.
— ¡Yo sé lo que hay en la laguna! — el fanfarrón suelta su verborrea.
— ¡Tiene usted la palabra! — ordena el presidente municipal.
—Pues verán ustedes, yo tengo un inquilino que trabaja en “La Sulfurosa”, es ingeniero y se encarga en la fábrica de unas nuevas instalaciones en el área de repulpado. Ese ingeniero sabe mucho de máquinas y robots y de computación.  Resulta que esta mañana fui a recoger un recibo de luz al departamento de este ingeniero y descubrí que tiene una maqueta de un como submarino pequeño pero que tiene escamas y por dentro tiene sistemas como los que usan los robots y equipos de electrónica. Además me encontré con un proyecto de un robot que iba a nadar en la laguna Bustillos. En los objetivos del proyecto está el de engañar a la gente del pueblo de Anabajuc. Ahora no me negarán que yo contribuyo a resolver los problemas del pueblo, que yo soy quien muchas veces tengo que enfrentarme a este tipo de situaciones.
—Pero cómo se llama el ingeniero.
—El ingeniero se llama Manuel Murillo Peregrino
— ¡Ha! Ese es el que anda  persiguiendo a mi cuñada.
—Nombre, si también le anda haciendo arrumacos a mi hermana.
—Entonces este ingenierillo es toda una  fichita. Aparte de burlarse de nuestras mujeres, “quiere burlarse de todo el pueblo con su robotito”.
— ¡Señores! Creo que nos estamos precipitando en las resoluciones de ésta problemática. Debemos ver, no los problemas particulares, sino la paz y la concordia en el pueblo de Anabajuc. El pueblo de Anabajuc siempre ha demostrado unidad y trabajo. Por algo en la capital del estado, allá en Durango, siempre nos tienen en la lista de ayuda humanitaria y subsidios. En algo es debido a que la mayoría es priísta, pero mucho se debe a la unidad del pueblo. Ahora bien. Déjenme decirles que tarde o temprano sabríamos si fuéramos engañados con una cosa como ésta. Pero hay que preguntarnos primero si le conviene al pueblo de Anabajuc saber la verdad. Díganme señores si es conveniente para la comunidad entera que se sepa la realidad de las cosas. Ustedes mismos han dicho que esto del monstruo de la laguna les ha beneficiado. Y todavía está por venir una cantidad no despreciable de turistas a, dizque, a ver el monstruo. Pues en tal caso les conviene a todos el que venga turismo a este pueblo. En muchos casos ha sido un pueblo ignorado. Ustedes bien saben que en el tiempo de la  Revolución sólo hubo bandoleros perdidos que se acercaban a unas cuantas casuchas alrededor de la laguna, y nuestro héroe, don Gumaro Terrazas, no es reconocido como héroe por tener algunas canas regadas. Pero… sometamos a votación el caso.

El ingeniero Manuel laboraba en sus últimos días en la planta. Al día siguiente llegaría el sistema operativo y para el día viernes se iría de Anabajuc para regresar de nuevo a su tierra. El ingeniero no volvió a saber nada de su invento. El pueblo de Anabajuc instaló a orillas de la laguna un centro recreativo con cabañas, asadores, un pequeño restaurante y, además, la renta de caballos y burros que ocupan en el campo. Los turistas llegan en fin de semana. Por la noche, cuando todo está en calma, llega un olor a azufre que nadie ha podido saber de dónde viene.