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peregrino 4


PEREGRINO 1


“pensando, enredando sombras en la profunda soledad”

Pablo Neruda




H
e sido la recepción, un icono/ vida que ya no interesa/ ni el pensamiento/ la lengua es quien serpentea fuerte ¿Qué tanto se moverá la resistencia?/ Me despatarro para adornar la vida / ¡a regar ponzoña sobre el mármol! Siendo llamita de persistente resistencia / sigilosa / haciendo un contorno / que intima con el muro escarlata / solo es sombra / y se resuelve en calma / soy cáustico, hago la cosquilla / a la planicie, el maleficio / es quemar un peine de cuerno de toro / en el zacate, junto con venas de chile / para andar ardidos / reafirmaría mi interés en la resistencia / hito donde pasan hilos / de metáforas y en ellos poetas.

Voy a que me borren lo que siento / destripar trozos guardados / a rescribir mi futuro / ¿Quieres estar conmigo? / Voy a disipar el sufrimiento / cortar la somnolencia / anestesiar los ojos de piedra. Ayúdame a eliminar / lo ponzoñoso / el costo es mi calendario / no me enteraré del ocurre / como formatear un disquete / es la liposucción del sentimiento / al fin y al cabo que importa / ¿Quieres hacerlo conmigo? / Al  regreso seré un hombre muerto / viéndose en el espejo / el futuro me aguardará / saldré al mercado a venderme. / La humanidad me ha  contagiado / que importa ya. Me encuentro bien / paseando en los besos / antes de dármelo / a que se desvanezca / la mitad de mi sonrisa.

Tú eres parte de la historia humana / cuéntame la tuya / que ha sido maravillosa / dime mentiras /  no hagas caso a mis ojos / si ellos descubren todo. / La boca tengo preparada / para jugosamente ordeñarla / ¡Ya vine! / A embriagarme en letras / entre la multiforme basura / y este montón de ratas / mañana que despierte ya no seré hombre / quiero ser libro / o una estatua de cartón / ¡Maldita musa! / Voy a hacer que te tragues esas palabras. / Lo idóneo es desconectarse / no estar aquí, paseando, / los colores intentan decir algo. / Tengo sueño / no intento interpretar nada / lo que pido es abandonarme. / Si mi cabeza lanza esporas / y yo no acepto / hazte a un lado / voy a hacerme tierra / ¡Ya nos vimos!

Hablo en singular / y me dirijo a ti / a quien veo carcomiéndose / haciendo añicos / los cohetes truenan / en el espacio, y a más espacio / más sombras dentro; y la soledad / como una chocosa niña / agitando los insuficientes / descalabros vividos como atropellado / gato de azotea.

Has de vivir siendo gato. / La vida es una eficiente cocinera, yo ronroneo junto a ella / no voy a perturbar / la anestesia de las cáscaras / que pasará con ellas si... / los cohetes truenan fuera / tu me haces alegrar la vida/ como una chocosa niña / ven tú  y tu familia aquí / habítenme, guardo un espacio singular / para que me conozcas / dirijamos la vista al mismo punto / tu  y yo somos un tesoro / ¿Te has fijado en el hermoso rayo de luz que a veces cae sobre el césped? / Mis cortinas son tan hermosas / como un jardín egipcio / he salido / a  santificar la noche a manera de pontífice / veo los cohetes / ahora me desmiento. Son bombas / ¿Te has fijado en el hermoso rayo de luz que atraviesa los muros de las casas? / Al alba, a esta casa / le va a caer el rocío / yo estaré durmiendo / lo va a disfrutar el “huele de noche” / no recogeré los escombros / más al contrario / ¡a diseminarlos en la región! / Eso es abonar los espacios / guardo uno singular / tú y yo dirigiendo / la vista al mismo punto.

Tenía el inicio perfecto del canto / pero se ha escapado / murió frente al control remoto / voy a iniciar por florecer / la quema de la nada / con guijarros vidriosos / es la salvedad que se agiganta / es mi huracán quien disminuye / ¡Por favor, necesito calma! / Voy a pescar / mi caña es lápiz y papel / el cebo son estos ojos / comida de gusanos/ ¡Por favor, sostengan el aliento! / ¿Porqué los felinos odian a las lunas panzonas? / La blancura se dilata en un mecanismo sin ideas / se tensa como un resorte / es roca / y adentro estoy como larva / en latente metamorfosis / capturo en las redes: / ¡Asombro! Respiro / el brío en sus triunfos / como renacuajos en tropel / ciegos por los siglos / concentrados en instantes. / ¡Vibran sobre mis ojos! / Al igual que aquello soy trofeo / algún día caeré cual plomo / habré dejado de ser larva / la luna es la que está malhumorada / los gatos están inquietos / el viejo cazador me enseñó a pescar / en el jardín de Cuahutémoc / el anzuelo atrapó: Polvo, nieve / algunos juguetes de Xochitl / juegan en la arena / esos gatos ¡por Dios! / ¡Cazador, tu escopeta! / daré en el centro de esa nívea y rubicunda / la blancura se dilata / en un mecanismo sin ideas / el huracán se hace polvo / la salvedad se justifica / por no tener el inicio perfecto  / del canto.

Me vuelvo a ver / la dama de noche / secretando (besos) feromonas / y yo provocando éxtasis / los orgasmos con émbolo / atetado al pezón / lleno de (besos) / me acurruco en la nube / como canario de días / y apasiona mi desorden / ¡Qué me conduzcan las manos! / Estoy en su playa embrutecido / rapto piernas y pliego sus plantas / repto, relincha el ambiente / con inconsciente fiebre / está presa como pozo a la estaca / hubiera podido morir así / su piel es cobija /  ¡Ah! Mi debilidad es un Vesubio / nace la humanidad en este cuarto /  amarra sus pechos (beso) y sigue su camino / dejando su hermosura como almohada.

La desgracia ha sido mi pose / cuando tuve tiempo la ultrajé / soy bruto pues me siento / humanamente perdido / quebrado en sitio sin esperanzas. / Agobio las letras / es mi sangrante venganza / lanzo y chorreo. / Eran letras como escupiendo sangre / unas gotas saltaron al plato / entonces las tragué cual veneno / empapaba el pan de sangre y lluvia / los papeles se arrugaban / ¡Y ahora... si el lenguaje era prestado! / La vida va a ser así / anidada en la desgracia / mis manos duermen tranquilas / anestesiadas del rocío más complaciente / —denme una almohada / unos sueños / y dormiré al mundo— / ellos reverdecen / yo muero aquí.

