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viernes, 19 de diciembre de 2014

cuento: Hernán Cortés y la noche alegre


Hernán Cortés y la Noche Alegre

 

 Edgar Sánchez Quintana


Esta historia se enmarca en la época en la que Hernán Cortés deambulaba por los parajes para él inhóspitos de la gran Tenochtitlán, la cuadratura narrativa de este cuento lo son dos protagonistas muy interesantes; uno era Martín de Lorda y Carranda nacido en Portugal y criado en España, el otro era Juan de Ircio, Español de nacimiento, pero muy andante y había conocido ya Italia, Venecia y Roma; ambos se embarcaron en los navíos que los llevarían a tierras lejanas al mando de Hernán Cortés. Nuestros dos protagonistas les gustaban los hombres o sea que eran homosexuales, eran convertidos, o sea que no de nacimiento, así pasaba en que los años en los navíos eran de meses y no había manera de darle el gusto al cuerpo, porque no había mujeres a la vista, total que Martin el primero que se consiguió como amante fue  uno que le llamaban Linterno, hombre apuesto y fibroso, a él le gustaba dormir sobre su pecho peludo, pero muchas veces le tocaba hacer el rondín. Juan de Ircio era un poco más loca, a él le entraba con varios y a ellos no les importaba con que los atendiera bien con eso tenían, así era con Gonzales Sancho, Pedro García Casado y Juan de Flamenco.

Corría el año 1517 cuando salieron de Portugal rumbo a Cuba; a la mayoría de la tripulación les movía la ambición, y los mitos que corrían por los puertos sobre grandes riquezas en nuevas tierras.Todos conocían las penurias y desencantos sobre la vida y su destino, pero iban rumbo al destino ganando amores.Llegando a Cuba, tanto Martín de Lorda como Juan de Ircio supieron de rumores sobre un tal Hidalgo apellidado Cortés que se daba de ser bueno para Capitán  y que lo andaban promoviendo para ir a tierra firme a rescatar y llevar misivas de reconocimiento del rey CarlosI así como de llevar mensaje de nuestro señor Jesucristo a los pueblos. Ellos se enteraron por otros  que las intenciones eran poblar la Nueva España explorada tiempo antes por Juan de Grijalva. Cuando vieron a Cortés todo emperifollado, con bonitas vestimentas, cadena de oro, ropa de terciopelo y lazadas de oro; con una gallardía y bravía, ellos se apuntaron, así lo hicieron muchos más que estaban en la isla de Cuba pues ya habían llegado algunos que contaban historias sobre los pueblos que allí vivían y que ostentaban oro y piedras verdes y otras cosas. Cortés se aprovisionó de suficientes armas y un buen de matalotaje y entró por Tabasco, los residentes no lo recibieron muy bien, según ellos sólo querían un poco de agua, pero al final ingresaron a tierra, Martín de Lorda era muy buen ballestero y tenía temple para hacer cargar su arma mientras le zumbaban las flechas o le golpeaban el casco hecho de acero toledano, para Juan de Ircio era distinto porque Juan de Flamenco su amante era quien manejaba uno de los falconetes, así como Gonzales Sancho y Juan se encargaba de mantener los pertrechos listos, tanto la pólvora las bolas macizas de hierro y las balas de arcabuz además de que portaba un buena espada de brazo y medio muy ligera, conseguida en  Venecia y un casco de almete muy deslustrado tipo bacinete sin visera, a él le decían continuamente. “rediez, si tanto os gusta agarrar las bolas, agarrad las mías que son más ligeras” y el luego contestaba, “Vos caballero es vuestro talante  atrevido en demasía”. El era quien entre dientes y en la refriega se encomendaba a Santa Bárbara, protectora de los arcabuceros  y en este caso de los falconeteros porque necesitaban de mucha ayuda de parte de Dios porque los aguerridos naturales no daban espera, o las veces en que se humedecía la pólvora y la viril herramienta de guerra no servía para maldita la cosa.

Luego de que llegaron y decidió Hernán Cortés Fundar la Veracruz, para desligarse de la capitanía de Diego Velázquez, gobernador de Cuba, emprendieron marcha hacia Tenochtitlán, les habían dicho que cruzaran por la República de los Tlaxcaltecas, enemigos de los Aztecas desde hace mucho tiempo.

