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Peregrino 1










PEREGRINO

PREVIAS


“Y aquí voy volando solo”
Juan José Arreola



—S
algo a caminar por las noches, cuando el clima refresca en esta ciudad provinciana y cruzo las calles, las principales avenidas hasta llegar lejos, muy lejos, rumbo al noroeste y doy vuelta sin que se  note. Retorno. Y en el trayecto penumbroso, camino meditabundo, en mi mente surgen imágenes, ideas, se cuecen tramas y otros silabarios. Me recreo, me impulsa la interioridad, interioridad que es necesario trabajar y amasar y darle vueltas y seguir rumiando como si ese mundo interno no fuera más que eso; mundos de la interioridad, que a veces asemejan espejismos, irrealidades con algo actuante. Por esos caminos ando, como un peregrino.

—El peregrino en las banquetas, avistando los semáforos; viendo las tiendas de ropa, los grandes cafés que se encuentran asomándose en las ampulosas avenidas. Por allí.

—Oriento los pies. Es mi caminar en una fiesta de ojos —yo también tengo desos saraos— y es citadina. Soy un peregrino metrópoli que avanza tamizando su adentro, es el jugar con su interioridad mientras los autos pasan.

—Corren en las calles, se paran en los semáforos, suenan los “claxon”. Algún borracho cruza el bulevar, otros andantes se apresuran a tomar el colectivo que los lleve a sus casas a dormir...

Pertenecía a la antigüedad, como un hombre de historia en retozo, como el emblema del tiempo permanente, o como si fuera la huella de un devenir en momentos perpetuos. La realización de su existencia tenía cabida en un espacio temporal largo como el mismo horizonte, el cual señalaba su situación de época infinita. Su ser había contemplado sobre sí misma, y había desbordado su interioridad hacia afuera, de allí podía tamizarlo con el eco de su espíritu; de tal ventura que siempre refrescado con la esencia del Ser, permanecía joven sobre cualquier duración histórica. El espíritu mientras más armoniosamente estaba  menos cosa tenía que decir al mundo.

La constitución de su naturaleza tenía interacciones con factores trascendentales como el tiempo y el espacio. Era hombre, eso tenía consecuencias inconvenientes; huelga siempre a decir, que aunque tenía dos factores trascendentales, era sin remedio, arrastrado a las inclemencias de aquello como hombre. Se albergaba en la dialéctica de la existencia que permanece tratando de alcanzar el infinito.

—Llegó la hora de ensombrecer a los incompetentes con capa de cizaña. No tendré misericordia con los contrahechos de temperamento. Poseo su inutilidad con la gallardía que me pertenece. Díganme que sí. Ya estamos hartos de las imprudencias y las tonterías. Ya terminé de ponerme perplejo ante lo que ocurre, y es hora de protagonizar la crítica por excelencia del que así exista. Llegó el tiempo de hacer la medición de esos hombres.

—Lo que venga al caso será pasado por los ojos de tigre, mis ojos de tigre que son lo mismo, y llegará a ser el sentimiento percibido más cáustico de la existencia. Será la realización de un ímpetu para sí, como la gota en un lago que quiere separarse; esta separación se realiza con un salto típico en la palabra, en la voluntad de hacer forjar el verbo. Es un tanto como saltar del simulacro para convertirse en otra cosa humana, si al caso es que lo humano sigue siendo lo distinto.

—Me he visto fortalecido al inicio de las páginas de la antigua historia, puesto que no me dejaba tranquilo saber que el hombre existía a expensas de un corazón accesorio y no como la entidad fundante, fue el problema de muchas culturas. La antigua historia, sus mitos, me han reinventado el alma una y otra vez, me he comprendido en ellos a tal grado que ahora pertenezco al Occidente. He establecido la realización de una conciencia que se hace de letras, de nombres, de representaciones; pero mi idea se cristaliza en la huella que ha dejado mi existencia. Por lo pronto, creo necesario cavilar hacia dónde y cómo la naturaleza exige la realización de la conciencia abecedaria. Cuando caí del cielo me propuse caminar sobre las cenizas. Ser feliz. Estuve tentado a regresar a mi tierra pero eso era una gana demasiado apagada. Me había rasgado. Me había convertido en un caminante.