Rebota el hombre donde quiera, / da brincos, el aire lo empuja / flota; se estampa / ignoro su dirección: / surge el miedo, el abismo / llama como una casa hogareña / se para. / Llega la corriente y sigue el curso / como parvada los destinos / los brillos del hombre se escapan. / ¡Yo quiero que regresen...! / ¿Es eso perseguir el aire? / El hombre en cualquier parte se azota / en sí mismo, / hace el huracán, ¡Se asusta! / Turbación. El engullente abismo / invita a una parvada de aires / a  tundir al hombre por doquiera. / Veo el huracán sombrío en mi interior tumbando todo /  nada se aquieta / vorágine espléndido, el torbellino / interno, cosquilleo que renace / como bosque antiguo / que siguió siendo añosa espesura  / en frescas matas nuevas. / Giros crecidos, telúricos / verdosos por mi edad caliente / por ansia voluptuosa de utopía / perpetua, como amante, se queda; / toma asiento en mis inmediaciones / se densa sin reserva / nada en mí / en mí nona la quietud / coloso de relámpagos infames / del desdichado movimiento potenciado / sin tregua y cambia a que permanezca el río / de Edgar, todo él girando. / Chupa con ventosas y de pronto afloja / como yoyo vulgar de chico / se pierde en los caminos / forma nuevas veredas / beneficiadas con transmisiones toscas / en mi interior rozando todo. / Voy rumbo a la desesperación / me gobierna el control remoto / se apresuran las imágenes a la cabeza / todos juntos ahora mismo /  ayúdenme a mascullar el yo / estoy poseído por esa terquedad insaciable / siento como si el cerebro / se hubiera metido en la vagina, / Si tan sólo pudiera ser humano / la mercancía me besa el paladar / si tan solo pudiera ser aquél cuerpo / pulso de botones, cambio de conciencias / ¡Héroes de todos los tiempos / vengan, bajen / y atínenle al precio! / Las pieles de ellas me besan las pestañas / si tan sólo pudiera ser virtual /  nada dicen mis pensamientos /  ni de mí / existe imagen no existe / y  busco a nadie, quien lo conoce / si tan sólo pudiera ser algo / un beso / voy rumbo a la desintegración.

Me voy con prisa a otra cosa / ¿Porqué Tlaxcala será tan encantado? / Que la hechicería me mata la gana / vas a aprender de la poesía / cuando salte la cerca voy a dar un grito / los testículos van a salir corriendo / como hambrientos burros mellizos. / Haré un pacto con las fieras del pueblo / las aves de rapiña y las serpientes tragadoras de polvo / ¿Porqué Tlaxcala será tan encantado?  Necesitaba llegar con el espíritu / partido, costroso / el ambiente invitaba benéfico / a salir huyendo / arrojar la existencia a cualquier río. / Los rayitos de luz en la ventana / que hagan lo que gusten / mientras no estoy. / Por el pequeño cristal / arriba / me asomo a la vía láctea. / Mi educación al desagüe / ¿Porqué Tlaxcala será tan encantado? / Curtido de inteligencia. / Me voy a otra cosa / antes de que aparezcan los cálidos bostezos / ¡A dar un grito! / Para que perciban las fieras del pueblo / lo que puedan / ¿El intento será vano?

Voy a unas vacaciones nocturnas / la almohada me acompaña, afuera / las nubes a punto del desmayo / y el aciago ambiente / rocía  nocturnidades como el alba. / Se me apagan los ojos esta noche / como  esmeraldas sin luz, y bebo / de la noche su penumbra. / ¡Llegó la hora de ir a consumirme en las sombras! / Muevo el espíritu / al danzar del aire / rompo la sombra como roca / todo aparece, meneo los ojos / como ponche de Navidad.

Soy cordero en esta vecindad / se pasea mi mano como turista aventurero / totalidad al tacto, nada agarran / se engolosina la oreja en  la almohada. / Envejecen las ganas en las manos. / Se aquietan. / Me  desparramo en el vacío. / Y allí me encuentro. El mar  listo en sus relámpagos / pues era día de fiesta. Y vinieron aquí / toqué campanadas / luciendo una sonrisa, se vistieron con trajes / con pilares de mampostería y yo en medio / buscaba la alegría como tesoro perdido. /  Estaban parados. Eran piezas de barro, / incluso los mariachis con su cantar de aleluya / rociando voces ásperas como el alba / y el tiempo corrió, decidiéndose al fin / ganarme la partida. / Era una máscara y trataba / para entonces sacarle alguna idea / al inútil cerebro como limón / ¡era un gabazo! / Porque yo estaba allí / y no podía estar en otra parte / así es que me propuse / reventar el cielo a cohetazos. ¡Era la  fiesta! / Con bocinas hice bailar el aire / inyecté alegría al corazón marchito / como enfermera en tiempo de epidemia. / Mi personaje me decía: / “esfúmate de los protocolos / como cucarachas al descubierto”. / Cada quien y cada cual / perseguía su aire / lo respiraba / y tan pronto como lo hacía / buscar el otro y así / hasta la muerte. / Mi aire era el verbo. / A lo lejos se marchitaban / nubes a punto del desmayo.

Se engolosinaba mi entusiasmo / al ver la chica de carmín / allí estaba y no podía estar en otro lado / la crucifiqué en imágenes eróticas. / En breve ropa, era montaña de orgasmos / prendió la risa como calcomanía de moda / mi deseo: que me despertara / su cuerpo con un roce / yo silueta poseída a su plexo / como pez a las redes / “Eché a andar lo que me quedaba” / pero de eso nada quedaba / era entonces un poeta muerto / como cuando a alguien se le escapa la vida tan sencilla que parece idiota / los ojos diabólicos se dormían / vano intento al tararear / una canción de protesta /¿Quién estaba al toque de  campanadas, coheteadero e inyecciones frenéticas? / Estar aquí no era lo mismo. / Era un mundo de cáscara. / Mi caricatura en una fantasía cínica. / Fermentaría la ironía como el licor más fuerte / por las cuatro esquinas de mi vida / percibía las dimensiones de existencia / era entonces un Edgar muerto / no servía de nada / haber descubierto / que tenía ojos de Hölderlin. / Todos con prisa, corriendo / haciendo aspavientos su vida / persiguiendo su historia, su invención vacua / como el tiempo, rociando nocturnidades / como el alba.  Y yo ante tanto surco / tenía la personalidad en la penumbra. / Allí desgajé las razones de reír. / Perséfone recogía flores. / Cerca de Eleusis / secreto cuerpos como hilos de araña / y arde la carne humana / en los puestos del mercado / acuerdo decorar las ganas / como mosaico romano / cerca de  Eleusis.

Se hizo la región un garabato / por que la montaña se acercaba / demasiado eran las cuarteadas / de casas de hojalata / insistí en hacer cuentas / de la próxima miseria / un Vesubio en su poema / haciendo del gentío / un “coup de dés” / Me apegué a la ley de la historia / criterio que me arrojó a sus brazos / aunque no digan nada de ella / mis jubilosos e insistentes años.

Se inquietaban las sombras en las sábanas / donde el arco iris semioculto / mataba a la impaciencia / como cucarachas hambrientas / me había entretenido en sus discursos: / “Se introducía una hormiga en la nariz / hacía su casa” / “rumió hebras como piedras”. / Yo deletreaba la existencia como niño de primaria / recitando: blasfemias, humor, erotismo / en los crepúsculos del hermoso jardín / se paseaba mi boca como turista perdido / y allí Perséfone, recogiendo amores.

