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lunes, 2 de junio de 2014

Tlaxcala, ciudad guiada en la historia

Tlaxcala, ciudad guiada en la historia




Tlaxcala

CIUDAD GUIADA EN LA HISTORIA

EL LUGAR QUE CARGA TODO, INCLUSO LAS MEMORIAS




¿A una ciudad se le reconoce por lo que se ve o por lo que tiene tras de sí? Podríamos caracterizar a una ciudad por las negociaciones o bien por los ofrecimientos que hay en ella, sí, pero también por aquello que la evalúa como la entidad que carga tras de sí una complejidad de hechos históricos, anales que el tiempo ha dejado en los cimientos de lo que ahora es nuestra cotidianidad.

         Así, la ciudad de Tlaxcala es un punto medular en la historia particular de Tlaxcala, y también es punto circundante en toda la Historia de México, la ciudad de Tlaxcala es un depósito histórico, legendario y fidedigno de los ires y venires de los hombres de esta región. Basta con recorrer el palacio de Gobierno, la parroquia de San José, los portales, el exconvento de San Francisco, Ocotlán, la capilla abierta, el teatro Xicothéncatl, “el pocito”, el Palacio de la Cultura, para tener una identificación de qué cosa es la ciudad de Tlaxcala. También habría que sumarle las nuevas atracciones y apreciaciones que tiene ahora la capital, como serían  los escenarios ubicuos, el teatro del pueblo provinciano, con matices y semejanzas  y aún más exigencias y necesidades como las que tienen las ciudades norteamericanas pero con escasa vida nocturna, sin embargo cada familia conectada a una red televisiva que los encandila noche tras noche, es lo típico de la Tlaxcaltequidad mezclado con la cultura de las grandes ciudades; es el pan de fiesta, el dulce de alegría combinado  con los productos  que llegan de muy lejos.
         Pese a la tan nombrada perdida de valores y de identidad, considero que los tlaxcaltecas  dejan sobrevivir una miscelánea de trasculturaciones y absorciones sin que por ello borre aquello que caracteriza a nuestra identidad regional, los mitos, el jolgorio, las fiestas, la  tradición, las leyendas, y en ello la síntesis: las cintas Hollywoodenses en el cinema Tlaxcala, el  náhuatl hablado en los portales allí mismo donde hablan el ingles los turistas, el restaurante  con la gastronomía extranjera y de bocadillos de  la cocina mexicana. El paisaje parcial de la tienda de regalos, de la estética unisex, de la panadería “La Picota”, de la decoración de interior al estilo moderno y con la fachada de la ciudad colonial y el color granate en el muro; el centro comercial, y el tianguis tradicional donde en algunos lados todavía se negocia con el trueque, el antiguo callejón del hambre ahora como otra cosa, los tamaleros con su producto en torta, el río Zahuapan y su “agüita”, o las parejitas en la ribereña romántica, la avenida Juárez y su regimiento de bancos y otro tanto de policías, la ciudad pródiga de combis de transporte colectivo, y también de embotellamientos, de manifestaciones, de huelgas, de asentamientos, de unidades habitacionales de clase media, de la avalancha de la fayuca  así como del turista chilango (el término descriptivo); de restaurantes y hoteles, de cafeterías y torterías como un mercado del sentarse,  comer y ver. Todo en derredor importa, el ojo se encuentra observando la historia en cada esquina, en cada adorno de la arquitectura churrigueresca, colonial.
         Abría que señalar lo que hay en el tiempo, de la década del  setenta, la fábrica Zahuapan en su apogeo, el mercado viejo y su centena de ratas de alcantarilla, el desborde del río Zahuapan, de los chavos de “onda” retardada, mestiza, y muy autóctona, y su música la cumbia, el cine Matamoros - hoy desaparecido - presentando la película “el exorcista”, Emilio Sánchez Piedras en el gobierno, los “gavilanes” haciendo lo suyo, los murales cultivando salitre, eran también los prostíbulos con fachada de loncherías. La provinciana capital de Tlaxcala participando con los movimientos culturales de un México cambiante, era Juan José Arreola publicando en el Sol de Tlaxcala, así como Carlos Fuentes y Cortázar entre otros.
         En los cambios se van dando una serie de caracteres que es impreciso verlos desde el interior del mismo proceso, es la regulación de la cotidianidad la que va aceptando los días siempre nuevos y siempre - tal vez - siempre iguales. No mucho más que el día de la huelga de hambre de unos hombres, del calzón que le amaneció un día a la estatua de Xicothéncatl, de las pintas y grafitis de las bases magisteriales, de las manifestaciones en pro del equipo tricolor de fútbol, de la religiosidad que paraliza todo, de los desfiles suspendidos, de la crisis económica tocando la puerta de cada familia, de cada institución y empresa, de los desempleados que emigran a la capital de la república, a Puebla, a  los Estados Unidos. De los días de viernes social de la juerga de fin de semana a Puebla, a Apizaco, a los centros nocturnos de otras entidades. Y así los días de Super Bowl y del fin de la serie mundial, se presentan comúnmente igual que en el país del norte, o los días en que se piensa igual que todo el mundo en los desastres de la guerra en Kosovo o  los atentados en España, o los  destrozos que deja la naturaleza en Centroamérica o las manifestaciones de “Greanpeace” por las pruebas nucleares o los acontecimientos últimos en las negociaciones con el E.Z.L.N. Es la marginalidad, y la desarticulación que existe entre las sociedades, por un lado la opulencia que es fruto de ésta desestabilización, y la disparidad  en el mundo actual donde nuestro entorno, nuestra cotidianidad participa de alguna u otra manera.