Cuando se acercaban, Cortés mando una avanzada para llevar presentes y palabras de paz pero Xicohténcatl el joven no quería intrusos por la zona y mando unos espías, dos mujeres viejas para que hicieran su sacrificio y entre ellos iba Necucyaotl, era un homosexual que regalaba a los españoles en señal de amistad, pero en realidad era para demostrar que los viajantes como los Españoles no merecían más que cuilones. Juan de Ircio de inmediato  le echó el ojo, y se enamoro de él. De allí toda la travesía andaban juntos y no se le apartaba el uno del otro, cuando por fin entraron a Tlaxcala, Juan de Ircio se daba sus escapadas para visitar los lugares hermosos de la República de Tlaxcala, Necucyaotl lo llevo a  parajes hermosos por el Ostos, a la cascada y a bañarse al río, nunca había estado tan feliz con un amor.

Después de un breve descanso continuaron su travesía hacia Tenochtitlán, el siguiente sitio era Cholula, con enorme cantidad de habitantes, y una ciudad grande que se abastecía ricamente del comercio como puerta de entrada al imperio azteca de artículos traídos del sur, de los mayas y de más allá. Marina, también llamada la Malinche  había hablado con unas viejas y obtuvo información que harían traición los cholultecas a los fuereños, Cortés se dio cuenta y mando a una comitiva a verificar si era cierto, entre ellos iba Martin de Lorda, estando en investigación sobre los palos, estacas y garrotes escondidos, Martín se topa con un apuesto cholulteca maricón llamado Itzcoatl y queda perdidamente enamorado de este mancebo, finge que lo captura como prueba y se lo lleva a Cortés, y este se lo regala a Martín de Lorda, este último no desperdicia momento y se lo hecha al plato amándose como locas frenéticas.

Total que cuando recorrían el bosque por el sitio arbolado y boscoso rumbo a Tenochtitlán, lugar que después fue llamado el paso de Cortés, mientras que el capitán Hernán iba sudoroso y un tanto preocupado, el cuarteto de amantes recorría el sitio recolectando margaritas y flores.

Llegando a Tenochtitlán fueron muy bien recibidos, Itzcoatl tenía parentela en esa gran ciudad, e iba seguido a dejar ofrenda a Huitzilopochtli, e Itzcoatl se llevó a Necucyaotl para que conociera ese gran mundo.Se hicieron buenos amigos. Martin de Lorda y Carranda, y Juan de Ircio estuvieron de servicio y no podían ir a ningún lado, no estaba permitido, así que asumieron su cuarentena muy hombríamente. Luego de la matanza de Tóxcatl  que hicieron los españoles en el templo mayor durante el festival religioso a Tezcatlipoca y Huitzilopochtli, Itzcoatl y Necucyaotl, sabían que las cosas no saldrían bien y rogaron que les acompañaran, en la huida durante la noche; es así que Martín de Lorda y Carranda y Juan de Ircio se acomiden a cargar con el tesoro de Moctezuma pero estos tenían como objetivo otros intereses, es por ello que mientras Bernal Díaz del Castillo y el grueso del contingente salía de Tlatelolco. A eso describe Bernal Díaz:

Y estando en esto suenan las voces y cornetas y gritos y silbos de los mexicanos y decían en su lengua a los de tatelulco” “Salid presto con vuestras canoas que se van los teules y atajadlos que no quede ninguno con vida” y cuando no me cato vimos tantos escuadrones de guerreros sobre nosotros y toda la laguna cuajada de canoas, que no nos podían valer.

Y luego los mexicanos gritaban: ¡Oh cuilones (homosexuales) y aún vivos quedáis!”

Pero lo cierto es que si quedaban vivos. Itzcoatl había conseguido una canoa con sus familiares y entre la refriega y sus amantes escondidos entre los yutes y el tesoro se fueron escurriendo por entre el escándalo y la refriega, Necucyaotl había conseguido víveres suficientes para los cuatro, un par de petates para dormir calientitos y un buen de pulque para festejar una hermosa noche alegre en compañía de sus amores. Por aquel lado de la laguna se seguía escuchando cada vez más esporádica el estruendo del falconete que operaba Juan de Flamenco y algún otro, porque,  Juan de Ircio seguramente había sido muerto.