—Andando en las cenizas soy hombre desde los pies, quise que esa fuera mi conciencia. Olvido que este país ha sido de pobreza, aquél que se enajena tornándose en el clavo hipogeo. ¿Quién ha de pensar de quien ha caído del cielo, del que pisa las cenizas, del que camina hacia el horizonte imperfecto, en lugares secretos y perdidos?

—He imaginado que si la comunidad fuera perfecta, yo reclamaría. Pediría a todos los dioses, pediría a todas las naciones que la atacaran he hicieran harapos. No, mejor dejaré las cosas como están. Estoy dispuesto a considerar mis genes a mi odisea. Los tiempos han recobrado el aliento. Busco la forma de consagrarme a los tiempos nuevos, a los tiempos de la ciencia tecnológica. Trabajo avezado sobre las cenizas.

Y salió a encontrarse con todo, pero escogió vaciar la conciencia en el mundo campirano, y el lugar adecuado era la sierra Occidental; sobre los burdos terrenos marchitos (así como Zaratustra lo hizo) podría convertirse en otra cosa humana.

—“Mi imperio fue de lanzas y de gritos y de arenales y de victorias casi secretas en lugares perdidos.”[1]

El Dios curtido de amor mandaba. Eran incognoscibles los caminos. El tiempo tenía que consumirse. El entorno de la ciudad históricamente reacia tenía que ser vaciado; todo estaba lleno de obligaciones y necesidades. El  hombre de historia en retozo no llenó en consecuencia nada, sólo vació un sitio. Era el alma con temperamento avispado que intuyendo paría de improviso los ojos de tigre.

—“Y ahora voy a que me borren, a que me den otra cara y otro destino, porque la historia se harta de los violentos.”[2]

Y salió a encontrarse con todo, inclusive con su ser peculiar porque quería que le pasara del mismo modo por dentro; explotar y dar con el espasmo que lo hacía restringirse en la colectividad. Ser otro, transformarse en otra cosa humana, porque consideraba que todo ente buscaba ser distinto o bien ser... pero para siempre.

—“También las piedras quieren ser piedras para siempre (...) y durante siglos lo son, hasta que se deshacen en polvo.”[3]

Y aunque era la utopía, él se entusiasmaba en el proyecto de dejar vacío, aunque dejar vacío y entrar a otro entorno fuera la nulidad del avance, era torcer camino hacia las veredas inconclusas; sería como dice el colega: “un sueño de ebrio sobre una playa desierta” (Rimbaud). Era un sueño. Ser algo. Quizá ser era todo y no había que buscar más en ningún otro lado, puesto que los puntos cardinales morían en la piel; y se quedaba todo allá, en la ciudad históricamente reacia donde su maestro festejaba con cantos leusinos la partida. Y él, su antiguo capitán daría una batalla lejos, en los lomeríos como carcazas de elefante, echados, agrestes. En la sierra sería nada. Sería nadie.

—“Ya no seré Capitán, pero he de comer y beber y dormir como un Capitán; esta cosa que soy me hará vivir.”[4]

De primera instancia sería ilógico argumentar que ser nadie haría hacer vivir, pero no lo es tanto porque ser nadie al fin y al cabo es Ser y acaso Ser sería ser todo, además, ¿porqué no vivir con la esperanza de ser nada, si ser a partir de un sueño es la generalidad difundida?

—“Seré una desventura pero soy (...), y también soy una parte del universo tan inevitable y necesaria como las otras, y también: soy lo que Dios quiere que sea, soy lo que me han hecho las leyes universales y acaso ser es ser todo.”[5]

Quizá ser nada sea lo imposible, lo más difícil, porque Ser es el hacer, es el estar allí haciendo, su entidad es el hacer y su fuerza la actividad; la dificultad viene dada desde su raíz, puesto que nos encontramos con una contradicción añeja entre ser y nada; en este sentido, nada no significa vacío sino negación de ser o sea la entidad que se ubica entre el hacer y la nulidad del ser. El ser nada, sería la comprensión plena del ser con su ontología.