Se fue la luz / estaban tumbando los árboles / como si cercenaran las cabezas / de los aztecas. / ¡Crucifícales!, y al hacerlo / ocultaba mi tristeza reaccionaria / o bien tararear la protesta / al desnutrido ambiente del 98 / si tan sólo encontrara lo irónico en lo erótico. Llegaba la hora de ir a gastarse los días / desparramarse en la plenitud / hundirme en la bruma de la espuma. / No vinculé mis ansiedades / como la economía y el mercado. / asomé mi destello / y huele a calcetín. / Estaba el ambiente cebolloso / quería desconectarme y no podía / era unicornio / con poder mexicano.

Tengo ante ustedes una nueva buena / ¡El futuro unido jamás será vencido! / Lo que quiero es recobrar mi existencia / ¿Será eso algo difícil? / Me paré a contemplar al perro lanudo / y su abulia me acompañaba en estas letras / donde el sensible jardín se desmaya. / El  dios Ra en Tlaxcala y sus desiertos / secretan voces mis pasiones / se ponen jóvenes las imágenes / son un perfume caro / huelen todo los canarios enjaulados / ellos quieren recobrar su existencia / ¿Será difícil? / Se bañó mi himen verbal / se rasgó mi himen verbal / escurriéndose las barbaridades al abismo / pasó por haber volado bajo / era un lance a tus cabellos mis emblemas / y lanzado a tus cabellos mis atisbos /  amalgamo las dudas en racimos.

Habría la boca y serpenteaba mi lengua / ignorancia de tener la facultad / era yo una colección / de mapas en crónicas / como un Druida en andanzas. / He sentido la obligación / de venir / en un canto de decepción y resistencia / pero lo dudo, y las dudas / se hacen uvas y mis ojos / transpiran carne. / Cierro los párpados / como astillas imantadas / y veo en las bolsas negras / párpados cual bocas / allí serpenteaba la lengua / secretando ovoides uvas. / trago caricias del silencio / hago gárgaras los segundos / y aquí me encuentro / paladeando jardines en quietud / chapaleo como relámpago / y caigo al agua / las ondas huyen / me acurruco en el desenfado / entre los cálidos bostezos / son flechas que se incrustan a la boca / leo en voz alta / a estas matas contemplativas / es acicalado y escucha absorto / el aire / parecen decir que lo entienden / mientras momifico este momento / yo muero aquí / comiendo letras / del corazón secretan mis propios alimentos / escribiendo montañas de libros / como Reyes y Borges / contemplo intrépido / la voz tan dulce y el paladar / con la suavidad del aceite de abejas / soy la flor del sol, como columna de humo / baja la sombra de viajera nube.

Son los días y yo en estado de sitio / enterrado en días muertos / parapetado y esquivo de flachazos / ¡lo que rechazo es la prostitución! / Que me coja el penitente sol / y me libere en luz / como foco blondo / al infierno los pasajes se regalan / ¡quien se atreve a maldecirme! / ¿Quién piensa que lo que yo hago está bien? / No saben lo que dicen / yo he puesto la locura en un altar / he llamado a estos sitios tibios / a las bestias impensables / para que gobiernen el caos. / ¡Debería dilapidar este cuerpo decadente! / No soy digno de que me vean / antes había proclamado mi muerte / ¡era una farsa! / Quería que me dejaran tranquilo / en placentera vida vegetativa. / Pasan los días y yo en estado de sitio / inerte / tengo los ojos hechos camaleones / mi boca de hojalata es mutis / pues podría caérseme la capa / segura de la intelectualidad.

Seguir separando la locura y ponerla en un altar / y quitarle el corsé, desnuda / la razón era la gran jefa / nos ha abandonado, invisible / baila y canta la locura / cuando no está el gato. / Así pasan los días / desvestidos y fúnebres / me ovillo en su ombligo / voy a florecer pegado a esa arquitectura / tengo los ojos hechos cama con leones / los días muertos son muertos mellizos / tal columna con paisaje / geométrico y plácido. / La vida es una lupa atisbadora / fui el objeto bajo la diáfana / cuenta me di de que el prototipo / era menos sospechoso de lanzar injurias / la gran jefa puede que sea hipócrita / pero no idiota / ¡Escúchame bien, locura! / Te llevaré al mar para que me conozcas / cual pescador / cual turista tostado / cual filósofo sin armadura.

¡Ea! Pescador, te llevaré al mar para que me conozcas / que me coja el penitente sol / el cobre es cachondamente erótico / como costeña voluptuosa / desfilo en el entablado en días fúnebres / ¡Bájenme y desmembren esta locura! / sitiada en la cabeza igual que yo / enterrado y parapetado / los días y yo en estado de sitio. / Frente a la total oscuridad / ellos se quedan / mis fantasmas-temores / es un silencio redondo: violeta-verde / los perros dan vida a la noche / no pesco ninguna imagen / dentro de la cabeza sigue rumiando / se aplaca serenamente / los espejos en la oscuridad / no sirven a mis tremebundos ojos. / Dime diosito que cara he puesto... / ¿Para qué fisonomías en la oscuridad? / Insondable sólo se mueve dentro / “No veas tu rostro, solo tócalo, te reconocerás hombre, / la entidad misteriosamente existente” / ¿Así cómo estoy yo / así es la muerte?

La cabeza no siempre es útil / si se trata de ir a la interioridad / dejarlo todo quieto: viable / pues somos mentes débiles e inquietas / queremos ocultarnos que somos poca cosa / tenemos mente bizarra y bárbara / las estructuras de creación puestas / desde hace tiempo, yo, tú; Tócalas / también cuenta la circunstancia. / Al cerebro hay que enseñarle a trabajar / soy pequeño e indefenso / no hay conciencia más arropadora / que la conciencia ejercitada y limpia / soy: el hombre ante las demás cosas / soy: El hombre y su mundo / tengo mi interpretación de la vida / ¿Alguien me puede decir que es mentira?

Mi vida es un estornudo / es travesía como una travesura / es el juego de jugadas infinitas / percibí las razones de existencia / las usé y me morí / mis éxitos sólo son obscuridades / la vanidad se agiganta en ellas. /  La existencia es en comunión / si la sociedad no existe, estoy muerto. / La poesía es la experta nadadora / en la acuosa existencia. / El hombre no escapará de su Ontología / ¿podrás limpiar mi genética del caos? / Allí quedo atrapado / el hombre sitiado en sus propias carátulas / minúsculas / la grandeza del hombre está en hacerse / cada vez más pequeño / comprenderse como un hombre encerrado, sitiado / yo estaré muerto pero tú estarás allí / viendo crecer el presente / tratando de escapar de un sitio / el hombre es tierra.

