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domingo, 18 de diciembre de 2011

Genealogía de la Tlaxcaltequidad


Genealogía de la Tlaxcaltequidad
Un repollo deshojado


Edgar Sánchez Quintana



Más que hacer sólo descripción de un chiste, me propongo, con rigor somero, describir los elementos que encuadran una explicación denostada, en algunas partes esquiva y en otras oculta.

Los impulsos que se avienen a mi ser, más que encargarse de un urgar para llenar los vacíos, es ante todo una manera de hacer en cierto modo justicia y en cierto modo denuedo de aquello que sin explicar, ya somos. Con inmediatez lo explico.

Como paisaje en otoño de maizal sin piscar, así me aparece la imagen del campo genealógico; debidamente ordenado, apaciblemente lánguido en sus surcos viejos, la genealogía busca entre las semillas de la historia encontrar explicaciones ya sea para el deber ser o para mejorar el devenir, entre los grises aposentos de la sabiedad, el conocimiento genealógico trata -sin mucho afan y prisa- de descubrir en las raices de lo que nos amolda o guarece, algo del cual podamos reconfortarnos o sentirnos seguros y ambientados. He sabido de pensadores que afanados en el hacer, reconstruyendo una historia, hacen pegotes, ensambles y monstruosidades franquinstenianas, para esconder sus vulgaridades cotidianas y construirse castillos mentales, reboques y aplanados de aquel historismo desgraciado y denigrante que no tiene remedio. su falta de estilo, lo mejora en embrollos metafísicos o conceptos de moda que pronto pasan a desuso. La genealogía fue inventada para causar dolor porque ni siquiera sirve para servilmente ganarse un salario, pues si mal no recuerdo, el creador del verbo fue Dios y luego lo explico todo como lo había hecho, y después pone a los niños en catecismo a aprender el genesis de como principio todo; el alfa y el omega, las historias y los historiadores, las fuentes orales y los primeros registros, los archivos eclesiásticos, los registros vacuos, las fuentes documentales, las publicaciones y toda una sarta de lógicas, órdenes, jerarquías y estructuras, los tiempos, los tiempos de los tiempos y en ello los olvidos, las amnesias, los accidentes; y todo ello nos constituye, nos entrecruza en las distintas vertientes interpretativas, las psicologicas, metafísicas, fenomenológicas y las de Estado y cualquier otra que tenga a buen gana olvidar. La genealogía no sólo inventó a los historiadores sino también a los burócratas,  y aún así cuantos de ellos son grandilocuentes y empolladamente gallitos ufanos, que consideran que la historia agradecera su gracia y su virtud. Niezsche se equivocó al hacer una Genealogía de la moral, cosa que la Alemania de ayer no merecía, sino que demostro con su discurso que más merecían hacer alarde de sus bajezas y de sus inmoralidades, con su moral doble, sus hipocresías y desverguenzadas. El Dios del Genesis también se equivoco, al pensar que su interpretación no llegaría a terminar desde sus lados más flacos, desde sus hilos más delgados, desde su dualidad lastimera, lógica y racional; volvamos a recapitular como la historia que es para mi entender la puta fácil de la genealogía (y también del poderoso) nos muestra entre rigores "científicos" como los senderos del hombre han sido, se han conformado, se han racionalizado, y al fin nos hemos comprendido ¡Aleluya!. Ya Michel Foucault, nos había dado un justo discurso de la tan vilipendiada en este ensayo, ensayo venido a menos, casi a tira comica.


La mueca fallida del discurso genealógico, aún a pesar de afanarse en metodos severos, saberes minuciosos y cuadraturas historicas perfectamente exactas, no pasa a más que sendas embrolladas, genesis lineales, comprensiones de si misma suficientemente documentadas (entre materiales apilados) y en conclusiones sin corchete o garabato inconcluso. La meticulosidad espanta pues incluso Borges quien se codeaba y le hablaba de tu a la susodicha, se daba el lujo de reírse en ironías y decantar cuentos y relatos a sus espaldas. Pero hasta aquí ya he vilipendiado lo suficiente este surco y ahora paso a describir lo que me compete y que es la Genealogía de la Tlaxcaltequidad, que para bien explicado, no pretendo una descripción de triptico propia para turistas extranjeros ni mucho menos hacerle el favor al tirano en turno que habita en las cimas del Estado, cosa que me viene valiendo sombrillas, puesto que todos sabemos, -el pueblo sobre todo- que al tirano en turno le importa muy poco, si es que el discurso no gana clientela en las proximas votaciones.

Los entramados historicos que circundan a la Tlaxcaltequidad están suficientemente recamados, adamascados y churriguerezcos; el ajuar rococó le vendría bien para aparentar linaje y heredad; pero para bien de la misma historia, la postura a bien someter a escrutinio es el discurso fácil, el aplauso de compromiso o la sonrisa hipócrita y nada de eso me llena. Ninguna cosa que pueda decir la historia va a aclararme nada, mi genética dice que mis latidos están vivos y me pertenecen y el ADN me pertenece y la historia me pertenece, yo soy la historia, yo soy la suma y a la vez que la totalidad; la genealogía no me comprende sino que me congela, me osifica y desmembra en tiempos, Yo no soy el pasado, Tlaxcala no es el pasado, a Tlaxcala no la constituye el pasado, el ayer se atiene al despotismo del olvido o a la interpretación del poderoso, guiando hacia el discurso de lo conveniente.


Tlaxcala en parametros no se circunscribe a un Estado, esa es la manera como la política continua con el feudalismo moderno, casi postmoderno y su cacique muy mono y democrático. El orgullo puritano y patriotero de lo Tlaxalteca podía bien caer en fanatismo civil, pero los parientes avecindados, les falta cresta y además están ciscados como para hinchar el pecho, para que eso pasara tendríamos que importar elementos extranjeros y de esos hay muchos ejemplos. La Tlaxcaltequidad no se aviene al asunto de soberanía o a los elementos tangibles e intangibles sino que permite hacer esbosos de un hacer, de un actuar.


La Tlaxcaltequidad permite la originalidad y esto no tiene que ver con el origen como elemento de anclaje -meramente genealógico y ontológico- sino como apice de autenticidad.


Yya que llegamos hasta esta palabra, la palabra autenticidad, quiero hacer valer que son los hombres auténticos, los seres originales quienes conforman la llamada Tlaxcaltequidad y hombres como Desiderio Hernández Xochitiotzin, pintor y cronista de la ciudad de Tlaxcala quien con su hacer su valer, su existir y conformar fue quien enarbolo un sentido de Tlaxcaltequidad. sin embargo este hombre, irónicamente confiaba en la historia, le daba mucha validez a los documentos de los conquistadores y daba fe ciegamente de las historias de los antepasados. sin saber que él mismo se convertiría en las cimientes de la Tlaxcaltequidad porque si bien antaño nadie conocia al último muralista, el afirma nuestra tlaxcaltequidad cambiante, pasajera, etérica.