—“Yo comprendo todo y a todos, y soy nada y soy nadie” (Bernard Shaw)[6]

Entonces, que importa en donde sea, puede ser lejos o tal vez en el patio hogareño o dentro de un “charco pululante de moscas verdes”[7]. Y que interés tiene la historia si la historia es la de cada cual y cada cual tiene su propia historia, y significa que es el ego o la voluntad la cosechadora del hacer; y el cúmulo de hacederas es la historia y la historia no es más que la epopeya del hacer del ser. Y ser nada es ser algo, y ello incluye la dicha de ser o no ser feliz y el que no lo sea es porque no quiere o no tiene ganas de tener la felicidad a su alcance, porque ¿Qué se necesita para ser feliz? Nada, porque la felicidad no existe, es un sentir tan elástico que termina siendo un prototipo automanipulable  y por lo regular sentido con los otros, y acaso es raro encontrar al hombre feliz en soledad y aún más raro aquél que goza su felicidad consigo mismo y compartiéndola con los demás, viviéndose feliz ante todo; encontrarse con ese tipo que “puede pasarse todo el día viendo volar una mosca o gesticulando ante el espejo[8] es la gracia del Dios curtido de amor que educa sin pronunciar el silabario.

—Escribir no es sólo un privilegio o un don, para algunos es una necesidad que se mezcla con el placer de hacerlo; este placer se inicia creando, formando oraciones, párrafos, cuartillas, libros. Y ese placer continúa después cuando las ideas plasmadas en las hojas echan raíz en las conciencias de  otros. Y sentir satisfacción cuando cada uno lleve en la conciencia las ideas como corbata en tonos multicolores, y al pasar los años, llegue alguna imagen o metáfora a enriquecer su vida; que aparezca con magia, chispeando en su interior. La pluma se ha convertido en mi astilla, en mi prótesis; es la muleta donde apoyo la vida, y no la suelto porque no puedo, se derrumba todo. Otra cosa igual sería tratar de arrancarme la imaginación, cosa que sería una hazaña homérica; yo sólo he podido extirparla a cachos, he procedido por segmentos, por metáforas; es decir, escribir y Edgar es uno o sea un solo verbo, el echo de escribir no resulta un trabajo sino una hechura de comunicación consigo mismo y con otros. Un escritor se fabrica de verbos simples: Edgar come, Edgar corre, Edgar baila, y los adjetivos son puestos por el ambiente donde van y vienen fenómenos y fenomenologías. El producto es lo que importa, la obra y la vida del escritor también es una con su obra. La vida de un escritor fue porque su obra sigue siendo y aquella obra que no pasa a la posteridad es o bien porque la anemia le atacó fuerte o, tal vez, porque las políticas de su contexto le fueron adversas.

—“En un país como el nuestro, el hombre de letras si no es rico ha de considerarse como adscrito a la política” y “la política no tiene entrañas[9]

—Un amigo me dijo una vez que: “La fuerza del hombre nace de sí y de su enfrentamiento con el absurdo” pero considero que esa fuerza interior es multiplicada si el enfrentamiento no lo es tanto y hacemos de lo absurdo nuestro aliado más pleno.  Los acontecimientos en la vida afectan de manera evidente a los actuantes en ella. El acontecer es motivo de cambio para quienes participan en la vida. Esto significa que el individuo queda influido con su actuar. O sea el fluido de actuaciones será la alfombra por donde atraviese él con otras actuaciones futuras que al mismo tiempo afectarán su ser. ¿Qué cosa significa esto? Por una parte, que existe una retroalimentación del ser con el hacer, o sea del hombre con lo que el hombre hace y de la misma manera de los acontecimientos, actuaciones o hechuras con su ser.



[1] . - Borges Jorge Luis. Obras completas, pagina 791
[2] . - Borges Jorge Luis. Obras completas, pagina 791
[3] . - Borges Jorge Luis. Obras completas, pagina 792
[4] . - Borges Jorge Luis. Obras completas, pagina 751
[5] .- Borges Jorge Luis Obras completas pagina 752
[6] .- Borges Jorge Luis Obras completas pagina 749
[7] .- Alfonso Reyes Obras  completas IV pagina 236
[8] .- Alfonso Reyes Obras Completas IV pagina 188
[9] .- Alfonso Reyes Obras completas IV pagina 179