Se funda lo negro a lado oscuro / la opacidad flirteante me muestra / su calzón nuboso / que más da / los simpáticos grillos dan vida / a la noche, su música llena los oídos / con los bostezos se me abre la boca / en “o” a cada rato / mi cama es pluma y papel. ¡Atiende! / Pluma, como si te importara / ponte atenta; ambas / unifíquense, atraviesen el cuerpo. / Sueña mía ¡desnúdate! / Y como premio te doy    (un orgasmo) lo mejor de mis vivencias / sueña mía ¡desnúdate! / Te bajaré las bragas / ¿son de avergonzarse tus adanes? / La onírica me regala un hijo / ¿Porqué  será tan dadivosa?

Esto es: (“sueño de una noche de primavera”, / “sueño de calaveras” / Titania y Puck en Tlaxcala) / lo que intento al cerrar mis fanales / indagar sobre un pedazo, de mi espíritu perdido. / Dóciles las rodillas se doblan / y caigo rebotado cual tronco / en la mullida cama, comprimo / la oreja en la almohada / la respiración me aplasta el movimiento / soy pequeño e indefenso / no hay cobija más arropadora /  que los oníricos ingredientes / intento mantener los ojos abiertos / pero se desvanecen mis confusos afanes. / Tan pronto empieza el político su disertación / se me ponen las ojeras coquetamente somnolientas / lo más viable es dejarlo todo / así no sea como / una concubina divertida. / Aborto la conciencia / la desconecto  manualmente / siembro los ojos en la interioridad / ahora está zarrapastrosa / tendré cuidado, no sea que germine cizaña. / ¡Es la oportunidad! / La conciencia no se da cuenta / el momento preciso / para desmembrar el cuerpo, dejar: / que huyan traviesas las piernas / que el cráneo rebote por el flaco pasillo / que la lengua se refresque en el garrafón / que las uñas rasquen cual topo la montaña.

De ahora en adelante / mi muerte es mi compañera / viviré teniéndola presente / me impresiona la velocidad / conque cierro mis párpados / muerte que está como para tomar como almohada su silencio / ¿Así cómo estoy yo así es la muerte? / Sé que estoy durmiendo / por tanto no pasa nada / ¡Pronto! / Antes de otra cosa / busca por las calles: una mujer / arráncale la ropa / viola, ultraja; persigue otra... / que desesperación / no encuentro nada / esto sí que es una pesadilla / en serio que no soy ese / yo soy humano / ¿Porqué tengo que hacerme responsable / de mis reprimidas pesadillas? / En Tlaxcala  el horizonte es jaspeado / de casas del propósito especial / cual castillo de hojalata / repiquetea su vacío vil. / Soy el jardinero que poda tiestos y pulo el blanco mármol. / El pusilánime en su delirio suelta / la carcajada ronca y estruendosa / ilumina con fuerza su incultura / situación que me aplasta el ánimo / que más da / de su zozobra ya estoy encallecido. / Los roñosos no tendrán tiempo / de ocultar su vergüenza  / son mediocres hasta el orgasmo / dime realidad como le haces / para derrumbar con tu imagen la pose caricaturesca y artesanal. / Si no deseas no lo hagas / me interesa un aliciente / para soportar la demagogia / voy y derrumbo estructura / que es de sueños.

Tibieza en su cultura onírica / son los logros de ineptitudes personales / la enterrada cultura / cuya medida es el sitio / el monolito centelleante: / mapa mural y sideral / su didactismo fracasado / el de los fanfarrones / ¡farsantes! Su ordeña es desnutrida. / Su calvario es mi salvedad / nada ha cambiado / la masa sigue moviendo a la inercia / lo mejor que he tenido: ¡lo regalo! / A lo mal. Me lo han quitado.

¿Te enteraste de cómo ocurren las cosas? / Yo no / yo me considero parte de un “cup de dés” / caigamos avergonzados de suplicar / al demiurgo sus estrecheces / que son nuestras insuficiencias. / El sol no tarda en salir, has caminado / ve mis alpargatas / seguramente tienen polvo, / límpialas / te sentirás mejor. /Percibo escombros del gran sueño que tuve anoche.

El interruptor muevo y ojitorpe / me cachetea sinuosa la noche / constelada y mellada de frío. / Ando caminos cierro mis ojos / inminente encuentro conmigo mismo. / Lo que dura placer; dura el silencio / quedo que queda; nocturna planicie / anchurosa se yergue cual aldea / de deseos inquietos, estáticos / tengo palabras hechas cabos sueltos / como estelas floridas de esperma / las ideas-espora se procrean / de tu ambiente nutricio —el mío—. / Soy un modernísimo barco zambo / chirridos, rodando todo el tiempo / como planchada lagartija seca / se asolea lánguida, muerta. / Hecha espeluznante caricatura / la excitante ambigüedad  canta / y se reconoce en naderías / que se pegan a la cara suntuosa / ubicuidad de burbuja desolada.

Camino, mi rumbo no tiene bitácora / agolpado en los límites del desprecio / que llevan los dioses en los hombres / danza la anatomía en vereda / que es época, que es huella / historia insaciable y ronca de lo vacuo. / No presiento la fuga de lo inmediato / lo vivo, cual hierba de abril / voy como atropellado humo de cigarro / nubemente vuelo a la fermentación / de mi historia, cuerpo de caminos / flujo de bulevares ambiguos. / Somos los ciegos pero inmortales / ¿Has visto el aura que se ha perdido en las cenizas? / Encajamiento del sin sentido en las barbas / de los días patéticos y chirriantes / procreadores de turbación e indefiniciones / como el sol y su vislumbre / ilumino una sombra sin mapa. / Soledad, palabras que se apretujan / se atropellan, textura lúdica / mortífera época hacia las ideas / ¿vale una semilla con aliento, en un sofisticado basurero? / Mundo mío, hinchado de entropía / belleza abismal / que soy yo, / la otredad es mi salvedad.

Voy a acurrucar los olivados ojos / en mi tú-horizonte, el señuelo / son estas palabras desvaneciéndose. / Destripo el horizonte con la mirada / porque urbanamente no está afuera / está definitivamente adentro / mi atisbo tiene tu silueta / ¡A desvanecerme en el aire / cual monótono humo de cigarro!/                    Todo  se ha quedado quieto /  sin excitaciones en la memoria / los pasos guardados en un eco / con esa música agripada y sórdida / se me sale el oído a cachos / ¿Recordar errores es una maldición? / ¿Cómo se llama tu abismo? / Me revelo de esta mortal vertiente / vida que oxida a raudales. / ¡Apaguen la lúdica tele! / pongo a prueba las reflexiones: / lamento que se vuelve / a la muerte en cenizas.

Me declaro el gendarme del mundo / nuestra civilización exige el desperdicio / de sangre antes que el conformismo. / ¡Apaguen la  descastada tele! / Caricia que cuando maduro se  enmohece / como fruto en nave mercante. / Así, la justicia es cómplice de los crímenes de mis alpargatas. / ¿El misterio que encierra el camino / de la vida tiene que ser turbulento? / ¡Que sea únicamente misterio! / Yo me revelo de este mortal horizonte. / No estoy dispuesto a morirme como deprimido / levantaré el dedo para que me conozcas. / Por favor, esa tele ¡ya! / El énfasis se agolpa como puente / ambiguo de realidades. / ¿Quién quiere una vida de libros? / Los hombres seríamos inmortales / apaguen la desvirgadora tele. / Me declaro el gendarme del mundo / vendado a la fastuosa entropía / soy el gendarme de mi subterráneo / horizonte sutil que torna a ser aire / desconecten la energía de esa tele. / Ya no quiero caos-información-hedonismo. / Ando al espacio soldando palabras desunidas / multicolor de letras desnudas... ¡Ya no leas nada! Déjame  sólo / me declaro altanero, soberbio / la extravagancia se acomoda en las costillas / me campean, amándome.

Vuelvo a poner en consideración / mi mercado de letras / el cargamento está repleto de verbos / el espíritu es una salamandra / múltiple concesión del lenguaje / semen, quizá campo magnético / en vínculos y relámpagos / se venden al menor asomo de abismo. / Me ha salido el filón de uñas / como destiladoras vendas / mi piel de adjetivos como paños / las cosas se han transformado / en los mismos sitios, en el mismo fardo / los días hacen tronar las puertas / como las forjas rústicas; / la mercancía es un embuste / empaquetado con dádivas y moños / indica viejo su oficio, financiero / a los ojos que desmigajo acompañado, de mi historia y mi memoria. / Y aquí estoy en este paraíso sin historia / palmeándonos mutuamente entre burros / no guardo en mis bolsillos pretensiones de escritor / quiero ser un carpintero que comete errores / pues me predestino una indudable quietud de oro / que hace garabatos con su vida de nada. / Aburrámonos en este paraíso sin historia / ¡Sí! Aquí estoy, pregonando que ando de rodillas / el tamaño de mis años son humanos  / la hilada de genes no trae as bajo la manga / eso es un escándalo para el ego. / Soy un pétalo, la hojuela de maíz /  el mundo seguirá siendo anónimo de sus horizontes / ahora que te lo cuento, déjame dormir / voy a ponerme a escuchar una música  placentera / el personaje de escritor lo he dejado colgado /  y el saco de poeta, inservible, anacrónico / la computadora se ríe de mis deficiencias / la hilaridad me sacude las arrugas, en la historia / sin paraíso y el paraíso sin historia / la lentitud en su abismal: eterno retorno / solazándose en mi desnudez mental, enteca / maldición de los futuros días sin historia.

Te perdiste dentro de mi mano, / pensando que estarías / recorrí todo. / Llegué a los países famosos / donde gobiernan las luces del sueño. / Como loco raspé el camino de un beso. / Inundé tu cuerpo de masajes / hasta la aurora. Acaricié la mano, sin el olor del estruendo / buscando batalla en la epidermis. / Todo se pierde / la ciudad se acaba / en mi diestra; demasiado tiempo, ayer / y quedó helada. / Entonces supe que tú nunca estuviste / era diferente hacia tu rostro. / Subterráneo en mi extremidad. / Quedó en ruinas, / oculto, como vocal desconocida. / Fluyen y purifican las proporciones, de las noches / en tu cuerpo. / Virgen de agua / que no está. / Descansan tus piernas en mis labios / nómadas. La mansedumbre tersa / que permanece como talco. / El dedo índice me indica tu seno / lugar común / de una flor, con pistilo diamantino. / En tu frente de amor / centellea invulnerable / un hueco de tiempo y de comedia. /            Tus ojos. / Permaneciendo  por largos años / como elementos de la noche / valiosos porque no se repiten / vertiginosos a todas partes / esperando. / Que mis labios caminen / a la  selva de tu vientre. / He abierto la cortina subterránea / tragándome tu aliento / en evaporaciones místicas / en la arena de abrazos y mis ansias / descansan tus piernas en mis labios.

Cuando el invierno / cubra tu cuerpo / con almas gélidas. / Permanece hasta que te duela la cabeza / deposita la máquina en los sentidos. / Regresa a vivir girando / como el láser de un dispositivo oblicuo. / Quiero que seas vapor. / Atacar como un torpedo tu rostro / guardarlo en bolsas intencionales / con noches de amor. / Asombrado. Con un puñado de excoriaciones / muerto en las inmediaciones del campo abierto. / Y poseído por el instinto malo.

Después de servido / es posible disgustarme / durante un mes / con alcohol en la frente, en las vísceras. / Me adelanté a perseguir sonidos / con una diminuta paciencia / descolgué del armario / tu hermosura / y la planché / junto a tus senos / de crisálida naciente. / Y volví a enterrar el entrecejo / en tus pliegues. / Disimulé un carácter rudo / la suavidad del huevo / bolo de sábado nocturno. / Muerdo: / el hipo de tu vientre / con mis labios en tu ombligo / nublado / por la  sonrisa que dura / allá arriba / por donde queda tu cabellera / fresca fruta de abril / son las distancias / las que faltan / no veo nada. / La suave forma / el bazar de curvas / saciado ritual / en brazos de mariposa. / Entre tanto / cocino el firmamento de tu alcoba / con fuego.

Tu cuerpo de libertad / entre la cerca de mi instinto / de cavernícola en la sombra agria / del pasado del agua cristalina / en la ciencia. / Tuve entre mis manos: recuerdo / el eco de tu cuerpo / cuando apretaste / el ser con tus besos. / busco aquello que intima / al canto llagado: la desembocadura granate / y tu pelo me cubrió los rizos / que forma el sueño / de tu nombre santo. / En el rocío tus ojos. / Inolvidables, la medicina / dictada por Dios en el azul mar del presente. / Recuerdos, al dormir / y tú aquí / con el cuerpo de libertad. / Danzándolo / frente a mi instinto / que busca besos / de tu lechoso pezón / al compás. / La conocida: / pantalones de tierra / de café y mostaza sucia / con antigüedad y ofensas / litigios, pleito brutal, / sólo es conocida / por el suicidio amado. / Sobre el cemento / fruto de estupidez y asombro. / ¡Hay! La soga quemada en el columpio / en el pantalón amarillo / en la desnudez. Ella. / Con pantalones de tierra / con lagunas caldosas / con un auto de hule / conque llega al pueblo / que siga nadando desnuda / lo estúpido se fermenta allí / baila en el pasto, bajo techo. / La laguna en el desierto / y yo mordiéndole los pechos, / caminando.

He mezclado la ruta en la pared / como si fueran peces bordados / en una temporada de ciclones / en los turbados mares agitados. / No anuncio, no proveo, / nada. Siempre nada, / siempre raras las cosas que poseo. / Como los mármoles o las ánimas / viviendo en el extranjero /  hacia un océano peregrino; / invariablemente nada, siempre prófugo / de los ácidos del mundo. / Transformación en los fragmentos, sólo / con melancólica destreza / burbujeante y siente que se confunde / las rotas estrellas y la capucha de la risa. / Se mece el agua en un sábado glorificado / se desnuda el sostén de la presión / se destraba el pezón de la prisión. / El rinoceronte observa el árbol de piñas / se broncea al bombo del chalet. / ¡Me han encantado los rieles! / ¿Será mi taciturno sueño infantil? / La espuma se calló. El letargo adherido / trinó el pecho espumoso en el agua. / Bailaron su cuerpo tres diosas selectas / en el día consagrado al dios Tlaloc.

Sus ojos están conmigo / miradas y lo decimos todo. / ¿Por qué seguirá? / La veo, la contemplo en mi interior / sucede un caos  frenético: / grito, lloro, me golpeo, reviento / me arranco las corneas / y sigues de la mano con él. / Caminan los momentos / sin dejar de mirarme. / Lenguaje de pasión fatal / que nunca se logre el fin, / no podría aguantar. / Reventaría, si nos fundimos en uno. / Estoy leproso de esencias y perfumes / emborráchase el sentido olfativo / de olores efímeros.

Es tan difícil decírtelo / soy un ciudadano del mundo / las palabras se espantan en la boca / tratan de enterrarse en el silencio / morirse en el lento vacío / fragmentarse en el sueño. / Tú y yo somos ciudadanos del mundo / el mundo es ciudad de  sueños y silencios / de campos golosos y míticos, / odisea de voluntades múltiples. / Es tan difícil decírtelo / dirigirme hacia ti / las palabras se espantan / tratan de enterrarse en el silencio / morirse en la lánguida  vacuidad, fragmentarse en las representaciones.

Como la lluvia me calló la mella / mareas en tu vientre, esperanza / de tomar tus instintos sobre aquella / que un día, al goce tuvo crianza. / Y el verbo soplé en tu espejo / cuando el nacido lloró sal, frío / al sentirte ausente mi entrecejo / muerto a tus restos de escalofrío. / Que infante en la penumbra vaga / buscando los brazos de una madre / acongojada pena por la tarde / de un cielo, de extinguida llaga. / Indígena razón tuvo la estancia / de tu cáncer nadando por los poros / aunque faculta su gracia y escancia / doctos del mundo y con sus oros / de saber no indican su presencia. / La criatura amada con las risas / de un hombre atendiéndolo y sus prisas / del sudor por cosechar su frente / velado en hembra: modelo en mente. / Juego con tus sueños cual querías / pescar los bingos, suelos, las ganancias / y construir la casa de fuentes, arquerías / mas el rudo mal pegó a las ansias. / Enseñada a sus manos; “el cáncer” / embobado su talento, y sin placer /pregunta por la grieta privativa / de tener el maternal beso de Oliva.

Escucho tu voz entre la almohada / mi mente pellizcando el acaso / de perderte y queriéndote / husmeando el cornudo los aretes / que te di en el día de cumpleaños. / Se desgarra la paz, y mi armonía / se descuaja al sol y mis arcanos / son canas que pinta la afonía / de tu gracioso y arrabal engaño. / Ando en la ciudad, de avanzada por las  calles / licuando la vista por almacenes atados / a una presencia lánguida y suave. / Boscosamente ando en espesuras / de Sears, Saks, Liverpool y Neiman Marcus  contrayendo canosos sabores vitales /  envolviendo sus ronquidos en la garganta. / Sabihondos muros, dilatados embustes / neófitos disipadores / que golpean el temperamento ladino del deseo / malicioso color apetecible, flexivo, vacua / vidriera del show dado / a conocer las mentes inquietas / mi extravagancia se apletora / y soy mojiganga anexa, parodia con cuerpo en flujo / soy la estela ventilada en bulevares opulentos / coma patética, diamantino bulto ambulante.

Más de lo que pienso dura el minuto / la palabra: la funda del instante. / Camuflajeo el pensamiento / en la intermitencia del presente / emigra la huella, la conciencia / al destino embestido / del sinfín diluido en la gesta / colectiva, cotidiana. / Y la opulenta nave de anorexia / queda quieta en el sutil ciclo / de vida, por el  talento exiliada / cuando preludien añosos peldaños / de faenas vestibuladas en la fruta epocal de la desgracia. / Nodriza del pensar en la existencia: flor sostenida / por el inalcanzable embeleso / de enigmática aura indefinida. / ¿Tú supiste acaso que mi pecho era bordado? / En ocasiones por blancos arrullos / como indefinible espuma. / Y sin embargo brindas en la destreza / de las solitarias migajas de tu soledad. Cantó el tiempo. Lo medí con lupa / en la dirección que convenía. / Se difuminó, por la vaca de Guevara / que aún duerme, al paso del león / ¿Tú supiste acaso que mi pecho era bordado? / Con jalea real, hilos de seda, espíritu de rino. / Por que antiguas ramas proféticas se frotan / y predicen que vine a hacer espuma. / Soy. El sueño de un hombre borracho / en un torso salado / ¿Tú supiste acaso que mi pecho era bordado? / Por la razón y el balneario de pasión, / lo polifacético, lo difuminable / que tendrá eco en mi memoria oficial / y  así seré el eco de preguntas clandestinas / dignas de un felino, silueta de cachorro / o el paso del peralte no se haría / sino... a golpes de destino. / ¿Tú supiste acaso que mi pecho era bordado? / Por la regia alegría y la dulce melancolía / y así llegaba al pronóstico: pensando a gritos. / Fabricando industrialmente tus sonrisas / dualismo que me cubre en consecuencias.

Mientras mi prado permanece verde / y los últimos higos se ennegrecen / me doy un paseo entre el vaho /  de la ciudad mojada de historia. / Para probar la miel del higo, espero / sólo estiro la increpada mano / y pruebo la vid falsa, adultera / el pliegue de la ciudad en el sueño / irrumpe en el campo de embeleso / como inclusiones mínimas de historia, / en fragancias del signo, en bálsamos su insignia. / Pliegues amortiguados en los mitos. / Al atardecer la ciudad llama al cantor. /  En los cerros hay llaves de lluvia / y el cantor se da un paseo hidratado / para tejerse en el crepúsculo. / La vista es un enunciado viviente / que embruja en la claridad / y aún en la purgativa neblina / los higos se siguen madurando / en la impregnada ciudad mojada. / El Ícaro se inclina  desde la torre / avizora el mundo de cualquier lugar. / El olor de la campana se broncea; / mientras el jugoso aliento del aire / llama al aposento que es el lago del cielo. / El terraplén izquierdo, chispea / otro monte más es vestido de casas / como juguetes con antenas: / el Ícaro es aire, movimiento rasante. / Es leyenda que prepara un salto / al mundo de cualquier lugar. / El ruedo en la plaza asemeja / un barrio de plomo como foco dormido / sin embargo su cuerpo de aire de corrida /  desata el vuelo rasante. / En el aire el Ícaro lo es todo / es decir, en cualquier lugar.

Luna que regala las sombras bailarinas / en el monocorde de la  noche silenciosa / me amparo arropado en cadenciosa / faz de antiguas siluetas citadinas. / Flota ingrávida y tenaz mi frutal huella; / acecha con monólogo, espectral ventura / en opacidad sigilosa tal criatura / que añeja apresta sus cantos a capella. / Y deja en el ambiente arco iris de estela / musical despierto el cielo muy florido / de trigo ungido: diamantina tela. / Vanagloria salta, artificio corroído / los ronquidos-vituperio ella apela / la luna en solferino: su gemido. / Asueto yo  y bajo el nocturno cielo / pacen aldeas de avispas laminadas / de quedo y en silencio almidonadas / en misterio suelo soñado me consuelo. / Guardo las llagas en las sombras dadas / al jugueteo florido en fantasmales / orgías de diosas con hembras terrenales / que convidan con gusto sus almohadas. / Busco la sombra, encuentro aquellos simios / ovillados  con la cara de amargura / la penumbra procrea mi sepultura / que arrastra: obras, murmullos, sueños míos. / ¿Ésta noche fugaz será mi feliz muerte? / Donde se encaje la quietud silenciosa / y la nada presuma salir airosa / con juego de dados, divertida suerte. / Es sonámbula la noche y me persigue / con el zumbar de mosca de aire y dada / a la  mente que la piensa y la redime / de su mortal resistencia decaible / oquedad de su existencia en nada. / Pienso la noche cual saeta o  cerbatillo / que en danzas brinca y su música refresca / al huele de noche de flores de amarillo / donde me monto yo y tú caballeresca / nocturnidad es perla sol en un anillo. /  Me llegan los calores en oleadas / burbujeantes sopores estelares / desde incandescentes y solares / turbulenta ciudad en llamaradas. / Y se tornan los pisos degollados / donde resisten las llantas estresadas / dejando su historia de pisadas / numerosas en gestos tan hollados. / El día como un mural ardiente / donde plasma Dante su aventura / moldeada tarde de jocoso ambiente. / Quieto como burro en calentura / me quedo en la mirada del poniente / horizonte en llamas su costura. / Voy ante tus ojos remendándome / como libélula al agua campesina / mis ojos tus juguetes musicales / odas insaciables de tu risa. / Eres como el badajo dominguero / que golpea la campana de mi cuerpo / así es, y me destrenzo en hilos / sonoros, viajeros y soleados. Me revientan los ojos tus contornos / ceñidos de mujer embriagadora / la alegría fertilizada de ser tú / los besos que embrutecen desde lejos. / Me  acuesto a los lados de mi cama / quieta, en ella soy el ídolo. / Llega mi erótica libélula / a rociar –desnudándose- en mis poros. / Yo: el último día del mundo / me expreso en el fin de la modernidad / que gallardo se crispa en playas / golpeadas muertes y explotadas. / La indefinición crédula es un surtidor / de acueductos de historia en fiasco / como la que cuentan los sistemas  / envolventes de un zombi mercado / A veces hay en el día “D” la esperanza / pero yo soy el último día del mundo / y los murmullos industrializados / hay que acallarlos porque envuelven. / Explotó el fruto prohibido y ardiente / la tierra buscamos las dunas congeladas / la catástrofe era un clóset de espectros / coloreados con tizne de amargura. / En  la penumbra poco a poco voy llegando / ¿Porqué me esperaste si no soy bueno? / Sujétate a mi fluidez y compréndeme, / soy moldeado desde tu sombra. / Seré lo más pasajero que se pueda / pues es benigno antes de roncar / sus vanaglorias de intensas pesadillas / sensibles,  y tiernas de indiferencia. / Golpeándome con un mazo de sueños / que intermitente cobija en los días / dinámicos de historia permanente. / Tienen los muebles aire de  soñar / la eternidad me asfixia el futuro / deja que sea inseguro como un mueble. / Lo que venga será antiguo al sol. / La inmortalidad es una  hermosa caricatura / que avizora bajo el ojo metafísico / de un palimpsesto obsoleto. / ¿Los sueños de eternidad no te han matado? / Tienen los muebles aire de jugar / la eternidad es un divino juego de dados / yo como mueble gozo la estancia / respira la vida como vida / Hay en la eternidad ilimitada sequía / las bocas frescas se vuelven lajas / la gota móvil se agota / se carboniza como becerro en desierto.

Estar vivo es un arte bizarro, / es el centelleo consumido, / es mi covacha. ¡Y la vida sigue! / Inútil, hago brechas a la pujanza / ella divertida obedece a medias; / conciso, remiendo con vergüenza / los exagerados modos de existencia. / Los juglares se recrean en el show / las grandes letras del cartel / demuestran su poción de enanos / ¡A la mesa juntos frente al arte bizarro / el primero que abra la boca paga la cuenta! / ¿Estaré lejos de tu instinto / tragador del polvo de bostezos? / Me llegan los calambres como sinónimos / del centelleo consumido que penetra / por los flácidos, meses de Junio / por si acaso, me sacrifico un descanso / la pujanza me pica las costillas. / ¡Y la vida sigue! Cae y se levanta / como potro que fluye a las laderas / de humo y de ceniza furtiva. / Comprendo el clima de mis rincones / de conciencia, se estrangula sola, a cachos / la brecha que golpea los zapatos.

Los niños gritan / 7:15 muevo dedos / luz sobre el espejo roto / la bola rebota en los muros / suena el teléfono / la risotada se escabulle / borro la “s”, tiro un papel / se escucha ¡gol hermano, gol! / La luz chupada por la plancha / 7:20 mosca sobre el segundero / cinco segundos... vuela / la abuela grita / la     maqui   na      no       escribe  / se cae el cuadro / el abuelo grita / 7:30 rechina una puerta / a lavarme las manos / taconeos, gritan / la sirvienta desconecta / cenan / leche en el piso / dedos / los colores se van adormeciendo /  música lejana / es la quinceañera / dejo todo que transcurra. / Duermo.

Persiguiendo tu aire inmaculado / alcanzo tus pechos como crías, / mellizas juguetonas de borrega. / Y antes que despunte el día / iré por otras joyas: / serán tus lozanantes piernas, / veloces por amarse a la luna. / Y tus labios me son como la lupa / que agigantan todo un Universo / al ponerle mi acuciante esencia. / Al darte alcance, en la ciudad nocturna, / tus cabellos son hilos de agua / que escurren la escalinata. / Se duermen los pechos en las manos / y despierto a besos su avivado acento. / El dedo se acalambra y veo / “Qué esplendorosa eres cual cierva / y el viento tuyo pasa como hija / de un perdurable y matinal verano”. / En el insomnio, al amanecer. Bordado con amor, tu imagen da tumbos / en mi tesonera cabeza de zapote.

Estoy dispuesto a morirme en las costras / voy a roer mi cabeza / a podrirme para no reconocerme / pariré una alcurnia decadente / me soplaré, en retazos de sal / cuando la libélula en días de feria / rota, haga énfasis en el rostro. / Y ya que esté dispuesto a todo / voy a huir como un vil / la chapuza será mi política de resistencia / el clamor, me llamará para la disección / del escaparate con ojos de playa / de gaviota, de pescados de sal. / En esta emisión la risa me aconseja / ya que los bazares se llenan de ella / a morir en el show / porque una melladura se diluye en la “X” / y el cemento vestibula mis límites / de piel, de gremio, de óptica. / Mi intimidad explota en la baraja de articulaciones / como una golosina y su niño / la playa de alfiles es mi brea de barajas / soy criollo, soy inminentemente mestizo, de sal. / He de proporcionarme a Dios / en el consumo de mi fealdad y mis arrugas. / Como tantos días de ella, casi olímpicos. / El sostén se revienta en mi fealdad / donde la ruta es Dios / como el todo florido / como en resurrección de arrugas por años / y mapas faciales, el coto de mi semejanza metafísica. / Beso mi fealdad y mis arrugas /  y las consumo con el hedonismo de la unicidad / son raudales de consumo, como acueductos hinchados. / La droga de la pasión por esta ruta /  seduce hasta los intestinos /  y ellos también se arrugan y se afean / buscando la ternura  del rostro de Dios / He de proporcionarme la  textura / de la epidermis en erupción / con sótanos, melladuras, fragmentaciones / hasta llegar a la sangre / la sangre pegada al vacío. / De mi rostro, sin mi fealdad, sin mis arrugas. / Quiero el vértigo de Dios en mis arrugas / y marearme, y sentir el vacío / el aire de vidrio / y el vidrio salpicándose en púas diminutas / por mi casta fealdad... y mis arrugas. / Soy el balneario de mi fealdad / toda ella se refresca / en esta vacación lánguida y lenta / como el paraíso de la hiervas y yo en ellas / recostado / pensando en Dios / pensando en Él / pensando en mi fealdad y mis arrugas.

Me vi afectado cuando / succioné la apariencia de la disidencia / era la manera en que unos morenos / enjugaban sus lágrimas / con la mano izquierda. / ¿Acaso quisieron cambiar sus fichas por las mías? / Los he visto / cubiertos con un gran manto de política / les baña el sudor de la entropía en desacuerdo. / Se echaron a reír los circuitos integrados / se van a alterar alegremente / entre el diodo y el cátodo / ¿Y su disidencia? / Se echó a reír.

Mientras se revientan las nubes / yo me quedo aquí / en el crepúsculo / sudando mientras no trabajo / gastándome el tiempo /  sacándole plusvalía al ocio del sueño / haciendo que todo se vuelva algo y yo nada. / Es armónico en la idea de que nada me pertenece y no tiene que pertenecerme nada / por eso me quedo aquí / en el tiempo como embriaguez de vida. / Como pecado hasta el hartazgo de existencia / y esa existencia hueca porque siente nada / y quiere más, y, ese deseo es todo / y todo está en el crepúsculo / esperando que brote este yo que se queda aquí. / Sabré hacer poesía / como un accesorio en soplo estético, / un eco mustio en Occidente. / Desde hace unos días he estado frito / como muchos más cuando probaban mi edad; me convertiré en tinta frita / creada en el ardor de un final. / Yo soy el final y nadie cree en mi / en todo caso estoy frito / pero eso sí, reservado como un código / de una tinta, de una facción. / Antes que ésta inquietud / crece el pasto / cuando hablo del tiempo / absorto en él y frito en la tinta / en el final particular que se reserva / muy cerca... antes. / Encontré algunos escotes / de piel de encaje y sobre toldo con seda / y frente a él una piel recién horneada / en una playa virgen  del Pacífico. / La fragancia que se fermenta en las zonas / del punto “X”, escucha / la casa, la cúpula, el contorno / es decir, ¡todo! / Allí donde la mujer ama lo prohibido / es decir... / Que crees... / el rocío de la fragancia en mis poros / y mis poros, en el pacífico / brassiere de dos encantos / con encaje rojo...   diluido / me atraviesa la vista en ráfagas espumosas / el humo de broches y tirantes.

Cuando camino por las calles me convierto en un ojo de buey con espíritu de pradera. / Toda la sociedad es mi pastor y el cielo como un lago se yergue sobre las pestañas. / Me acurruco en la espuma del eco citadino, / y desde esa zona pronuncio, pinto el verbo / pero sólo las veces en que Dios enmudece. / Hablo clavándome como ojo de buey en los vidrios, en las púas que rechinan en nuestro ámbito autóctono y a la vez moderno. / Hablo con espíritu de pradera, de surco; / y los surcos son las calles y también las arrugas de la gente agotada en el machucón del tiempo. / Ojo de buey es mi insignia, mi ser, como el repique es a la campana y la campana al eco que rebota en los cerros blancos y la falda de la Malinche. / La burbuja soy yo, el ovalo soy yo, el ojo de buey soy yo; el horizonte son: los villorrios, la pradera citadina, / y todo esto es mi mundo. / El crepúsculo de existencia que sopla ese ojo en la espuma me enmudece, pero deja pasar imágenes. / Envejezco frente al  alma de Ocotlán / me vigila en vigilia / expiación preciosa, certera / y mi camino de ojo / se armoniza en los adoquines del castillo. / A campo traviesa se establece el encuentro de la imagen tlascalteca con Rimbaud / André Bretón, Hölderling o Nietzsche / ¿Me creyeron muerto? / ¿Te creyeron muerto? / Tú... fiesta de ojos, de palabras / de semen de imágenes reveladas / al espejo óptico de la tlaxcaltequidad. / Veo los números en la catedral / de la poesía y medité... y medité / cuando centellearon, lejanas / las noches del poeta. / Embarrado solo, en un cuerpo, mi playa / es el ronquido deseable sin el nombre / porque pesa, me consume. / Es el nombre el que se forma hierro / procrea una y otra vez la obligación / y el cuerpo nada, solo el deseo y el corazón / cachondo, plegado en el protocolo voluptuoso. / A la fama escúpela en la pasarela / que explota la imagen virtual. / Los bárbaros quieren mi cuello con un nombre / un costal con sus gatos, / un cerebro con su cráneo; / el perfil del cuerpo es el cántaro / que llena de sabia pasional la vida / que quiero entera,  polifónica y navega / por tus gremios y alfiles. / Que la letra sea mi  inminente cómplice, / terrestre y moldeado. Mi clóset / a pesar de las letras despatarradas / sigo siendo cuerpo reinventado, pero cada vez. / Más Edgar / el ghetto Edgar, el singular nombre / el monolito que seca el conflicto venal / que no soy y que quiero lentamente clamar.

Para que me sigas queriendo / he decidido comprarme una corbata Gianni Versace  / proceder como de costumbre durante tantos años / a verte con ojos de beso / a ofrecerte una sonrisa de opulencia / como la que ha lucido Michael Douglas / o Andy García y después vestirme / como en los tiempos modernos de Charles Chaplin / pero con un traje Scapino, Dockers, o Nino Cerrutti . / Escapar de todo para llegar a ti / pero sé que te conquisto comúnmente. / Te atrapo / hablándote frente a la noche, con el show de las luces de la ciudad pero... ¿Cómo amarte si tus ojos se duermen?